Tras
un parón de dos meses me apetece retomar las Reflexiones de un Hophead para comentaros cómo veo ciertas tendencias de mercado y algunas semejanzas con
otros sectores, concretamente el del mundo del vino. Como siempre, también
quiero dejar claro que este post no pretende ser ningún ataque hacia nadie sino
una opinión más como la de cualquier otro consumidor que se deja su cartera comprando
cerveza. Escudos de batalla puestos, vamos pues allá.
Primeramente
creo que está más que claro que cuando hablamos de precios cada uno es libre de
marcar el suyo, del mismo modo que cada cual es libre de pagarlo o no. Quizás a
más de uno le sobre esta trivialidad pero tampoco quería dejarla pasar. El
problema viene cuando ciertas situaciones que se desmarcan de lo que debería
considerarse como razonable (por anchos que sean los márgenes) se aceptan con cierta
indiferencia y en ocasiones incluso excesiva indulgencia. De ese modo, sin
mucho ruido pero pasito a pasito llega un momento en el que te paras a pensar y
te das cuenta de que el panorama que conocías un año atrás es drásticamente
distinto al actual, con muchos detalles positivos, pero también, y por qué no
decirlo, algunos que no lo son tanto.
En
los últimos años, o para ser más concreto en los últimos dos, en este país de
países hemos dado un salto sustancial en todos los sentidos en lo que a cerveza
se refiere. Hemos pasado de no tener a penas tiendas físicas a tener una buena
ristra de ellas en muchos lugares. Lo mismo ocurre con tiendas online, bares/cervecerías, multitud de festivales a cual más interesante. ¿Y qué decir de las
microcerveceras? No hay semana que no salgan dos o tres nuevas… Todo ello es
increíble y más aún teniendo en cuenta la terrible situación económica que
estamos atravesando y que parece no afectar en exceso a todo lo que esté tocado
por esa panacea llamada cerveza. Hablando con varias personas y de forma
independiente han coincidido en decirme que el potencial de la cerveza era tan alto en un territorio prácticamente virgen en cerveza que de ahí la respuesta y el crecimiento tan elevado que ha tenido en
tan poco tiempo.
Sea
como fuere, y aún estando más que contento por el crecimiento que hemos vivido,
en ocasiones veo ciertas similitudes con el mundo del vino, algunos detalles que ahora
son bien recibidos por muchos considerados cerveceros pero que en su día los
veían detestables y de hecho no dudaban en criticarlos desaforadamente. Para el
que no esté situado, hace aproximadamente 5 o 6 años vimos un incremento desmesurado
de todo lo que tuviera que ver con el vino, con aperturas continuadas de locales
llamados enotecas, enobares o como quiera que se los llame casi en cada
esquina, había montones de eventos como catas, presentaciones y ferias, salían nuevas
bodegas continuamente, se incrementaron ostensiblemente las webs
especializadas, hubo una revolución absoluta en el tema del marketing y la
publicidad… y más y más y más… Pero todo ello, aún dejando algo de bueno, se fue para abajo con la misma
celeridad con la que subió. Algunos lo relacionaron con los primeros coletazos
de la dichosa crisis, otros dijeron que se trataba de una burbuja insostenible
ya que era inconcebible ver cómo te cobraban en un restaurante de tres al
cuarto un vino multiplicado por 3, por 4 o incluso, y doy fe de ello, por 5 veces su
precio en tienda. De todas formas lo que es seguro es que la oferta superaba a
la demanda con muchas creces y eso que hablamos supuestamente de un país con
cultura y pasión por el vino.
Pero
vuelvo a la cerveza. Hace unos dos años y medio o por ahí que compro cerveza ininterrumpidamente
en tiendas tanto físicas como, sobretodo, online. Por ello, en todo este tiempo
me he ido fijando en las jugosas y atrayentes novedades pero también en sus
precios, y he visto cómo éstos iban acrecentándose. Y no me refiero a que las
mismas referencias hayan ido aumentando de precio, ya que gracias a la
competencia realmente feroz que hay actualmente eso ha sido más bien al contrario.
Lo que digo es que la media de precios de las cervezas disponibles en muchas
tiendas ha ido subiendo euro a euro y dejando por irrisorias algunas barreras como la de los 3 o 4€
por una botella de 33cl. Y conste que mientras haya quien lo
pague me parece perfecto, pero hay situaciones que al menos a mi me parecen un
tanto desorbitadas y dignas de la imagen vergonzosa en términos económicos que se tiene últimamente de nosotros por Europa.
Por poner un ejemplo que ilustra bien esta evolución podríamos poner las cervezas estadounidenses que tenemos por nuestras tiendas, las cuales tengo constancia
de que al menos en origen no son ni mucho menos caras. Desde que salen de la
fábrica hasta aquí van subiendo céntimo a céntimo según pasan por
transportistas, almacenistas y en definitiva por cada una de las manos. Al final de
la cadena tenemos que tras los lógicos (en algunos casos) márgenes de ganancia,
nos las venden al consumidor. Será más o menos discutible si su precio es excesivo
o no, pero o bien lo pagas o te quedas sin probarla. No hay más.
