29 mar. 2012

Mejores cervezas del mes: Marzo’12.


Aún a pesar de quedar como un esquirol (dada la huelga general a todas luces necesaria que celebramos hoy), llegamos a las postrimerías de marzo y por tanto es momento de que, como viene siendo costumbre, comentemos aquellas cervezas que más nos han gustado durante el último mes. Si el pasado febrero fue prácticamente un monográfico alrededor de las cervezas ataviadas de negro, este mes las tinieblas líquidas vuelven a ser mayoría, pero de forma muy diferente en cada caso.

Pero antes de tanta oscuridad, la típica excepción que confirma toda regla: una sour ale añejada en barrica de vino Borgoña verdaderamente espectacular, hecha en colaboración entre la picobrewery belga Alvinne y la norteamericana Stillwater (aunque como buena “gypsy brewery” es una cervecera con mucho mundo a sus espaldas…), la Wild West. Se presenta comedida, con un color marrón-ambarino bastante homogéneo, mediana turbidez y una espuma que cuesta de formar y mantener. Tras la “humilde” presentación empieza la fiesta, con notas vinagre de manzana, limón, grosella y manzana ácida, junto con un punto de frutas del bosque ácidas y piel de cereza. Redondea la sugerente comparsa el lógico toque a madera así como leve pan. En boca entra con una acidez importante, seca y muy astringente, con notas a fresitas del bosque y otra vez limón y manzana ácida. A medida que desarrolla el trago pierde esa estridencia inicial y gana un toque láctico, como de yogur. Detrás, en el fondo, leves matices herbales, como a menta y ligerísimamente picante. En definitiva estamos ante una sour ale de cuerpo ligero y carbonatación comedida con una acidez y astringencia no apta para los no iniciados pero con una base suficientemente trabajada para satisfacer a los más exigentes con las espontáneas. Maravillosa.


La segunda perla es la inglesa Robinson’s Old Tom, una cerveza a la que hacía tiempo que le venía siguiendo la pista dadas sus sobradas credenciales así que nada más la vi no dudé un segundo en hacerme con ella. Desde aquí quiero dar las gracias a Cervezas Especiales por el detalle. En cuanto a la presentación, inmejorable, tanto la preciosa botella como el líquido color caoba oscuro con leves reflejos granates que de ella surge, coronado por una espuma esponjosa beige de buena retención. En nariz es una gozada para los sentidos, claramente desplazada hacia las maltas dulzonas, caramelo, ciruela, pasas, leve pan y ligerísimos tostados y frutos secos, así como un fondo alcohólico. En boca entra ligeramente jarabeada, con las mismas notas dulzonas y a fruta madura, como un pastel líquido de ciruelas y pasas con leves apuntes de chocolate y regaliz, pero a pesar de lo que aparenta, no es empalagosa ni cansina sino verdaderamente redonda gracias en parte a un ligero contrapunto herbal. No quiero ni imaginar como estará en cask.


Tras la Old Ale anterior, seguimos con una cerveza curiosa e interesantísima a partes iguales, Freigeist Deutscher Porter Prunus Aurelius. Como bien dice el nombre, se trata de una porter alemana, una cerveza inspirada en un estilo propio de la época de la República Democrática Alemana y del cual quedan un puñado de cerveceras que lo elaboran. Evidentemente no sigue los estándares de elaboración que dicta la famosa Reinheitsgebot, o ley de pureza alemana, y por ello entre sus ingredientes posee sal y ciruelas. Por si no fuera poco, después de la primera fermentación es transferida a una barrica en la cual el amigo espontáneo Brettanomyces hace de las suyas (una tradición que por lo visto era bastante frecuente en el pasado germano). En cuanto al contenido, posee un color marrón muy oscuro, prácticamente opaco, aunque aún así deja entrever unos leves reflejos granates. Por encima, una espuma beige esponjosa de poca persistencia. En nariz se muestra repleta de fruta negra madura (ciruelas y pasas) así como rebosante de vinagre balsámico y vino porto. Muy pero que muy sugerente. En segundo plano aparecen notas a regaliz, leve chocolate y recuerdos como a frutos rojos un punto ácidos. Bárbara. En boca entra ácida, sin querer esconderse ni arrugarse un ápice, una mezcla curiosa y explosiva, con muchos frutos rojos, regaliz, vinagre balsámico y un punto de oliva negra. Muy astringente. Hacia mitad de trago empiezan a tomar protagonismo las maltas con notas a chocolate y tostados, aparece un punto amargo necesario y el citado toque de sal que redunda más si cabe en la sensación balsámica y a umami. Carbonatación excelentemente integrada y el alcohol ni se deja ver. Curiosísima elaboración viniendo de un país con tanta homogeneidad y constreñimiento. De lo más interesante que he probado en mucho tiempo.


