28 feb. 2013

Mejores cervezas del mes: Febrero’13.



Hoy damos por cerrado un febrero en el que a nivel personal hemos rebasado, por cantidad y por calidad, con mucho lo que esperaba de un mes habitualmente tranquilito. Por un lado la escapada por Madrid, y por otro dos quedadas, una express con el amigo Txema y otra más dilatada con los amigos de Biirkonnen así como con el ultramaratoniano (también en lo cervecero) Jose María, nos han obligado a hacer grandes esfuerzos para meter tantas cervezas en una sección que suele ostentar cuatro o cinco referencias como mucho. Pero sin duda alguna todas y cada una de las que salen merecen sobradamente un aplauso por la maestría de quienes están detrás.


Dos de las más gratas sorpresas de este febrero sin duda alguna son las últimas creaciones de la navarra Naparbier: SAI y Pumpkin Tzar. La primera, cuyo nombre significa buitre en euskera, es una saison hecha con cáscara de naranja, limón y lima, rematado con un Dry-Hopping de lúpulo Citra. Algo que sobre el papel podría llegar a ser un batiburrillo un tanto atrevido pero que la levadura francesa que han utilizado redondea maravillosamente aportando ese toque terroso y tan característico de las saison a un conjunto en el que lógicamente destacan las notas cítricas a limón, pomelo, naranja, además de pan y una deliciosa textura sedosa. Una cerveza maravillosamente refrescante y bien ejecutada sin un solo pero… bueno, que se acabe ;).



Si la SAI es un maravilloso ejercicio de equilibrio la Pumpkin Tzar lo es aún más, por difícil que parezca. Saber de antemano que estamos ante una imperial stout elaborada con calabaza asada, chiles habaneros y un paso por barrica puede asustar a más de uno. Pero sabiendo que es un homenaje a tres grandes tipos como Manolo (Freiburg), Sven (Drunk Monk) y Robert Merryman (Shelton Bros.) da para pensar que no puede salir cualquier cosa de ahí dentro. De hecho, y cómo decía, lo mejor de esta cerveza es que ni la calabaza empalaga ni cansa como sería de suponer, la madera redondea a todo un conjunto en el que destacan las notas torrefactas, el chocolate y notas ligeramente ahumadas, y el chile da el punto de gracia final sin molestar pero sin el cual no se entendería todo lo demás. En mi opinión se trata de una de esas cervezas que marcan un antes y un después ya no solo en esta cervecería, sino a nivel de todo el panorama microcervecero local. Enhorabuena Napar, os habéis salido.



Tras estas dos joyas la verdad es que es complicado comentar una cerveza que no salga excesivamente maltrecha por las comparaciones. Pero si hay un seguro de vida ese es Bélgica y concretamente ésta elaboración, un detalle de Jota y Aine de Biirkonnen traído directamente desde Amberes y que nos enamoró a todos perdidamente. Hablo de la Duvel Tripel Hop 2012, una cerveza que se elabora siempre con la misma base de lúpulos Saaz, Styrian Golding y Amarillo, y a ésta base se le añade un lúpulo distinto cada año, siendo esta vez Citra. Cómo si a ese auténtico referente dorado que es la Duvel, le añadiésemos un sinfín de notas de lúpulo verdaderamente fresco, herbal y cítrico, y algo resinoso también. De esas copas que te puedes tirar 2 horas oliéndola antes de dar el primer trago. Un 10. Por cierto, absolutamente nada que ver con su hermana pequeña de 33cl.



En la misma velada que la anterior pero tras disfrutar de una carbonade flamenca, detalle también de los cocinillas Biirkonnen, probamos varias candidatas al podio, pero si hay alguna que por curiosa al tiempo que por maestría lo merece, esa es la Toccalmatto Gran Cru. Su etiqueta da bastantes pistas de lo que puede llegar a dar de sí, pero unos servidores la tomaron sin prestarle demasiada atención. Cual fue la sorpresa de toda la mesa cuando tras un primer golpe en el que destacaban las notas provenientes de la levadura (ésteres afrutados, pan, bollería…) nos llegó un toque a fresa, y más concretamente a yogur de fresa, que ya no abandonaría el paladar hasta terminar con la botella… Si la etiqueta no nos engaña, conseguir que una cerveza sin nada de fruta añadida y ningún fermento láctico lo muestre tan claramente, sin duda se merece toda mi admiración.