Salvando
las distancias, podríamos poner otros ejemplos de cerveza importada, pero
prefiero fijarme en las cervezas de aquí, las artesanas. Podríamos hablar largo
y tendido sobre cuan “abusones” son aquellos que les suministran el material,
que si también hay muchas manos de por medio, que si obligan a comprar
cantidades enormes de suministros (botellas, chapas, etiquetas…), que si el de
la tienda de turno se hace el agosto con ellos o tantas y tantas otras razones. También
entiendo perfectamente que los precios de las artesanas no puedan competir con
el de las macros (todos sabemos bien los porqués). Pero aún asumiendo todo eso y
siendo sobradamente benevolente añadiendo céntimos, sigo sin encontrarle la
lógica a lo que en algunos casos se pide.
En este sentido, ya he visto unas cuantas artesanas (ni
dos ni tres ni cinco) superando los 10€ por una cerveza de 75cl (que vendrían a
ser unos 4,4€ por un tercio), lo cual, poniéndole todos los peros en forma de tiradas
limitadas, especiales o monsergas varias, me parece un tanto abusivo, y más aún si comparamos con otras cervezas importadas con un precio similar y de calidad no tan pareja. Que
sí, que cada uno puede pedir lo que quiera pero cuando a ese uno se le suman
adeptos y empieza a ser una tendencia más que un caso aislado nos encontramos,
o al menos a mi me lo parece, con que nos estamos acercando (si no lo estamos
ya) al peligroso bucle del "esos snobs del vino" de los que algunos dicen estar bien alejados. Yo no lo tengo tan claro.
Otro
tema son las ferias de cerveza, en las cuales algunos se marcan unos precios que tampoco termino de entender más que nada
porque si lo que se pretende es fomentar la cultura cervecera o incluso dar a conocer
un producto, es un tanto incomprensible venderlo incluso por encima del precio que tienes en las tiendas. Otra cosa es que
se quiera vender cerveza a los que tengan la cartera pudiente, en cuyo caso da igual vender cerveza, DVDs o réplicas a escala del aeropuerto de Castellón
para poner encima del televisor del salón. En ese caso no tengo nada que objetar. Pero ver cómo los 3€ por una cerveza de aquí de 33cl o 6€ por una botella de 75cl
son la norma me lleva a pensar que me estoy perdiendo algo.
Desgraciadamente mientras lo arriba expuesto para la cerveza de aquí siga siendo una realidad y al mismo tiempo pueda comprar botellas de
reputadas y contrastadas cerveceras europeas a precios mucho más competitivos que las de aquí (lógicamente excepciones las hay),
aquello de consumir producto local será un lema estupendo para una
campaña de slowfood pero no una realidad que pueda atraer adeptos en masa (sin contar nacionalismos), y eso sin meter en el juego la calidad media de unas y otras,
aspecto en el que por suerte vamos avanzando para bien, con paso lento pero firme.
Habrá
quien, y con razón, me pueda decir que en otros países de Europa los precios
están lejos de ser los de aquí, que aquí la cerveza es muy barata. Sí, por
poner un ejemplo puede que en Reino Unido se paguen precios que aquí nos
parecerían abusivos, pero dejando a un lado los sueldos medios, que alguien me diga cuanto cuestan aquí (con todos los portes e intermediarios que quiera) algunas
de las reputadas craft británicas
(Thornbridge, Kernel, Meantime, BrewDog…) y las compare con las artesanas. ¿O
por qué no comparamos con lo que se cobra en cerveza autóctona en países como
Alemania o Rep. Checa? Yo sigo sin entenderlo…
Sí,
está muy bien querer que la gente de a pie conozca que la cerveza es más
que un producto para apagar la sed, que debe experimentar y atreverse con cosas
distintas pero mientras que algunos no den su brazo a torcer y miren solamente
en hacer caja (que en el fondo y por mal que nos pese es la pura realidad), estaremos
dando más razones si cabe a todos aquellos que creen que somos un tanto
tendentes al modelo montaña rusa (ya sabéis, un día muy arriba y al siguiente
todo por el suelo).
En
fin, y para no terminar este post con un cierto regusto áspero (ya que espero
que el post se entienda como pura crítica constructiva), quiero dejar
constancia de que por suerte no todo es negativo ni muchísimo menos. Hay gente que aún queriendo sacar
adelante su negocio en condiciones económicas que no son las mejores, siguen sin forzar
los límites como sí lo hacen otros hinchando la pelota hasta casi hacerla
estallar. Por el bien de la cerveza, actuemos con cierta responsabilidad. Ahora
bien, si queremos otro bluf como el del vino, los gintonics o tantos otros, hagámoslo
petar.


