Y para finalizar, una de las últimas perlas negras que han aparecido entre nuestras artesanas, la Naparbier Black in Black IPA. Estos navarros me tienen robado el corazón con sus cervezas pero es que ésta maravilla es algo fuera de serie. Dejando la espectacular presentación a un lado, etiqueta, botella de vidrio negro opaco y su correspondiente corcho, nos ofrece con un color marrón muy oscuro que prácticamente no deja pasar la luz, coronado por una espuma beige de buena retención. En nariz es literalmente una explosión de lúpulo carnoso y frutal (lichi, uva, melocotón…) así como herbal y muy resinoso. En el fondo se perciben ligeras notas tostadas, a bizcocho y chocolate. Un amor a primera vista. En boca la explosión de lúpulo pasa a ser una bomba nuclear de halo verde. Entra mentolada y picante, muy lupulada, resinosa, cítrica y herbal pronunciado. Las notas a maltas tostadas y regaliz, aunque quedan en un segundo plano, sin ellas no se entiende la cerveza. Aún con ellas es muy bestia, de amargor muy marcado y seco. Textura sedosa y final muy largo. Cuerpo medio-alto, carbonatación viva pero no molesta. Una cerveza negra hiperlupulada (dejo los apelativos estilísticos para quien los necesite), con mucho carácter y que se puede hacer algo cuesta arriba a alguien poco aficionado al lúpulo dado que la botella es de 75cl. Ya nos avisaba el “lindo gatito” con su “dulce” mirada…


Así que resumiendo, la larga parrafada da como resultado una sour ale y tres cervezas oscuras de perfiles muy distintos como podio de este marzo. Veremos que nos depara el cercano abril (esperemos, que además de esas ansiadas lluvias…).

26 mar. 2012

¿Qué diantre es un growler?


El post de hoy va dedicado a unos curiosos objetos llamados growlers que han empezado a ser más que frecuentes con la eclosión de algunas cerveceras artesanales de países como USA o U.K..


Se trata de recipientes con los que puedes llevarte a casa cerveza fresca del brewpub o de la fábrica y así disfrutar de ella en un plazo de 7 a 10 días (2-3 días una vez abierto).

En cuanto al nombre, por lo visto se le llama así por el sonido que se genera al destapar el recipiente y dejar salir el CO2, el cual se asemeja (o eso dicen…) a una especie de gruñido o rugido (en inglés, “growl”). Pero hay quien cuenta que en realidad el gruñido venía más bien de la barriga de los trabajadores que salían de las fábricas sedientos por beber y de ahí que al recipiente utilizado para beber cerveza se le llamara así.

En cuanto a su historia, parece ser que existen recipientes con ese uso como mínimo desde finales del s.XIX. Por aquellos entonces había una especie de cubetas pequeñas galvanizadas con las que llevar cerveza de un sitio a otro. En este sentido, antes de la segunda guerra mundial algunos niños llevaban estos recipientes repletos de cerveza fresca para cuando sus padres salieran a comer tras una mañana de duro trabajo (dejando a un lado las durísimas condiciones de trabajo, quien tuviera esa suerte…)


Arriba y abajo de éstas líneas, las citadas cubetas.


En los EEUU, allá por las décadas de 1950 y 60, durante los domingos (día en que cerraban las tiendas) si alguien quería comprar cerveza para llevarse a casa no tenía más que ir a la licorería ilegal de turno y rellenar con cerveza de barril unos recipientes similares a esos de cartón encerados que se usan actualmente para la comida asiática para llevar.

Pero el growler actual parece tener su origen en 1989, cuando Charlie Otto, de la Otto Brothers Brewery decidió comprarse una máquina para hacer serigrafías y así dejar su sello en botellas de vidrio de medio galón (1,9 litros). De este modo la gente podría llevarse cerveza fresca a casa.

El growler de los Otto Brothers.

