29 nov. 2011

Mejores cervezas del mes: Noviembre.

Ya estamos a finales de noviembre y con ello llega la sección de las mejores cervezas con las que nos hemos cruzado. La verdad que este ha sido un noviembre bastante atípico como ya veréis ya que varias de las aquí citadas poseen un porcentaje de alcohol bastante menor de lo que suele ser habitual por esta sección: una inglesa con 4.2% (hasta aquí nada raro), una danesa de 4.5% y una norteamericana con 6% (esto ya es más atípico), además de dos cervezas más entonadas, una italiana con 7.5% y una bomba yankie de 11%. En situación normal pensaría que algo raro está empezando a cambiar mis preferencias pero ver como la despensa de cervezas navideñas cada vez está más llena, es el justo contrapeso para lo anteriormente expuesto. Sin más rodeos, vamos pues con las cervezas.

En primer lugar, una de las mejores y más gratas sorpresas es sin duda la británica Marble Manchester Bitter. Antes que nada he de decir que me encantan las bitter inglesas a pesar de que muchas veces este estilo recoja elaboraciones tan dispares. En este caso la sorpresa fue mayúscula, aroma muy sugerente a lúpulo herbal y en menor medida cítrico. En boca realmente sabrosa para la poca graduación alcohólica, con un amargor pronunciado ofreciendo notas similares al aroma, siendo muy fluida y refrescante, con la carbonatación perfecta y muy bien integrada. ¡Como para tomarse un barril entero sin enterarse!

A continuación una elaboración bastante atípica para lo que había probado hasta el momento de USA. Se trata de Clown Shoes Clementine, una witbier elaborada con naranjas clementinas como ya indica el nombre. Posee un aspecto anaranjado que se ve atravesado por algunos reflejos amarillentos, así como una gruesa espuma blanca cremosa y persistente. En aroma se muestra lógicamente cítrica, con naranja y limón por doquier, especiada por el archiconocido coriandro pero un punto también que me recordó a cardamomo, y por detrás de todo esto un lúpulo fresco realmente aromático y sugerente (por lo visto se trata de la variedad Summit). En boca entra ligera y muy fresca, repleta de naranja (ahora mucho más), limón y piel de pomelo, junto a algo de confitura de naranja y muy poco de bizcocho, y más escondido un toque realmente interesante lupulado. Un pero, que fuera un tanto excesiva de carbonatación. Cuerpo medio-bajo y final astringente así como un tanto amargo. Algo sorprendente es lo fluida que entra para ser una witbier, consiguiendo que el trago no sea ni mucho menos cansino. Sorprendente y muy recomendable.

Como no hay dos sin tres, vamos con otra cerveza refrescante (ya se que estamos en otoño y acercándose el invierno pero las buenas cervezas lo son tanto con el calor como con el frío, ¿no?). En este caso la danesa Amager Faelled, una golden ale de aspecto amarillento con algunos reflejos verdosos y una turbidez baja, con una espuma blanca esponjosa y duradera y carbonatación de burbuja pequeña (apenas perceptible). En aroma se muestra cítrica, con mucho limón y manzana, y un claro deje de cerveza espontánea, así como un fondo ligeramente especiado y herbal. Suave pero atractiva. Ya en boca entra con una acidez marcada que no estridente, manzana ácida y limón así como también ciertas notas a fresa y herbales. Cuerpo ligero pero no falta de sabor. Final seco en el que se dejan entrever más las notas a cereal. Refrescante y muy bebible.

Para ir calentando esta sección vamos con algo más subidito de tono. Se trata de Panil Brune, una cerveza realmente sugerente en aspecto (la foto no hace los honores), cuyas notas tanto en nariz como más aún en boca están claramente desplazadas hacia el caramelo, la fruta madura tipo ciruela y uvas pasas, algo de regaliz y un fondo en el que destacan ligeramente unas notas tostadas. Lo mejor sin duda el maravilloso equilibrio que muestra en el trago. Ya tengo ganas de adentrarme en las otras elaboraciones de esta fábrica ubicada en el norte de la “bota” italiana.