Además de las cuatro anteriores, cómo ya os contamos, Madrid dio mucho de sí, y allí pudimos probar algunas cervezas que aunque ya las citamos merecen su butaca de honor aunque sea de una forma más concisa por tratarse de auténticos cervezones.

- La Pirata Black Block - Un petróleo de los buenos, rebosante de chocolate amargo y textura sedosa. De esas cervezas que apetece tomar pausadamente para disfrutar de todos sus matices, razón por la cual no dudé (al igual que la siguiente) en comprar otra botella para tomar en casa. Otro ejemplo, junto con Napar, Dougall’s y algunas más, de que estamos empezando a hacer muy buenas cervezas en el panorama local.


- Dougall’s Haití - Una rica stout, cremosa, torrefacta y un punto dulce, pero equilibrada como todas sus demás elaboraciones.

- LoverBeer Madamin (barril) y Alvinne Undressed Monbazillac. Se trata de dos maravillosas revelaciones ácidas de menos de 6 y 7 grados de alcohol respectivamente. Si no te gustan las sour ales, oud bruins, espontáneas o cómo quieras llamarlas (de todo menos “vinagres”, por favor…), más vale que te vayas haciendo a ellas porqué no sabes todas las joyas que te estás perdiendo.

- The Bruery White Oak – Una barleywine resultado de un blend 50:50 entre cerveza con y sin añejar en barrica de bourbon. Carácter muy marcado por el paso por madera, textura sedosa, calidez importante, acaramelada, confituras… Una de esas cervezas para tomar a sorbos minúsculos y paladearla infinitamente.


- Toccalmatto Italian Strong Ale - Otra barley wine envejecida, en este caso en barrica de roble que en su día contuvo Grappa (un aguardiente de uva). Mucha fruta madura, confituras, pasas, caramelo, calidez… lo esperable en una cerveza del estilo pero redondeado magistralmente.

- Gouden Arend 125 Anniversary – Esta deliciosa triple gana muchos enteros para convertirse en una de mis cervezas belgas del año. Fue la penúltima de una tarde-noche-madrugada intensísima y aún así pudo hacer frente a todo lo anterior llevándonos a extremos de placer casi infinitos.

- Beer Here Kremlin Crude – Ya he mencionado un par de “petróleos” más arriba, pero esta barbaridad torrefacta incorpora magistralmente el ahumado entre sus elementos, consiguiendo un trago casi místico. Lo peor, que no me llevé una botella a casa.


Y esto es todo, que no es poco: 12 cervezas, entre las cuales cuatro artesanas locales (esto es noticia), tres italianas, tres belgas, una estadounidense y una danesa. A falta de algunos países más clásicos, hemos dado un buen repaso a la geografía cervecera. Veremos qué nos depara el marzo, pero seguro que el BBF tendrá mucho que decir.

25 feb. 2013

Three Barrel Brewing.



Este mes el post de las etiquetas de cerveza va dedicado a Three Barrel Brewing, una microcervecera estadounidense fundada en 2005 en una pequeñísima población llamada Del Norte, en medio del Valle de San Luís, en el corazón de Colorado.



Sabiendo que me gusta mucho el mundo de las ilustraciones, los cómics y demás, a continuación entenderéis muy fácilmente por qué he elegido esta cervecería. En cuanto a la información de cada cerveza, y más concretamente datos como el alcohol, desgraciadamente no aparecen ni en la web ni en la etiqueta.

Year-round.

- Trashy Blonde - Blonde Ale.



- Bad Phil - Pale Ale.



- Hop Trash – IPA.



- Pemba Sherpa - Saison Ale.



- Burnt Toast - Brown Ale.



- Black Copter – Stout.



Seasonals.

- Chill Session - Amber Ale.



- Goofy Foot - Extra Special Bitter.



- Freeze Cat - Winter Lager.



- Pumpelstiltskin - Pumpkin Saison.



- Black Yak - Black Lager.



- Skeleto - Smoked Porter.