Y así nacieron los growlers modernos, aunque de ese recipiente de vidrio más o menos sencillo que nació a finales de los años 80, en la actualidad ha evolucionado mucho el mercado y existen verdaderas obras de coleccionismo al respecto que no tardan ni un día en desaparecer desde su salida al mercado como es el caso del deseado growler de Russian River. No hay craft estadounidense que se precie sin su growler de turno, algunos son preciosas botellas de cerámica con cierres también de cerámica, otros con cierres de rosca, algunos tienen mangos metálicos, hay botellas de formas muy peculiares con dibujos muy detallados, e incluso existe todo un mundo con las fundas para enfriarlos. Abajo tenéis algunos ejemplos de todo ello.


  
Arriba y debajo de estas líneas, los growlers de BrewDog y Stone Brewing. Una estupenda forma de tomar cervezas recién hechas y con el lúpulo bien fresco.
 

  
Arriba, la perla de Russian River. Abajo una funda térmica.
 

Dejando curiosidades a un lado, solamente me queda desear que esta costumbre se extienda también por aquí tanto en nuestras micros y brewpubs como en bares y cervecerías que nos tientan con sus barriles de cerveza, ya que de este modo podríamos llevarnos a casa nuestra cerveza de barril favorita. ¿Qué os parece?

Todas las fotos han sido tomadas de diferentes fuentes y por tanto tienen sus respectivos derechos de autor. Las fuentes de dónde he sacado la mayor parte de la info son:
-  http://beeradvocate.com/articles/384
-  http://www.focusonthebeer.com/2011/11/growler-part-1-past.html

22 mar. 2012

¡A la rica merendola!


Anteayer fue uno de esos días grises que hacía tiempo que echaba en falta. Y no es que sea un amante de tormentas torrenciales como las que descargó el tío Zeus anteayer durante todo el santo día por el sur de Valencia, ni mucho menos. Pero hay ocasiones en las que ver como llueve por la ventana con un buen libro entre manos y acompañado por una buena merienda tiene su encanto, no me lo negareis…


En cuanto a la receta del brownie, sintiéndolo mucho es patrimonio secreto de la reina Lúpula (ya sabéis, esas recetas secretas que pasan de madre a hija bajo pena de ir a la guillotina para quien rompa la cadena…) así que os tendréis que conformar con la foto. Por cierto, junto con la inglesa Samuel Smith Raspberry, un matrimonio excelente, y eso que soy más de cervezas de frutas más ácidas que dulzonas, pero aún así me gustó mucho.

19 mar. 2012

¿Qué fue de…? Lichtenhainer.


Como no hay bastantes cervezas para comentar en la actualidad, cada una de ellas correspondientes a un número casi infinito de estilos cerveceros, y cómo no salen cerveceros que continuamente  rompen con todas las reglas estilísticas escritas, hoy vengo con una de las ideas que me rondaban la cabeza para el blog en este 2012. Y es que se me ha ocurrido crear una sección en la que recuperar, aunque sea a través de un breve post, algunos de esos estilos históricos que por una razón u otra fueron perdiendo adeptos con el tiempo y quedaron desplazados o directamente olvidados hasta casi desaparecer del mapa cervecero.

Para empezar, hoy he pensado en hablaros de las Lichtenhainer, un estilo de cerveza originario de Alemania que actualmente está prácticamente extinto.

Este estilo fue muy popular a finales del s.XIX en la zona de Turingia, en el centro este de Alemania, más concretamente en pueblos como Lichtenhain, Jena y alrededores.

 Localización de Turingia en Alemania (Wikipedia).

En su momento se trataba de una cerveza de color claro y de fermentación alta elaborada originalmente con un 100% de malta de cebada ligeramente ahumada y posteriormente se dejaba infectar en barricas de madera que poseían bacterias acido-lácticas. Éstas elaboraciones tenían por tanto una marcada acidez pero además un ligero amargor. Versiones de finales del s. XIX tenían hasta un 30% de trigo, y puede que incluso este porcentaje llegara al 50%. Su densidad original también disminuyó con el paso de los años.

En algunos foros se las trata como si fueran primas de las Berliner Weisse o directamente un subtipo de las mismas, pero por un lado la malta ahumada que las berlinesas no poseen, y por otro que las lichtenhainer no adquieren su característica acidez durante la fermentación primaria sino después de la citada infección en barrica son dos diferencias abismales con respecto a las berlinesas. Según algunas fuentes puede que la infección no siempre fuera mediante barricas y se le añadiera ácido láctico.

Esta curiosa cerveza se servía directamente de las barricas y por lo visto fue una cerveza muy popular entre jóvenes y estudiantes.