Finalmente, terminamos con una yankie, la más contundente de esta entrada, una Southern Tier Cuvée Series 2 Oak Aged. De nuevo un maravilloso aspecto, en este caso rojizo surcado por reflejos anaranjados, y prácticamente cristalina. En nariz se muestra muy sugerente, con toffee y biscuit, nueces, caramelo, vainilla y demás notas derivadas en parte por su paso por barrica. En boca es algo alcohólica, sensación que se ve ayudada por las notas a frutos rojos. Vuelven a aparecer las notas de biscuit, caramelo y toffee en este caso acompañadas por un punto de regaliz. Final levemente dulzón aunque bien compensado. Pese a todo lo anterior y reconociendo que posee un cuerpo medio-alto y una textura ligeramente jarabeada, la característica que más me sorprende es lo bien amalgamado que se encuentra todo (carbonatación incluida), haciendo un trago contundente aunque no estridente, ideal para cortar por lo sano este frío invernal!

Y con esta copa rotunda termina este mes. Bueno, en realidad faltaría por añadir la Undead Imperial IPA ya que en nuestra humilde opinión se trata de un auténtico cervezón, pero dado que ya le dedicamos un post completo hace a penas un par de días la doy por comentada y simplemente la vuelvo a poner como apunte.

La próxima entrada de esta sección supongo que vendrá cargada de cervezas navideñas bien subiditas de tono, aunque visto lo visto, a saber que nos depara el frío diciembre…

27 nov. 2011

Undead: el lúpulo zombie.


Hace un par de semanas nos enteramos de que la micro navarra Naparbier en colaboración con Javier Aldea, de la cervecería Kitsch de Vitoria, habían creado una cerveza con mucho lúpulo (la etiqueta lo dice todo...) a la que habían bautizado como Undead. Ayer sábado tuvimos la suerte de probar una botella y hoy os quería hablar de ella.



Se trata de una Imperial IPA con una presentación realmente inmejorable, ya que además de la divertida etiqueta, se sirve en una atractiva botella de 75cl coronada con tapón de corcho. Está elaborada con 7 lúpulos distintos (Centennial, Citra, Topaz, un par de híbridos de lúpulo noble y un dry-hop de Motueka), posee 80 IBUs y 9% de alcohol. 

Una vez servida pose un aspecto muy pero que muy sugerente, de color anaranjado y reflejos amarillentos, sorprendentemente cristalina y sin un solo sedimento, con la carbonatación muy bien integrada y de burbuja muy pequeña, espuma blanca (ligeramente beige) y de persistencia media-baja. En nariz se muestra muy fragante, desplazada claramente hacía el lúpulo, mostrando mango y piña, melocotón, un punto de limón y cáscara de pomelo, resina y un punto ligeramente especiado. Verdaderamente espectacular. Ya en boca es mucho más resinosa, casi como estar mascando lúpulo, pero sin empalagar lo más mínimo. Tras esto vuelven a aparecer las notas a fruta tropical y cítricas y termina con un final seco y amargo, aunque también un tanto cálido. A pesar de tener un cuerpo medio-alto, se deja beber muy bien. Por un lado todo el lúpulo queda compensado estupendamente por una base malteada consistente. Por otro, no aparenta ni mucho menos el alcohol que tiene (quitando el citado punto cálido al final). Sin ningún tipo de dudas puedo afirmar que estamos ante una Imperial IPA realmente alucinante.
 

Así que no me queda otra que felicitar a Napar y a Javier por su gran trabajo. Ahora sólamente cabe esperar a que salgan otras elaboraciones en las que están trabajando.

22 nov. 2011

Brooklyn & Crusat S.A.

Aunque seguro que muchos habréis oído hablar de las ubicuas cervezas Brooklyn por varios blogs e incluso es más que probable que las hayáis encontrado por las tiendas que frecuentáis (realmente se han extendido como setas), quería hablar brevemente de ellas ya que la gente de Crusat tuvo el detalle de enviarme unas muestras. Desde aquí nuevamente les quiero dar las gracias.


En cuanto a la marca, anteriormente ya había tenido ocasión de probar algunas de sus cervezas y quedé bastante satisfecho por lo que tenía muchas ganas de ver que me ofrecían esta Lager, la Brown Ale y la East India Pale Ale.