Specialty Sours.

Aunque todas están embotelladas con la misma etiqueta, la de la Penitente que tenéis a continuación, existen hasta 6 cervezas distintas dentro de la serie “Specialty Sours”: Penitente, Chimayo, Genizaro, Morado, Hermano y Saliente, diferenciándose además de por el contenido, por llevar escrito el nombre en color blanco sobre el propio vidrio de la botella.




Espero que os hayan gustado y a ver si tanto coleccionistas cómo cerveceros en general podemos disfrutar de estas cervezas muy pronto por aquí, lo cual me temo que será bastante complicado por la corta producción de la cervecera.

21 feb. 2013

Intenso fin de semana por Madrid (2/2).



Tras un viernes pletórico en todos los sentidos llegó la hora de levantarse el sábado… Cómo bien habréis intuido, con unas ganas de beber cerveza más bien nulas. Pero ya se sabe que no hay mejor remedio para la resaca que seguir bebiendo (si lee esto alguien de Alcohólicos Anónimos me declaran persona non grata de por vida…) así que aún con bastantes dudas, a ello nos dispusimos.

Si hacéis un poco de memoria, se nos había quedado pendiente La Tape por cuestiones técnicas. Así que llegó la hora de disfrutar del que a raíz de dicha visita se ha convertido en nuestra opinión en una de las dos referencias cervecero-gastronómicas de Madrid junto con el Animal.


El local, con una agradable iluminación natural proveniente de sus grandes cristaleras, es de esos sitios que transmiten buen rollo y no sabes bien el porqué. De estética moderna, pintado en tonos blancos y verdes muy suaves, algo de madera, ladrillo… muy agradable y que incitaba a sentarse pero no a marchar. Con un poco de suerte pudimos pillar mesa (el local estaba abarrotado) y tras pedir de comer nos decidimos por acompañar la manduca con la opción del Tasting de 4 cervezas de 20cl, todas de barril, por 10€. Una buena opción para probar los barriles a buen precio. En cuanto a referencias en botella, aún habiendo cosas muy interesantes, mejor centrarse en las delicias de barril.

 Los barriles disponibles aquel fin de semana.

Con el cuerpo aún un poco quejoso llegó el primer plato: una burrata di Andria (un queso de vaca fresco similar a una mozzarella por fuera pero cremoso por dentro, realmente delicioso) acompañado con una Loverbeer Madamin. La cerveza, una sour ale de precioso color rojizo que ya os adelanto que se va para las mejores cervezas del mes, acompañada del queso, nos devolvieron a la vida en un solo bocado. El festín siguió con un humus bastante conseguido y una dupla “estupenda” para cuando el estómago está en horas bajas: unos callos (había que probarlos…) y unas croquetas de boletus (muy buenas), todo acompañado por un seguro de vida cómo es Nøgne, y más concretamente, su rica Imperial Brown Ale.


Arriba la burrata con la Loverbeer. Abajo las croquetas y los callos con la Nøgne.



Con los callos aún en la mesa nos llegó la tercera cerveza, una Domus Aurea, la cual tengo que reconocer que la vimos muy venida a menos respecto a anteriores veces. Quizás fuera por estar tirada en hand-pump (no me convenció demasiado este mecanismo para esta cerveza) pero la vimos mucho más plana en comparación con la bestia de lúpulo que era antaño. Tras esta, cerramos la velada (os recuerdo, en horas bajas…) con una imperial stout, la Left Hand Wake Up Dead, riquísima, muy fácil de tomar para el estilo, y que acompañó maravillosamente bien a una tarta casera de melocotón (la repostería de este local es la estrella). Una auténtica comilona que desde aquí recomendaría a todo aquel que se acerque por Madrid y preste atención al buen manducar además de a levantar el codo con buena birra.

 No será el mejor maridaje, pero no hay duda que cada cual por su lado estaba alucinante.


Y como quien no quiere la cosa, y cómo si el ayer no existiera, tras una reparadora siestecilla nos fuimos hacia el Labirratorium, dónde nos esperaba Juan (JAB  en el mundillo blogger), otra de las personas con las que habíamos intercambiado algo más que impresiones por la red y que teníamos muchísimas ganas de conocer.


