Cuando el subidón de azúcar nocturno estuvo suficientemente menguado nos fuimos a comer. Nos dejó muy sorprendidos que en León, por cada consumición dieran una tapa de tamaño considerable… Tras cargar fuerzas (siesta incluida), nos fuimos hacia Carrizo de la Ribera, el pueblo de cultivo del lúpulo por excelencia de la península. Allí iba a tener lugar la V Feria del Lúpulo y la Cerveza, donde habíamos quedado con Gabriel y Marya, unos verdaderos belgófilos de Málaga. A Gabriel apenas lo conocía de un par de semanas antes por su blog recién abierto, pero ello no impidió que nuestra vena “trapicheadora” entrara en acción (viendo su bodega... a ver quien se resiste!). Charlando, nos dejaron impresionados porque se conocían mejor Bélgica que yo mi propia habitación: cervecerías, rutas en coche, fábricas… Y así, de tan a gusto que estábamos se pasó la tarde y no vimos nada de la feria (lo dejaríamos para el día siguiente).
Ya de vuelta a León fuimos a comer: algo de cecina (¡un escándalo!), embutidos varios, croquetas (a quien corresponda, no va con segundas…) y unas Estrella Galicia 1906 de tirador sorprendentemente buenas. Más tarde nos reencontramos con los belgas afincados en Málaga (casi es como si lo fueran…) en la única referencia puramente cervecera que conocíamos de la ciudad: La Céltica (C/ Cervantes nº8). Cualquier idea previa se fue a tierra ya que era enorme, estaba abarrotada y tras la marabunta había una barra con ¡20 tiradores! Abrumados más por la cantidad que por la calidad nos decantamos por unas Chimay Blanche (tres de los cuatro) y por una Diebels Alt. Tras unas cuantas rondas nos fuimos a descansar.
La mañana siguiente, callejeando por el centro, nos topamos con un local (cerrado a mediodía) en el cual había un cartel: Cask Ale Festival 2010. Sorprendidos, nos quedamos con el nombre, Cervecería La Mundial, y nos marchamos hacia Carrizo, esta vez para encontrarnos con Ivan (Fivixx) y Tania. Tras la agradable charla/comida (no podía ser de otro modo al poder conocer por fin el autor del blog que me enganchó a esto de cibernética cervecera) dimos la vuelta de rigor por todas las carpas (incluida la informativa sobre las variedades y el cultivo del lúpulo) y asistimos a una charla (muy corta) sobre la necesidad de cambiar las variedades cultivadas para tener mayor producción y sobre algunas subvenciones que iban a dar a los agricultores.
Tras cargar los bolsillos con algunas flores de lúpulo nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores, a ojear los campos (no me iba a ir de allí sin verlos de cerca…). Después de esta bucólica visita (y tras otro pequeño intercambio) nos despedimos temporalmente de Iván y Tania (nos volveríamos a reencontrar en Asturias).
De nuevo en León, después de cenar, nos fuimos pitando hacia La Mundial (Plaza del Conde Luna nº12). Aún recuerdo la conversación por teléfono entre Gabriel y yo: “¿Tío, por dónde estás? Vente para aquí inmediatamente… no sabes lo que me he encontrado… vas a flipar…” Y Gabriel entrecortado sin poder articular frase alguna… (poned voz andaluza): “Pero es que tenemos mesa guardada para vosotros en la Céltica y os estamos esperando” “Que no Gabriel… dejarlo todo y veniros ya!”. 5 minutos después, todos juntos, la noche no había hecho más que empezar… Veintitantos tiradores, centenares de botellas repartidas en 9 neveritas, en cuyo interior había entre otras cosas 9 Flying Dog, varias Anchor, Great Divide, Samuel Smith… Belgas para parar un barco… No os digo la hora que salimos de allí porque cerraban el local mañana mismo.
Lujuria, gula, avaricia, envidia… Todo se dio esa noche. 2 bolsas llenas de botellas vacías dieron fe de ello, y hasta aquí puedo leer. Y lo peor es que Gabriel y Marya pocas horas después se iban de retorno hacia Málaga en su coche y nosotros para Asturias, donde en principio teníamos pensado empezar la ruta cervecera del viaje…
Antes de despedirnos, y ya para terminar (se me ha ido la mano escribiendo), Gabriel me dijo agarrándome el brazo: “Te voy a decir una cosa… Tómalo en serio… A pesar que apenas nos conocemos… cuando vayas a Bélgica… no lo hagas con furgoneta… o te volverás loco…”. Y es que por poco no hacemos noche en la cervecería con todo lo que quería probar. Y así fue como nos despedimos de esta encantadora y belgófila parejita (esperemos que hasta dentro de poco tiempo). Un auténtico placer.