Respecto a la Lager, fue con diferencia la que más me gustó de las tres, aunque sobre el papel imaginaba todo lo contrario. Atractivo aspecto anaranjado coronado por una espuma blanca y esponjosa de bajada lenta. En nariz se muestra sorprendentemente expresiva, repleta de notas a fruta tropical así como herbales, acompañadas por un fondo malteado donde las notas a bizcocho y a maltas acarameladas ofrecen en conjunto un auténtico espectáculo. Ya en boca vuelve a aparecer el lúpulo, en este caso herbal pero también resinoso. Muy fresca, amarga, realmente sabrosa y equilibrada. Lo dicho, una muy grata sorpresa.

En cuanto a la Brown, sugerente aspecto marrón con un cierto toque cobrizo, leve turbidez y espuma beige que persiste en una fina capa. En nariz se muestra comedida, suave, pero también sugerente, con notas a chocolate y en menor medida a café, acompañando un fondo de ciruelas y pasas. Ya en boca, vuelve a ofrecerse ligera, con textura ligeramente sedosa, notas a café (más pronunciadas) y notas tostadas, toffee y frutos secos. Posee un ligerísimo punto ácido así como un amargor muy comedido pero interesante. Muy equilibrada de nuevo y carbonatación excelentemente integrada. Maravilloso ejemplo de que los yankies también saben hacer cervezas ligeras y bien compensadas.

Y finalmente, la East IPA, nuevamente muy equilibrada como las tres anteriores, quizás incluso demasiado y todo en mi opinión. Y es que en aroma pese a ser realmente atractiva (cítricos, melocotón, notas herbales y ligeramente resinosas…) se mostraba un tanto comedida para lo que los yankies nos tienen acostumbrados. En boca se presenta muy amalgamada, sin ninguna nota que desafine, mucha fruta y malta de fondo sobre las que aparecen unas notas cítricas y resinosas sugerentes pero poco estridentes. Evidente aumento de amargor y cuerpo respecto a las anteriores, pero excelentemente bien compensado. En mi opinión una IPA americana más cerca de la nueva generación de IPAs británicas que de sus compatriotas californianas.

Además de las tres anteriores, Crusat nos ofrece la Brooklyn Local 1, que por suerte ya pudimos probar anteriormente junto con su hermana Local 2. De nuevo, dar las gracias y la enhorabuena a Distribuciones Crusat por apostar por estas cervezas. A ver si tenemos suerte y próximamente podemos encontrar alguna otra variedad de esta prestigiosa cervecera norteamericana.

Por cierto, para los que seáis amantes de la comida además de la cerveza, desde aquí os recomiendo un libro que conjuga ambas materias, The Brewmaster’s Table, escrito por el maestro cervecero de la Brooklyn Brewery, Garrett Oliver. Realmente puedo dar fe de que es una obra de referencia.

17 nov. 2011

Maridando en la Marina.

A pesar de no ser oriundo de la Marina Alta ni de la Baixa, he de reconocer que mi pasión por esa región en cuanto a la gastronomía es totalmente desmedida por variedad y calidad de todos sus productos, sobretodo los venidos del mar.

Pero dejando esto de lado al menos de momento, el pasado sábado fuimos a comer a Teulada, más concretamente a un Gambrinus. Sí, se que cualquiera que haya pisado este templo de devoción a la Cruzcampo probablemente no se plantee como un sitio en el que muchas veces lo más importante es si sus cañas están más frescas o si se encuentran justo en los famosos -2ºC “glaciales”, pueda aparecer por aquí. Y la razón es muy sencilla y se percibe a los pocos segundos de pisar los interiores de este local.


En las fotos adyacentes, unas cervezas que tenían expuestas en la barra, algunas de ellas auténticas rarezas como unas curiosas artesanas francesas o el botellón de Regal Christmas.


Toni y Raúl, Raúl y Toni, montaron este negocio en Teulada hará unos 5 años. Contaron con la ayuda de la cervecera sevillana para la decoración, el sistema de barriles y el resto del “paquete completo”, pero con el paso del tiempo se fueron desvinculando de esta marca. De este modo, en la actualidad, lo que empezó como una franquicia (al menos sobre el papel) se ha convertido en un restaurante que opera bajo la filosofía de sus dueños y no bajo ningún camino dictado. De hecho por sobrados merecimientos aparece en dos de las guías gastronómicas más prestigiosas que existen por estas tierras.