Entre cervecitas, buena conversación, un poco de queso (alucinante el queso de cabra cuyo nombre no recuerdo acompañado con mermelada Yria), y todo ello frente a un pequeño calentador (no lo había dicho aún pero el frío de esos dos días por Madrid fue de armas tomar, y no sólo para dos valencianos acostumbrados a termómetros altos…). Un muy buen rato hablando de todo un poco con los tres artífices de este proyecto que aún siendo muy joven apunta muy, muy alto… Sus estanterías rebosan calidad, un número de referencias que para haber empezado hace muy poco no tiene nada que envidiar a otras tiendas con más recorrido. Todas y cada una de las cervezas pensadas y elegidas a consciencia: clásicos belgas y alemanes, un nutrido surtido de británicas, nórdicas y bastantes estadounidenses, así como unas tentadoras baldas con unas Baladin recién llegadas (algunas de las cuales con paso por tentadora barrica), entre otras, eran las referencias. Chicos, ya sabéis lo que dicen los italianos: “piano, piano se va lontano”… Mi más sincera enhorabuena por el ilusionante proyecto.


Arriba, los 3 artífices: David, Álvaro y Juan. Abajo, un rincón alucinante



Pero se hizo la hora de empezar a calentar barras y a ello nos dispusimos JAB y los dos Lúpulos con un objetivo: la zona Bilbao, y cómo primera parada el viejo Oldenburg (del nuevo ya os hablé en el anterior post). Este local era muy pequeñito, rebosante de breweriana, luces y placas de anuncio, centenares de botellas… ofreciendo un ambiente muy acogedor (quizás en hora punta y/o con temperaturas más calidas puede llegar a ser una olla a presión). Las cervezas elegidas, un triplete de la belga Boon en botella:  Kriek (2010), Oude Gueuze a l’ancienne (2007-2008) y Mariage Parfait, siendo la primera y la última las que más gozo nos dieron.


Arriba, los interiores, sin un centímetro libre de breweriana. Abajo, el atractivo triplete espontáneo.



Con el ritmo mucho más pausado que el día anterior y con el buen Juan ejerciendo magníficamente de anfitrión por la Beer Mile, nos fuimos para L’Europe, otro de los clásicos locales para cervecear por Madrid. El interior del local, cómo sacado de un cuento, directamente nos teletransportó a algún lugar entre Alsacia y Baviera, con una decoración clásica pero muy cuidada, y también igual que el anterior local, rebosante de calidez. Muy buen ambiente. En cuanto a cervezas, una carta clásica y poco atrevida en comparación con otros locales más nuevos, pero aún así merece la pena.

 Los cuidados interiores.

Allí nos juntamos con el homolúpulo David y el gran José (Teddybeer), ésta vez acompañado por Eva, su mujer (que no se diga que la birra es sólo cosa de hombres…). Tras los saludos nos pusimos con una St. Peter’s Bitter y una Brooklyn Lager por nuestra parte, mientras que los demás eligieron otra St. Peter’s, y de barril una Tongerlo Bruin y una Charles Quint Ambrée, además de una cerveza de frutas cuyo nombre no recuerdo. Buenas opciones para "empezar" a calentar motores. Tras ellas vino hora de asegurar: 4 de las 6 cervezas fueron Orval (un seguro de vida que enamora más a cada sorbo, en ello coincidimos unos cuantos…), además de una Urthel Saisonnere y otra cerveza de frutas. Y para amortiguar el líquido, una ronda de salchichas y unos bocaditos bávaros (algo así cómo trocitos de pechuga de pollo empanados).

 ¡¡A la batalla!!

Se hacía tarde y faltaba una de las referencias imprescindibles de la escena cervecera madrileña, el Animal Picar & Beer, para lo cual desgraciadamente tuvimos que despedir al camarada Juan, agradeciendo su efímera pero muy agradable compañía. Tras poco más de dos minutos a pie (literal), entramos en este local que vio la luz el pasado septiembre, pero a pesar de ello, y cómo decía, se ha ganado el título de visita obligada en cualquier escapada cervecera por Madrid.