La última lichtenhainer fue elaborada en la población de Wöllnitz, concretamente en la Brauerei Ed Barfuss Söhne, en el año 1983. Pero fue la última durante unos pocos años ya que en 1997 un brewpub de la misma población de Wöllnitz sacó su Wöllnitzer Weißbier, una cerveza hecha al estilo de las lichtenhainer. Actualmente, como no podía ser de otro modo, en USA un par de fábricas decidieron elaborar su versión de este antiguo estilo, Westbrook en Carolina del Sur y Marzonis en Pennsylvania.

 Aquí arriba, la etiqueta de la actual versión de la estadounidense Westbrook.

Y pensando en esta curiosa cerveza y en cómo serían sus hermanas germanas originales lo dejo por hoy. Espero que os resulte al menos tan interesante como a mí. La info la he sacado de varios libros y picando de varias fuentes de la red pero aquel que quiera puede leer un excelente post de Ron Pattinson.

15 mar. 2012

Tirando petardos días antes de una gran fogata.


Hoy me he levantado con el pie derecho (esto debería ser algo bueno pero siendo zurdo…) y me apetece compartir con vosotros una reflexión.

Durante estos días en Valencia parece que ha desaparecido la crisis. Las calles están engalanadas sin ningún tipo de miramiento hacia esas arcas públicas que hace unos días parecían estar en números rojísimos (y que dentro de unos días volverán a estarlo si cabe un poco más), cada esquina rezuma una mezcla de olor a pólvora con aceite refrito debido a esos sosísimos buñuelos falleros (donde estén unos buenos buñuelos de calabaza…), hay gente por todas partes gastando euros sin parar cuando parecía que no los había (¿serán éstos los famosos brotes verdes?) y no pararía con decenas de ejemplos más con los que algunos se sienten muy orgullosos pese a estar hundidos hasta el cuello. Una imagen que no pocos valencianos detestamos hasta la extenuación aunque frecuentemente se nos meta a todos en el mismo pack (las protestas educativas de hace unas semanas no fueron un arrebato inesperado de cuatro tarados, por si alguien se lo preguntaba…).

Pero dejando la política a un lado, que con tanta fallera y tanto petardo (con doble sentido) desfilando por el balcón del ayuntamiento me pongo de mal humor, quería recordar, por si hay algún despistado, que el próximo día 17 de marzo se celebra San Patricio, festividad que para más de uno seguro que se trata, como las Fallas, de otro ejemplo más de consumismo llevado al extremo en el que importan más bien poco las raíces y su significado. Y es que en la actualidad parece prácticamente inconcebible que ese día marcado en el calendario (santoral o no) decidas no ir a un pub irlandés (que de pub y de irlandés tienen como mucho el nombre y a veces ni eso) a hacer poco menos que el majareta con el gorrito verde y a beberte “eso” que venden como Guinness (el logo desde luego si se parece al original…). Sí, puedo entender que más de uno se sienta atraído por el trébol verde o quiera llevarse una camiseta gratis, unas gafas de plástico o algo por el estilo firmado por la conocida cervecera para que el orgullo irlandés se apodere de él. Sí, obviando que seguramente en unos días vaya todo ello a la basura, aún así puedo entender que el consumismo y tal dispendio de poco ingenio mercantil se apodere de algún pobre indefenso.

Poniéndonos románticos quizás todo sea más fácil de explicar dada la enorme capacidad que tiene la cerveza en comparación con otros productos para aglutinar a tanta gente, vengan de donde vengan y tengan el estatus que sea. Es formidable. Pero dejando el maravilloso velo del romanticismo a un lado, ¿verdaderamente importa la cerveza en esos casos?

Mirando a otro lado, ¿cuando sacan el reluciente Oktoberfest alemán en tantos medios, se habla de cerveza o más bien de números? Cantidad de litros bebidos, cantidad de turistas, cantidad de jarras que llevan esos armatostes femeninos llamados camareras, cantidad de ebrios atendidos por los sanitarios… Cifras, cifras y más cifras. ¿No os parece triste que la cerveza sea únicamente números? Sí, ya se que quitándole todo el misticismo a nuestra querida espumosa, estamos ante otro producto más que da trabajo y dinero a muchísima gente. ¿Pero sería tan difícil que todas estas fiestas que reúnen a tanto turismo y mueven tal cantidad de líquido (otro doble sentido, hoy estoy lúcido…) también tuvieran asociado un mínimo de interés por la cerveza y no primara únicamente el recuento final de caja? Reitero que la cerveza llega a rincones que otros productos (por ejemplo el vino) no lo hacen, y por ello deberíamos intentar luchar por la cerveza más allá de los ámbitos en los que nos movemos habitualmente, y no conformarnos con que la cerveza sea tratada con respeto y admiración únicamente en los cuatro bares a los que vamos siempre o en esos festivales en los que más o menos ya nos conocemos las caras unos cuantos.