En la foto de arriba, unos detalles de la barra, con unos apetecibles caracoles de mar, erizos de mar y algunas exquisiteces más.

Pero dejando los premios y las medallitas a un lado, ya que cuando voy a un restaurante no es para comerme sus galardones, si hoy quiero hablar de este local es precisamente porqué es mi primera vez que estando en la península pude comer con y para la cerveza, y no lo uno o lo otro por separado. No se trataba de ningún evento aislado ni de alguna jornada especial como suele ocurrir tantas veces con esto de los maridajes con cerveza. Según el producto de temporada, Raúl, el cocinero, y el resto del equipo preparan menús de maridaje pensando en cervezas que según su opinión (ya sabéis que en esto de los maridajes cada maestrillo tiene su librillo) combinen, realcen o contrasten los platos, intentando ofrecer en conjunto un magnífico ágape.

Así que un poco curiosos (y algo temerosos también, tengo que reconocerlo) por esta primera vez, nos sentamos en la mesa a verlas venir.

Para empezar nos trajeron un salmorejo cordobés maridado con la cerveza Judas. He de deciros que hacía como mínimo 4 o 5 años que no reprobaba esta cerveza belga y quedé gratamente sorprendido con la combinación del plato y las notas especiadas y florales de la cerveza.


Seguidamente llegó uno de los platos más curiosos (al menos sobre el papel) y que difícilmente se me hubiera ocurrido maridar de ese modo. Se trataba de una base de pan de especias sobre la cual había una crema de café y encima de esto una anchoa (sí, ya se que parece una extravagancia pero para nada) maridado con una Petrus Oud Bruin. La verdad que este maridaje por contraste me dejó realmente boquiabierto. Puedo llegar a entender los quebraderos de cabeza que llevará tras de sí. ¡Chapeau!


A continuación entró en escena un plato a base de morcilla de cebolla (que los valencianos llamamos botifarra, aunque no se parece en nada a la butifarra catalana) envuelta con una hoja de col y por encima una salsa acaramelada. Para maridar optaron por una Cruzcampo Reserva que, al igual que con la Judas anterior, no recuerdo la última vez que la había probado pero de nuevo esta combinación me dejó más que gratamente satisfecho.


Después vino uno de los platos estrellas del restaurante, unos figatells de pulpo verdaderamente sublimes con salsa de soja. Los figatells originales son una especie de albóndigas aplastadas típicas de mi oriunda Safor, normalmente elaboradas con magro de cerdo e hígado y todo envuelto con tripas (se que leído a alguno le puede parecer una guarrada pero está riquísimo), pero estando en una zona donde el pulpo (más concretamente el pulpo seco) es la estrella, pues la idea es más que acertada. En cuanto al maridaje pensaron en la artesana Riu-Rau de Benissa, una Red Ale que Raúl (el cocinero) elabora en Tyris. He de reconocer que pese a gustarme y mucho cada cosa por separado, no llegué a disfrutar tanto del matrimonio de ambos como hubiera deseado, quizás por el punto marcado de lúpulo que posee esta cerveza.


Después de la maravillosa “picaeta” anterior pasamos al plato principal: un excepcional (con todas las letras) arròs a banda, otro plato típico de la zona, maridado con otra cerveza artesanal, Tyris, la weissbier elaborada en Valencia. En este caso el maridaje fue absolutamente excelente, con las notas cítricas de la cerveza acompasando cada bocado. Aquí tengo que confesar una cosa y es que en casa hemos utilizado esta cerveza en numerosas ocasiones para acompañar las paellas del domingo. Así que si dos personas coincidimos en el maridaje por algo será…


Volviendo con el ágape, con la curva de la felicidad más pronunciada de lo normal y sin saber como iba a cabernos nada más, llegaron los postres.

Primero, un helado de vainilla con vinagre de mango que optaron por maridar con Floris Mango, una combinación evidente pero realmente bien compensada, ya que el curioso vinagre funcionaba espectacularmente bien con las notas ácidas y afrutadas de la cerveza.