A la cabeza, Tibor Domenech, un catalán con muy buen gusto musical (mal que le pese al homolúpulo David), y con una propuesta a mi entender encomiable: juntar la buena cerveza y el vino con comida de calidad. Lo mejor, a parte de la comida, una buena carta de cervezas en botella y barril. Lo menos bueno, que los precios eran un poco elevados, aunque según nos contó Tibor, durante esa semana les había dado un buen recorte.

 Cuidadito con la comida…

En este sentido, y a pesar de haber rebasado la media noche, nos dimos una re-cena cómo quien no quiere la cosa (no me iba a marchar de Madrid sin comer en Animal!!). Así llegaron una sobrasada con un pan de otro planeta, unos chipirones de toma pan y moja… regado todo ello por unas rondas de barril (un par de alucinantes Kernel Export India Porter, además de Dougall’s Invierno, Yria Brown Ale, Mikkeller Saphir Wet Hop, Mikkeller Fair Bar…).


Arriba, una de las neveras más tentadoras. Abajo, la deliciosa Kernel Export India Porter de barril.


Pero antes siquiera de pensar en elegir botellas, Tibor nos sedujo con una tentadora carrillera de ternera que no olvidaré en muchísimo tiempo (los pocos que no la probaron, con mucho esfuerzo, lo prometo, la comieron con unos ojos que se salían de sus órbitas).

 Este plato bien merece repetir unas cuantas veces la visita al Animal, ¿eh, mr. Homo Lúpulo de manos cruzadas?


Y con el estómago lleno, llegó la hora de las botellas (en plural, sí, un plural bastante dilatado...). Y bendita hora… Tras una primera joya estadounidense, The Bruery White Oak (una barley wine hecha a  partes iguales con y sin añejado en barrica de Bourbon, que dejó sin palabras a todos los comensales), llegaron cortesía de Tibor una Stone Self Righteous (maravillosa black IPA, lúpulo americano en todo su esplendor), Toccalmatto Italian Strong Ale (una barleywine rebosante de fruta confitada y dulzona por el envejecimiento en barricas de Grappa) y Alvinne Undressed Monbazillac (para la Reina Lúpula, ésta sour ale extraordinaria envejecida en barrica de Monbazillac, un vino blanco y dulce, fue la mejor con diferencia de toda la noche).

 

Con las papilas extasiadas (en aquel momento podría haber llegado el fin del mundo y nosotros tan tranquilos…), y disfrutando de una buena tertulia, llegó José con una Hoppin Frog DORIS The Destroyer (una Russian I.stout para quitarse el sombrero), abriendo así la caja de los horrores al invitar al personal. Y ya sabéis, si alguien empieza, los demás no se quieren quedar atrás… con lo cual se desató otro desfile de birrotes, a cual más alucinante… En este orden y seguidos con un “a esta invito yo”, llegaron Fantôme Pissenlit (¿quién dijo que una saison no puede ir detrás de todas las bombas anteriores?), Jester King Noble Hop (otra saison, en este caso yankie, sugerentemente lupulada al tiempo que equilibrada) y AleSmith IPA (varios coincidimos en que ésta bomba de lúpulo no estaba precisamente en su mejor momento, haciendo al pobre Tibor comprobarlo con una segunda botella…). Y hasta aquí puedo leer. Bueno, por el medio Tibor nos sacó alguna cosa más de comer (embutidos catalanes para ponerse a llorar de placer, un pica pica a base de salmón que voló en pocos segundos…) haciendo más llevadero aún el “sufrimiento” vivido/bebido.


 Nadie puso pegas al segundo “resopón”… Abajo, el crack de Tibor con algunas de las cervezas que cayeron a lo largo de la noche.


Y así dimos por finiquitado un sábado que empezó tal que así “Hoy no vamos a abusar. Lo de anoche fue demasiado…” y terminó con las manillas del reloj apuntando hacia unos números que hacía siglos que no veía (si sois futboleros, apuntando entre los dorsales que Xavi e Iniesta llevan en el Barça…). Una velada colosal en todos los sentidos, repleta de joyas para morirse de placer, con una compañía aún mejor, que nos dieron un fin de semana que decidí calificar de intenso para el título del post por no hacerlo con algo más fuerte y que nos encerraran a todos en un manicomio. En resumen, merece y mucho, muchísimo, la pena ir de birras por Madrid.