Eventos como el reciente Barcelona Beer Festival merece un 10 en ese sentido, por acercar y conseguir que la cerveza menos común llegue a las manos de tanta gente como sea posible y no solamente a los cerveceros y simpatizantes más allegados. Y esa es la línea que según mi humilde opinión deberíamos seguir si no queremos que esto quede en una falla que ahora pinta muy bonita pero que llegado un día se convierta en simples cenizas del recuerdo. Tenemos algo grande entre manos que ni el más optimista se hubiera atrevido a pronosticar hace 10 o 15 años y aún ahora creo que no vemos bien hasta donde puede llegar. Así que dentro de sus posibilidades que cada uno lleve la cerveza tan lejos como pueda sin dejar que el snobismo, los recurrentes aprovechados y la incansable pedantería se apoderen de ella.

Brindo por la cerveza!

12 mar. 2012

Un poco de coctelería cervecera.


Mientras algunos os habéis dado un fantástico fin de semana cervecero por Barcelona, otros con menos suerte hemos tenido que agudizar el ingenio para pensar lo menos posible en ello (aunque mirando de reojo y esperando con los dientes muy largos noticias en las redes sociales…). Pero yendo a lo que iba, que como siempre tiro por los cerros de Úbeda, este domingo se me ocurrió la idea de probar un poco coctelería cervecera casera y así mantener la mente distraída de perversas tentaciones barceloninas.


Buscando por la red me topé con muchos combinados cerveceros, algunos más clásicos y conocidos, otros directamente un reto para cualquier estómago y cabeza por acostumbrada que esté a cefaleas agudas, y otros eran directamente unas sugerentes tentaciones que no tardaré en probar. A continuación os dejo algunos.


Shandy/Radler (cerveza con limón) y clara (con gaseosa). Simple pero muy conocido. De hecho, ¿quien no lo ha probado alguna vez (y no me seáis mentirosillos…)? En España, según la región reciben diferentes nombres: champú, lejía, pica pika, clara con limón… En Alemania y Reino Unido existen numerosas variantes, con cola, naranja, granadina, utilizando cerveza de trigo en lugar de lager…

Panaché. Una variante del shandy común en Francia y Bélgica. Se utiliza el mismo nombre para la mezcla de cerveza con limón o gaseosa pero también con ginger beer, ginger ale o sidra. En Bélgica por ejemplo estos Panaché los hacen como una mezcla de cerveza Lambic joven con Gueuze o con kriek, y lo llaman respectivamente Panache Gueuze o Panaché kriek.

Heller Moritz. Más variantes del shandy, en este caso utilizando como base una hefeweizen a la que se le añade champagne y una rodajita de limón.

Black & tan. También conocido como Half & Half. Otro clásico. Cerveza negra tipo porter o stout (clásicamente Guiness Draught) y una pale ale (Bass) o lager (Harp). Para que quede bien en dos capas diferenciadas se suele usar una cuchara muy específica. Posee muchas variaciones, incluso en las islas británicas.


Black Velvet. Combinación de champagne (vertido primero) y cerveza negra (Guinness) en vaso largo. Creado para llorar la muerte del príncipe Alberto, consorte de la reina Victoria. Su color es similar a los brazaletes morados que lucían las plañideras.


Bismarck. Variante muy cercana al anterior que se compone de 1/2 pinta de schwarzbier y 1/2 champagne. Su nombre se debe a que por lo visto el canciller de hierro, Otto von Bismark, lo bebía en cantidades exageradas.


Diesel o Snake Bite. Media pinta de sidra de manzana y media pinta de cerveza lager, terminado con un toque de licor de grosella negra. Presenta un color similar al gasóleo agrícola, y de ahí el nombre.

Berliner weisse con sirope. No por ser más conocido podía faltar aquí. Hay 3 variantes más conocidas: verde (con aspérula), amarillo (con limón) o rojo (con frambuesa).