Y para finalizar nos sacaron una copa a base de café, chocolate y avellanas maridada con otra cerveza artesana, la valenciana Mons Stout, una cerveza que en mi humilde opinión está realmente bien conseguida. En cuanto a la combinación, como en el anterior caso, no por evidente dejaba de estar muy proporcionada y lograda.


Y sin terminárnoslo nos pusimos a charlar con Raúl, un tipo que nos cayó muy bien por sus muchas ganas de trabajar, por querer ir un paso más allá y apostar decididamente por la cerveza en un restaurante de por aquí, y sobretodo porqué nos dejó muy sorprendidos que pese a todo lo anterior fuera un tipo realmente humilde, accesible y con los pies bien firmes en el suelo. Desde aquí sin duda queremos felicitarles tanto a él como a Toni por el estupendo trato. También desearles que les vaya como mínimo igual de bien que hasta ahora. Sin duda volveremos muy pronto.

 En la foto de arriba podéis ver la puerta del local con las luces encendidas y es que se nos pasó media tarde sin darnos cuenta (señal de que uno estuvo bien a gusto…).

Aquí abajo os dejo la dirección:

GAMBRINUS TEULADA.
Av. Mediterráneo, 80 (aquí el enlace a Google maps).
Teulada.
Tlf: 965 741 112.

14 nov. 2011

Brasserie des Vignes.


Para este mes de noviembre he pensado en meter en la sección de Etiquetas de Cerveza una cervecera situada menos lejos de lo que suele ser habitual. De hecho, la Brasserie des Vignes se encuentra en Graulhet, una pequeña población de la región de Midi-Pyrénées, al sur de Francia.


La fábrica se fundo allá por 2005. En su blog, creado allá por febrero de 2011, cuentan algunas anécdotas relacionadas con sus inicios y sus cervezas, aunque he de reconocer que se echa en falta más información sobre como están hechas o en qué consisten sus elaboraciones.

Abajo tenéis las diferentes etiquetas, que a diferencia de lo que también suele ser habitual en estas entradas, son mucho menos numerosas.

- La Clandestine. 6,5%. El nombre va en honor a los comienzos que tuvo la fábrica en Toulousse, allá por el año 1997.


Arriba la primera etiqueta de 1997, como comprobaréis más abajo, bastante alejada de la estética que siguen actualmente. Debajo de estas líneas, la actual.


- La Libertine. 5%. Elaborada con 3 lúpulos (Galena, Nugget y Cascade) aunque estos varían de año a año.


- Delinquante. 7%.


- Calabrune (crepúsculo en occitano). 8,5%. Elaborada con cardamomo y regaliz.


- Tout o Black. 9%.


- Bulles de Vignes / BdV. 6,5%. Gueuze que sale en otoño. Envejecida en barrica de roble y sale únicamente cada dos años.


Y esto es todo. Lo único que me queda por decir es que el autor de las etiquetas se llama Serge Fiedos, un ilustrador francés. Aquí os dejo su web.

10 nov. 2011

Heineken Edición Limitada 2012.


El otro día me topé con este pack de 4 botellas monoblock.


Se trata de unas botellas de tamaño bastante peculiar en comparación con las habituales monoblocks, ni más ni menos que de 47,3 cl.

Para el diseño de las mismas, esta conocida cervecera holandesa ha tomado algunas de las etiquetas que han lucido sus botellas hasta la actualidad. De izquierda a derecha, la  original de 1873, la de 1933 que conmemora la llegada como el primer importador a las costas de América, la actual (aunque pone 2012) y finalmente una en blanco en la que supuestamente aparecerá el diseño de quien gane el concurso que está teniendo lugar en Facebook.


Sea como sea, la verdad es que las macros han encontrado un buen filón en los coleccionistas con diferentes ediciones especiales pero aquellos que nos desvivimos ante todas estas joyas metálicas no podemos sino agradecer que sigan saliendo más y más.

7 nov. 2011

Conejo con ciruelas a la Chimay Roja.