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Aquí se ha terminado el post. Seguir leyendo la parte más melodramática es responsabilidad vuestra, solamente vuestra. Avisados estáis. ¿Aún seguís ahí?

Cómo ya me conocéis, no podía cerrar sin daros las gracias a todos y cada uno de vosotros: a mi querido Jorgecín (enorme el sacrificio que hiciste por compartir velada con nosotros dándonos innumerables momentos de risa y placer), a Diego (siempre nos quedará Paris… quiero decir, Munich), a José y su mujer Eva (corazón gigantesco el vuestro, y una ceja levantada sarcásticamente que nunca olvidaré), a los Labirratorios (Álvaro, por la velada del viernes y el trato de amigo; Juan porque por fin te pudimos conocer en persona… que ya iba siendo hora y vete buscando una excusa para vernos otra vez; y David por aguantarnos todo el fin de semana, y si hubiera continuado allí seguirías…), a Tíbor y su Animal por hacernos sentir mejor que en casa (volveré, lo juro, para comer hasta que no te quede nada en la nevera), a Aurora y Antonio (la próxima que vengáis a Dénia no os libráis de nosotros… especialmente tú, Antonio, para una ración de fonética… :P), a Raúl de Irreale (como te dije, me quedé con ganas de charlar más…) y también, aunque a penas compartimos un cachito de fin de semana, a la gente de La Tape, Fábrica Maravillas, La Buena Pinta, Cervezorama, L’Europe, El Pedal y Oldenburg por hacernos disfrutar, lo cual no es nada sencillo para alguien que iba con ciertas reticencias hacia Madrid (ya sabéis, por aquello de nacer y vivir en eso que algunos califican como “la playa de Madrid”, lo cual no es nada fácil de digerir…). Bueno, y también y para que no se me ponga nadie celoso, también gracias a vosotros por estar ahí leyendo mis cuentos del abuelo cebolleta (por qué seguís ahí, ¿no? :P).

18 feb. 2013

Intenso fin de semana por Madrid (1/2).



Algo más de una semana después de volver de nuestra escapada por Madrid (en la que por cierto casi nos quedamos tiesos y no precisamente por sed…), vamos con la primera parte de nuestra crónica (tranquilos, que solo serán dos… enormes, titánicas, casi bíblicas… pero dos…). Muchas ganas de pasarlo bien y de disfrutar de la cerveza sin tomar tantas notas, ligado a un inesperado olvido de la libreta en la que lo anotamos casi todo, nos ha ahorrado la revisión de apuntes y de paso agudizar la memoria pero con todo esperamos poderos transmitir qué se cuece por Madrid en lo que respecta a cerveza.


Todo empezó el viernes, tras descargar los bártulos y bajar a la calle sin perder un solo segundo. La primera parada fue Cervezorama, que nos quedaba realmente cerca de dónde nos alojábamos.


Una tienda alucinante, pequeña en dimensiones (aunque más grande de lo que imaginábamos), pero enorme en contenido. Muchas, muchísimas referencias, abarrotaban este pequeño espacio, desde elaboraciones de nueva ola (yanquis, nórdicas, británicas…) a clásicos que nunca pasan de moda (alemanas, inglesas, belgas…) así como también un amplio surtido de artesanas locales. Detrás del proyecto, David y desde hace poco también Ernesto (Yria), los mismos protagonistas de Guinea-Pigs. El único punto un tanto sorprendente es que tuvieran cervezas en una neverita pero no se pudieran tomar allí... ¿entonces para qué las quiero frías si en mi casa también las puedo enfriar...?

 Sin duda, un rincón para perderse…

Tras las pertinentes compras nos fuimos a comer a La Tape, aunque ciertos problemillas en los barriles nos obligaron a dejar la visita para el día siguiente. La otra opción para comer por la zona Bilbao (la conocida como Beer Mile de Madrid), el Animal, estaba cerrado así que junto con el amigo Diego (Unacervezaaldía) decidimos ir al nuevo Oldenburg.