Ponche de malta. 100-200 ml de leche condensada y 200 ml de malta. A más leche, más dulce y al contrario. Agitar suavemente y servir con hielo y bien frío.

Jamaicana. Cerveza, ron (blanco o negro aunque se suele utilizar más éste último), zumo de limón y azúcar moreno.

Michelada. Jugo de limón, sal, jugo de tomate, salsa inglesa, tabasco y cerveza.


Bierschaum. 4 yemas de huevo y 1 clara, 5 cucharadas de azúcar, 3 botellas de 1/3 de cerveza tipo Bock, la piel rayada de medio limón y una pizca de canela. Se pone a fuego fuerte y se bate durante unos minutos.

Churchill. 1/3 de cerveza muy fría tipo Pilsen o Ale Inglesa suave con un shot de Campari.

Flaming Dr. Pepper. Cóctel que no contiene la bebida con el mismo nombre. De llena la mitad o más de una pinta con cerveza lager, la otra mitad con cola. Por otra parte se llena un vaso shot de amaretto y se le prende fuego. Se echa sobre la cerveza y se toma el trago tan pronto como sea posible.


Hangman's Blood. En un vaso de pinta (56,8ml) se vierten 5cl de ginebra, whisky, ron, porto y brandy (5cl de cada), y se rellena el vaso con cerveza stout.

Sake bomb. Un shot de sake (en ocasiones caliente) sobre una pinta de cerveza. El sake se deja caer también tipo Shot bomb.


Irish Car Bomb. Stout irlandesa con un shot de crema irlandesa y whiskey también irlandés.


Tom Bass. Una pinta de la cerveza británica Bass con un shot de Jägermeister.

Submarino. Un clásico de esas veladas que terminan en fuerte resaca. Metemos un vaso tipo shot lleno de tequila dentro de una jarra de cerveza y listo. En Alemania, Polonia y Flandes (según Wikipedia), donde se le conoce como U-Boot (literalmente “submarino”), por lo visto lo más frecuente es hacerlo con vodka. Sea cual sea el destilado, el resultado es una bomba para la cabeza y el estómago. En algunos sitios a la mezcla de una pinta de cerveza con algún shot de whisky, tequila o vodka se lo conoce como Boilermaker y en Reino Unido está formado por una pinta de Pale ale británica con un shot de Bourbon o rye whiskey.


Y creo que ya está bien, que más de uno seguro se me marea con tanto alcohol. Si queréis más, por la red podéis encontrar multitud de ellos, sobretodo en la coctelería británica y alemana. ¿Que os han parecido? ¿Habéis probado alguno? Si es así, ¿los efectos secundarios son tan temibles como aparentan?


P.D. Todas las fotos han sido tomadas de sus respectivas fuentes y por tanto tienen sus correspondientes derechos de copyright.

8 mar. 2012

Thorsteinn: conjugando cerveza y diseño.


Para la sección de las Etiquetas de cerveza de este mes os quiero presentar una idea un tanto diferente para lo que suele desfilar habitualmente por el blog.

En primer lugar, y como podéis advertir en las fotos, las cervezas no poseen una etiqueta propiamente dicha. A falta de más información, todo parece indicar que se trata de unas serigrafías.


Otra peculiaridad es que se trata de unas botellas de Islandia, un país del que pocas notícias cerveceras nos llegan (a parte de con lo que el compañero Birraire nos ilustró estupendamente en su momento).

Pero quizás lo que realmente hace de esta entrada algo peculiar es que su creador, Thorleifur Gunnar Gíslason, es un estudiante de diseño gráfico de 29 años. Así que las botellas y su magnífico diseño no son más que eso, una idea que aún que no ha visto la luz. Según nos cuenta él mismo en su web, el proyecto llamado Þorsteinn (Thorsteinn) Beer, es una idea pensada para una microcervecera islandesa y en caso de que alguien esté interesado entonces las botellas verán la luz.



Abajo os dejo algunas fotos más detalladas que he sacado de su web. Podemos ver que se trata de 9 diseños diferentes, pensados en principio para engalanar la misma cerveza sólo que cambiando el diseño cada año.

 
 
 

Seguro que con diseños como estos más de uno os vendríais al lado oscuro del coleccionismo…

Toda la información y fotos están sacadas de su web.

5 mar. 2012

BBF… ¡Faltan 5 días!