Estos días que el frío ha empezado a apretar bastante nos lanzamos con un plato algo más contundente (no me negaréis que no empiezan a apetecer...). Se trata de otra receta sencilla, ya que salvando el hecho de que necesitamos haber preparado caldo de pollo con anterioridad, a penas requiere elaboración y todos los ingredientes se pueden conseguir en cualquier mercado o híper.

Como en muchas de las recetas de esta sección los ingredientes están puestos para 2 personas (es lo que tiene la vida en pareja…) pero simplemente haciendo los correspondientes cálculos debería funcionar igual de bien para 4 o más personas.

Ingredientes (para 2 personas).


- 1 conejo de 1,250 Kg.
- 300 g. ciruelas pasas.
- 50 g. de mantequilla.
- 50 g. de panceta curada.
- 3 cebollas medianas
- 250 ml. caldo de pollo (preparado previamente).
- Harina.
- Tomillo, pebrella y romero.
- Hojas de laurel.
- 1 botella Chimay roja (33cl).
- Vinagre de vino blanco.
- Azúcar moreno.
- Sal y pimienta.

Elaboración.

- Primero cortamos la panceta en trozos pequeños y picamos la cebolla.
- Por otra parte ponemos a calentar la mantequilla en una olla (preferiblemente de barro) a fuego medio y cuando empiece a derretirse añadimos la panceta y la cebolla. Removemos bien y dejamos pochar unos minutos.
- Enharinamos ligeramente los trozos de conejo y los añadimos a la olla. Dejamos que se hagan durante unos minutos.
- A continuación añadimos una cucharada de vinagre y removemos para luego añadir la cerveza, la cucharada de azúcar moreno y el caldo de pollo. Mezclamos todo bien y añadimos las hierbas aromáticas al gusto, unas 3 hojas de laurel, sal y pimienta.
- Dejamos cocer durante una hora y media a fuego lento, sin olvidarnos de añadir las ciruelas 20 minutos antes de finalizar la cocción.
- Por último corregimos de sal y acompañamos con puré, patatas al horno, verduras pochadas o lo que a cada uno le apetezca. En nuestro caso optamos por unas patatas asadas al horno con un poco de aceite y romero.

 

Un detalle a tener en cuenta es que si podéis esperar al día siguiente la receta estará mucho mejor si cabe. Se que no es fácil resistirse pero palabra que merece la pena...

En cuanto al maridaje, cualquier cerveza tostada, un poco afrutada y dulzona, con suficiente cuerpo y alcohol funcionaría estupendamente. En nuestro caso optamos por una quadrupel pero sobre el papel cualquier dubbel, dunkelweizen, weizendoppelbock o incluso alguna porter subida de alcohol, entre otras, podrían funcionar igualmente bien.

Para cambiar un poco y no recurrir a las belgas de abadía (de las que soy un fan acérrimo), nos decantamos por una cerveza americana de inspiración belga, la Pretty Things Baby Tree. Escribiendo este post me acabo de enterar que en su elaboración se añaden 40 libras de ciruelas secas con lo que el maridaje es más redundante si cabe. Se trata de una cerveza sorprendentemente equilibrada, con el alcohol (9%) muy bien compensado, mucha fruta (ciruelas, pasas…), una textura cremosa muy conseguida y una entrada realmente fácil. Una muy grata sorpresa.

Y eso es todo… Bueno, como siempre, alentaros a que os lancéis con la receta y… ¡Bon appétit!

4 nov. 2011

Relaciones friki-cerveceras…

Hace poco, hurgando por la red me topé con un blog cervecero escrito por dos tipos que viven en el sur de California, Thefullpint. En su interior encontré una sección, Trouble Brewing, que me llamó mucho la atención. En ella, Arne Frantzell, un dibujante, publica todos los jueves una tira cómica en la que toca los más diversos temas, siempre relacionados con las craft beer estadounidenses, apareciendo los más diversos maestros cerveceros, bares, y mucho frikismo… Pero es que además, algunas de esas tiras cómicas nos muestran algunos detalles de la vida diaria de una pareja cuya parte masculina está más bien obsesionada con la cerveza. Así que con su permiso, aquí os dejo una muestra y a ver si más de uno se siente identificado… Ah, y sobra decir que todos los derechos están reservados.