Este cálido local rebosante de madera, muy luminoso gracias a las grandes cristaleras que rodeaban dos de sus cuatro flancos, poseía una carta de cervezas clásica, con belgas y alemanas como estandarte, pero con algunas pinceladas más actuales. En barril, las tentadoras Chimay triple y Schneider Aventinus impidieron que tuviéramos que pensar mucho cuáles serían las primeras cervezas a tomar. En cuanto a comida, un clásico como las salchichas, pero también patés, cecina… conformaban una oferta nada extravagante pero no por ello carente de interés. La segunda ronda para regar la manduca fue un cervezón como S. Smith Taddy Porter, una apuesta segura como Flying Dog Gonzo y una decepcionante blonde, Ommegang de Gouden Carolus.


Arriba las birras (sí, aunque la foto de la izquierda todo son vasos de Schneider, juro que había una Chimay de barril…). Abajo, parte del picoteo.



Una de esas charlas en buena compañía que invitan a beber más cervezas nos llevó al buen Diego y a la pareja de Lúpulos hasta el mercado de San Fernando, en el castizo barrio de Lavapiés. Allí, nos habíamos citado con el amigo Jorge (Cerveriana o también conocido como “el señor de las mayúsculas”…) para visitar La Buena Pinta, una tienda muy sencilla en cuanto a los acabados, pero con bastantes referencias artesanas locales (Medina, Dougall’s, Domus, Cibeles…) y también tentadoras opciones foráneas (bastantes Mikkeller, algunas estadounidenses…). A la cabeza del proyecto está Juanma, quien tuvo la genial idea de abrir este local con una neverita y unas mesas fuera para que así la gente se pudiera dar un buen homenaje rodeado de paraditas de pescado, verduras y carne. Encima, si tienes mucha suerte puede que un nano impertinente lance un pelotazo asesino al grupo mientras te tomas un cervezote. Pero repito, eso es mucha suerte…


Dougall’s Haití, Medina Tropical IPA, Medina 9 maltas, Left Hand Sawtooth, Coopers Best Extra Stout y Mikkeller Wet Hop Kellerbier, divididas en dos rondas, fueron las elegidas. Especialmente destacables la Dougall’s y la 9 maltas.


Llegó la hora de despedir a Diego (cuento los días para el reencuentro de aire teutón… :P) y saludar a José (Teddy Beer) y Antonio (ex. Lúpuloamansalva). A este último ya tuvimos el placer de conocerlo en persona hace un tiempo, pero con José, un coloso de altura considerable y de corazón aún más grande, era nuestro primer encuentro. El lugar de la reunión, El Pedal, un local pequeño con todo el encanto de un clásico bar de barrio, pero con neveras y barriles que sin ser ningún edén, no tenían nada que envidiar a ningún otro local. A la cabeza, Javier y Alba, a quienes felicitamos por el local no sin olvidarnos de un pequeño tirón de orejas por los precios un tanto subidos de algunas referencias. Nuestras dos elegidas, Mikkeller Wheat is the new hops (ni fu ni fa…) y Mikkeller K:rlek Vinter (una APA muy refrescante).


Arriba los artífices, abajo los cuidados interiores.



Tras esta ronda nos fuimos a Fábrica Maravillas, un brewpub de estética muy moderna, todo de color blanco impoluto, líneas rectas, muy elegante, ya sabéis…. En este local, el más abarrotado de todos los que pudimos disfrutar a lo largo del fin de semana, nos juntamos con los “labirratorios” Álvaro y David. Tras la barra estaban Dave y Thierry, de Chicago y pelirrojo el primero, francés y espigado el segundo, quienes nos sirvieron sus “retoños”: una alucinante IPA con hop rocket que tenía un curioso toque láctico pero muy agradable que el gran Jorge no dudó en adular haciendo que nos desternilláramos con una de las frases de la noche (“me echaría ésta birra por encima… yo quiero oler a esto…”), una scotch ale sorprendentemente bebible y adictiva, y una saison correcta sin más, fueron las cervezas bebidas en un triplete de rondas. El único pero de éste local, que no esté en Valencia para ir todas las semanas.


Aparentemente clásico por fuera… rebosante modernidad por dentro. Abajo la joya de la corona y la foto de equipo.