Creo que a falta de menos de una semana para el Barcelona Beer Festival no puede haber nadie que no sepa de este magnífico evento. Mucha información por parte de una organización bastante atenta tanto desde una web completísima como desde las redes sociales, así como el pequeño granito de arena que hemos aportado desde los blogs cerveceros y la prensa, ha conseguido que sea imposible no saber que significan esas siglas: BBF.


Por desgracia, y como algunos de vosotros ya sabéis, por cuestiones que ahora no vienen a cuento finalmente no podremos ir a disfrutar con muchos de vosotros de la gran fiesta que tendrá lugar del próximo viernes 9 al domingo 11 en Barcelona.

Para los despistados o para los que os guste la info bien machacadita, abajo os dejo lo que considero imprescindible de saber.

El evento tendrá lugar en el Convent de S. Agustí, en la Calle Comerç nº36, en Barcelona.

El horario será de 12 a 21h el viernes, mientras que sábado y domingo de 11 a 21h.

A lo largo del fin de semana se podrán degustar hasta 134 cervezas de barril que irán pinchándose por los 36 tiradores existentes en la gran barra allí instalada. Belgas como Brasserie De La Senne, alemanas como Braustelle o Freigeist, británicas como Brewdog, Marble o Meantime, danesas como Mikkeller o Evil Twin, holandesas como De Molen, De Eem o Emelisse, la italiana Brewfist, Nogne e Haandbryggeriet desde Noruega... y así un larguísimo etcétera de cerveceras de prestigio internacional acompañarán a un nutrido número de interesantes representantes “de casa” que harán las delicias de todos los allí presentes.

La degustación de las cervezas funcionará mediante el sistema de fichas que además en este caso serán propias del BBF. En la entrada se podrá comprar un pack valorado en 5€ que incluye el vaso del festival (22cl), la guía con todas las cervezas además de otra información útil e interesante y tres fichas para consumir. Cada cerveza tiene un coste variable de fichas y que va de las 2 a las 4 como máximo.

Las fichas se pueden comprar en dos tipos de packs. El primero incluye 7 fichas y cuesta 5€. El segundo 10€ e incluye 15 fichas.

En cuanto a comida, el equipo del prestigioso Rte. Racó d’en Cesc han tomado las riendas para satisfacer aquellos paladares más exigentes. Además, Edgar y Toni darán una charla de maridajes el domingo a las 12h (aforo limitado a 30 personas).

Además, el sábado a las 16 habrá una charla por parte de Kjetil Jikiun, cervecero de Nogne, en la que se hablará del panorama cervecero actual y comentará su experiencia personal.

Y finalmente el domingo habrá una mesa redonda restringida para profesionales del sector. Aquí tengo que agradecer a la organización haber sido invitado pero, como ya digo más arriba, a la que tristemente no podremos asistir.


Nada más. A todos aquellos que tengáis la oportunidad de asistir y estéis dudando si hacerlo, no perdáis la oportunidad de disfrutar de tal joya ya que estoy completamente seguro de lo maravilloso que será. A los si que vais, que disfrutéis mucho, aunque eso ya se os presupone. Desde el sur de Valencia y con mucha envidia sana, os escudriñaré gracias a los ojos de algunos amigos cerveceros que habrá repartidos por allí a lo largo del fin de semana. Por mi parte ya estoy esperando la edición del año que viene a la que espero no fallar!

2 mar. 2012

Pensando en calificaciones y medallitas...


Para el post de las Reflexiones de un Hophead de este marzo tenía pensado un tema bastante interesante pero al igual que ocurrió el mes pasado, una cuestión con la que no contaba que por otra parte ya ha sido tratada alguna que otra vez, me ha hecho dejar ese tema para más adelante. Y es que aquellos que estéis al tanto de los foros y blogs en inglés seguramente os habréis enterado de que Ratebeer ha sacado sus Ratebeer Best 2012 hace menos de una semana, es decir, supuestamente la crême de la crême de la cerveza durante el año anterior.

El que más y el que menos ha consultado alguna vez esa conocida web en la que se encuentran inventariados y clasificados por nota infinidad de fabricantes, cervezas, bares, brewpubs y un largo etcétera de cosas relacionadas con la cerveza aunque se encuentren en la esquina más inhóspita del mundo. Aunque en verdad, eso no es más que la punta con más seguidores, ya que además existen algunas cosas interesantes (haberlas haylas…).