Aunque se entiende bastante bien, para los que no controlen demasiado de la lengua de Shakespeare, debajo os dejo una traducción.


1.
Mujer - Mi primera factura de la matrícula ya ha llegado. Voy a usar nuestra cuenta bancaria conjunta.
Marido - Alto, alto, alto…
2.
Marido - ¿Te crees que soy rico?

-----------

1.
Marido - Estoy enojado. Mi esposa dice que gasto mucho dinero en cerveza.
Amigo - Tienes que hacer las paces con ella.
2.
Marido dirigiéndose a su mujer – ¡¡¡Nos vamos al GABF!!!
*GABF son las siglas del Great American Beer Festival.
-------------

1.
Marido - ¿Te apetece ir de camping?
Mujer - ¡Me encantaría! ¿Yellowstone? ¿Yosemite?
2.
Dentro de la tienda de campaña, frente a las puertas de la fábrica AleSmith
Mujer - Debería haberlo supuesto.
Marido - ¿Quieres ir a ver ballenas?
------------

1.
Mujer - Quiero un bebé.
Marido - Yo también.
Mujer - ¿En serio?
2.
Marido - Sí, quiero envejecer una Imperial Stout durante 21 años.
3.
Mujer - No es por eso que quiero un bebé...
Marido - Oh…
4.
Marido - ¿Y qué tal una Lambic?
-----
Desde aquí quiero felicitar tanto al dibujante como a los demás integrantes del blog. Si queréis más aquí tenéis el blog http://thefullpint.com aunque en breve publicaré alguna otra tira más.

1 nov. 2011

Pumpkin ale: maridando la historia con buñuelos.

Aunque este otoño ha tardado en arrancar, uno de sus mejores productos, la calabaza, ya lleva en nuestros mercados desde principios de octubre. Y es que las calabazas de invierno se encuentran en plena temporada desde octubre hasta finales de noviembre. Así que aprovechando esta eventualidad he pensado en conjuntar de dos de mis pasiones, la cocina y la cerveza, en un mismo post.

En cuanto a cerveza, ésta también es la estación en que aparecen a patadas, al menos en USA, las Pumpkin Ale (pumpkin = calabaza).

 Foto sacada de aquí.

En la actualidad, éstas cervezas, tal y como las conocemos, parecen tener su origen allá por los años 80’, coincidiendo con la aparición y auge de las nuevas microcerveceras norteamericanas. Antes de esa “revolución” el uso de la calabaza en la cerveza respondía a una razón más bien simple. La calabaza es un producto oriundo de América (a Europa no llegó antes del s.XV-XVI) por lo que los nativos de allí solían disponer de ella sin problemas. Así que en un contexto en el que la malta de cereal era un bien escaso y caro, la calabaza, del mismo modo que la chirivía, la melaza, el maíz o un largo etcétera de productos, era usada como fuente de azúcar fermentable para las levaduras. Con el tiempo, y tan pronto como se empezó a disponer de malta de calidad en las colonias norteamericanas allá por el s. XIX, la calabaza y otros adjuntos rápidamente empezaron a caer en desuso.

Como decía, las nuevas pumpkin ale empezaron a retomar fuerza con la ola de micros y de hecho se puede ver una tendencia paralela entre el aumento y consumo de las pumpkin ale y el crecimiento en número de micros en territorio norteamericano. En la actualidad, cuando por esta época salen al mercado más de 300 pumpkin ales, es rara la microcervecera que no elabore su propia versión con la llegada del otoño.


Arriba, la Buffalo Bill Pumpkin Ale, una cerveza que según sus elaboradores se inspiró en una receta de George Washington, y según muchos es considerado uno de los mejores ejemplos del estilo.

Éste estilo de cervezas (si es que se puede categorizar como tal) es verdaderamente muy heterogéneo. Podemos encontrar ejemplares que van desde los 4% de alcohol hasta algunos que superan los 10% (Avery Rumpkin, concretamente, alcanza los 13,8%). Algunas se elaboran sin añadir calabaza, y únicamente poseen las especias típicas del pastel de calabaza, como son la nuez moscada, la canela, el clavo o incluso la pimienta. Pero otras cerveceras si añaden calabaza, como son por ejemplo Brooklyn o Dogfish Head. Tanto las unas como las otras comparten el sabor tan característico y especiado, unas más ligeras y otras rebosantes de notas a calabaza asada, llegando en algunos casos a ser bastante empalagosas. Finalmente existen algunas más especiales a las que se les da un paso por barrica que en anterioridad contuvo algún destilado, como por ejemplo ron.