 
(Jorge, ¿qué cara me pones??)

Pasadas las 12 de la noche, bastante entonados ya, nos fuimos todos a cerrar velada en el Irreale, un pub muy próximo al anterior, con estética también moderna, sin muchos rodeos en cuanto a la decoración pero cierta calidez aportada por la tenue luz. A la cabeza, Raúl (Inbirraveritas), con quien ya habíamos compartido algún que otro mail y comentario antes de que se lanzara a la vorágine de la hostelería y ya teníamos ganas de conocer. En cuanto a la carta, sin ser muy extensa en botella, había suficientes referencias tentadoras y a precios mucho más ajustados que en otros locales de Madrid.


Arriba, la entrada. Abajo, la cueva de las maravillas…



Mientras el personal iba haciendo sus elecciones de barril, David y los dos Lúpulos nos lanzamos sin pensarlo mucho a por una tentadora colaboración entre Lost Abbey y New Belgium, llamada Mo Bretta, Bretta, la cual nos dejó un tanto indiferentes (y estoy siendo muy benévolo). Se trataba de algo a caballo entre una saison y una triple sin demasiada gracia y nada de Brett (no estábamos para muchos trotes a estas alturas pero varios coincidimos en que todo el Bret se quedó en el nombre…).

 Con ese arte, a ver quien le dice al homolúpulo que no la sirva...

Tras comer en plan picoteo (unas minihamburgesitas muy mini, unas ricas croquetas, unos nuggets que volaron en pocos segundos, entre otras cosas…), que regamos cruzando vasos con todos, llegó la hora de compartir otra cerveza con el Homolúpulo y Labirratorio David, una Left Hand Wake Up Dead, esta sí, un auténtico birrote de textura mascable, con mucha fruta oscura, regaliz, chocolate… Para comerla a cucharadas.


Charlando de lo divino y lo humano, y sin esperarlas, nos llegaron unas copitas de un hidromiel de la cervecera estadounidense Kuhnhenn, los cuales nos dejaron realmente alucinados, difícilmente encasillables, pero que gustaron mucho a casi todos.


Bien entrados en la madrugada (me abstengo de decir la hora…), y con toda la cuadrilla aguantando infatigablemente, es más, aún se apuntó Aurora (de La Tape, y pareja de Antonio “lupuloamansalva”), llegaron dos rondas bien oscuras. La primera, uno de esos 100 en Ratebeer que algunos no dudan en adular mientras que otros se quedaron esperando algo más, AleSmith Speedway Stout, un pelotazo negro para los sentidos; y La Pirata Blackblock, de la cual habíamos leído muy buenas críticas y al menos por mi parte las comparto letra por letra. Dos auténticos petrolacos.

 

Aún pudimos probar alguna otra cosa pero con la madrugada muy avanzada llegó la hora de las despedidas, para lo cual reconozco que no valgo. Por ello, tras los abrazos y besos, tras agradecer a todos aquellos con los que ya no íbamos poder disfrutar el día siguiente, no tuvimos otra opción que aceptar la propuesta del incombustible homolúpulo de irnos a tomar alguna cosilla más en su tienda, el Labirratorium, de la cual os hablaré en el siguiente post… Si es que somos gente muy fácil… ;).


El cuerpo no estaba ya para muchos trotes, pero aún así pudimos paladear con mucho gozo dos auténticas joyas (y van unas cuantas a lo largo de la tarde-noche…): Gouden Arend 125 Anniversary, una triple maravillosa, alucinante tanto en nariz cómo en boca, para perderse horas disfrutándola; y Beer Here Kremlin Crude, otro petrolaco inmenso, cremosa, achocolatada y con un punto ahumado para volverse loco con cada sorbo.



Y con éstas dos auténticas barbaridades que ganan muchos puntos para entrar directas al listado de las mejores cervezas del mes y posiblemente del año, cerramos una tarde-noche-¿mañana? muy larga. De las temibles consecuencias que nos podían aguardar al día siguiente (o más bien, pocas horas después) os hablaré en el siguiente post… Sólo os adelanto que al contrario de lo que pueda parecer, no nos achantamos precisamente… Los agradecimientos, también me los guardo para cerrar las batallitas del sábado.