Y para finalizar, como decía al principio, en este post también iba a tocar el tema de la comida y así de paso retomo la sección de El Lúpulo Cocinero que últimamente está algo descuidada. Habíamos pensado en una evidente aunque interesante opción de maridaje. Al menos por Valencia, cuando llega ésta época, un clásico son los buñuelos de calabaza, una receta clásica que por desgracia, y no me preguntéis el porqué, cada vez más está cayendo en desuso a favor de los insulsos buñuelos de viento. Así que desde aquí aprovecho para romper una lanza a favor de este delicioso postre. Abajo os dejo esta sencilla receta (made in la abuela de Rosana) y espero que alguien se anime a hacerla.

Ingredientes.
- 500 g. de harina.
- Media calabaza cocida o asada (en nuestro caso optamos por esta segunda opción por aquello del sabor más intenso).
- 50 g. de levadura de panadero (en nuestro caso, comprada directamente del horno).
- Agua tibia.
- 1,5 L o más de aceite (dependiendo de dónde vayamos a freír).

Elaboración.
- En primer lugar horneamos la calabaza (45’-1h). Después, y una vez fría, sacamos la pulpa y la trituramos haciendo una especie de pasta fina (retirando la parte filosa que encontremos). Dejamos a parte hasta dentro de un buen rato.
- Por otra parte, con las manos, deshacemos bien  la levadura junto con la harina. Lo mezclamos intentando que no se formen grumos.
- Añadimos un poco de agua tibia a la mezcla de harina y levadura. Vamos añadiendo más según nos pida la masa, hasta formar una pasta blanda, cremosa, consistente eso sí, pero no seca.
- Espolvoreamos con un poco de harina por encima (para que no se nos pegue más tarde a las manos) y cubrimos con un paño. Dejamos reposar durante una hora más o menos.
- Una vez la masa ya ha subido (más o menos al doble del tamaño) añadimos la calabaza y lo mezclamos muy bien hasta obtener una pasta homogénea.
- Dejamos reposar unos 10 minutos y mientras ponemos a calentar el aceite.
- Y ahora viene la parte más complicada, que es formar los buñuelos con el agujero en el medio. El truco consiste en tomar un puñado de masa con una mano y hacer salir (apretando el puño) una bolita de masa entre el dedo pulgar y el indice. Con la otra mano recogemos rápido la bolita y, haciendo un agujero, dejamos caer en el aceite caliente. Esto es cuestión de práctica ya que lo más fácil es que al principio os salgan más bien unas boñigas más que unos buñuelos propiamente dichos, pero con paciencia todo llega… Ah, y entre buñuelo y buñuelo conviene mojarse la mano con agua tibia porque sino la masa se pega a las manos y es más difícil formarlos.
- En la sartén, dejamos freír hasta que se doren (cuando tomen un color dorado-marrón), les damos la vuelta y los sacamos sobre un plato con papel absorbente.
- Finalmente espolvoreamos con azúcar y… ¡Bon profit!


En cuanto al maridaje, acompañamos los buñuelos con una Southern Tier Pumking que conseguimos hace ya unos meses. Pensábamos que la fritura podría estropear la cerveza o que el sabor de ésta sería demasiado fuerte, dulce o especiada para los buñuelos, pero he de reconocer que precisamente las notas especiadas y afrutadas de la cerveza combinaban espectacularmente bien con los buñuelos. La cerveza entraba muy fácil, el alcohol estaba perfectamente disimulado (pese a tener 9%), y al contrario de lo que imaginábamos, no era nada empalagosa.


Y esto es todo. Espero que alguien se anime con la receta y, en cuanto a las cervezas, a ver si para el año que viene podemos conseguir por nuestras tiendas una mayor variedad de éstas curiosas e interesantes pumpkin ale.