Aquellos que hayáis dedicado un tiempo suficiente a observar detenidamente los datos de los famosos podios y clasificaciones seguramente habréis detectado que hay datos como mínimo peculiares. Si alguna vez habéis mirado alguna cerveza quizás os hayáis topado con que quizás esté valorada muy a la baja mientras que otras, frecuentemente norteamericanas, poseen casi siempre notas muy superiores, algo que aunque no debiera ser así, es fácil de explicar dada la enorme cantidad de “raters” norteamericanos que participan en esa web.

Pero volviendo con la razón del post (que me voy por los cerros de Úbeda como casi siempre… ;P) como no tenía otra cosa mejor que hacer, ayer por la tarde me puse a revisar detenidamente los resultados de estos “top 2012” y me encontré con varios datos como mínimo curiosos que cito a continuación.


Entre el listado en el que se clasifican a los 100 mejores cerveceros del mundo, podemos ver que entre los 10 primeros solamente hay un elaborador de fuera de USA, Struise Brouwers. Y dejando de lado el justo mérito que tienen éstos genios de Flandes, no me diréis que el número no es curioso… Pero es que la cosa no es mucho mejor si nos fijamos en los 50 mejores, ya que en ese caso solamente existen 10 cerveceros de fuera de USA, y de los cuales 5 son belgas. Y mirando el listado completo vemos como 67 son de USA y 33 de otros países, con la siguiente distribución:

USA – 67 / Bélgica – 9 / Alemania – 4 / Dinamarca - 4 / Canadá – 3 / Inglaterra - 3 / Escocia 2 / Holanda – 2 / Noruega – 2 / Italia – 1 / Nueva Zelanda – 1 / Suecia - 1

No me diréis que no os llama la atención la falta de algún país y sobretodo un mayor número de representantes en algunos de los presentes… Pero avancemos.

En ese mismo listado también podemos ver como actúan las modas ya que entre los 4 primeros países que son de fuera de USA, encontramos que la citada Struise (nº9), De Molen (nº12) o Mikkeller (nº16) no llevan más de 10 años en la palestra (solo se salva Westvleteren en la posición número 13 y ya sabemos la burbuja que ésta cervecera suele generar). ¿Es esto signo de que las mejores cervezas que podemos encontrar las elaboran los cerveceros modernos? Creo que más o menos estaremos de acuerdo con que no es necesariamente así.

Otro ejemplo al respecto de lo citado en el anterior párrafo. Entre esos 100 mejores existen 4 cerveceras de Dinamarca (después de Bélgica es el segundo país mejor situado sin contar los USA). Creo que no me equivoco si digo que las 4 (Amager, Beer Here, Evil Twin y Mikkeller) no superan los 6 o 7 años de antigüedad. Y un clásico, Reino Unido, tiene colocadas 5 cerveceras (porque junto Inglaterra y Escocia, que están separadas en la lista): Brewdog, The Kernel, Harviestoun, Samuel Smith y Thornbridge. Si no me vuelven a fallar las cuentas creo que solamente Samuel Smith y Harviestoun superan los 10 años.

Siguiendo con la misma lista (que como veis da para mucho…), algo que me sorprende no por calidad (que es más que contrastada) sino por la anormalidad de aparecer en éstas listas, es encontrar a 4 representantes de Alemania: Schneider, Ayinger, Weihenstephan y Heller (Schlenkerla para los amigos). Lo curioso es que quitando a Aying, las otras tres aparecen consecutivamente, con los números 61, 62 y 63. Casualidades de la vida.

Bélgica logra meter a 9 representantes, que en orden creciente son: Struise, Westvleteren, Rochefort, St. Bernardus, Cantillon, Dupont, Het Anker, Fantome y Achouffe. Clásicos casi todos ellos merecidamente reconocidos sí, pero típicos y tópicos en cualquier clasificación al respecto que se precie. Nada que añadir.

Pero volviendo con los números generales, me parece algo curioso ver como dejando a un lado los EEUU y los 4 países europeos citados líneas más arriba (U.K., Dinamarca, Bélgica y Alemania) sólo encontramos en todo el mundo a dos representantes holandeses (el lógico De Molen pero la gran sorpresa de Koningshoeven/La Trappe), tres europeos nórdicos que se suman a la citada Dinamarca (Nogne y Haandbryggeriet de Noruega y Dugges de Suecia), un italiano (B. del Borgo), un neozelandés (8 Wired) y 3 canadienses (Dieu Du Ciel, Charlevoix y Unibroue). Ni rastro de Rep. Checa o de otros países. Pero volviendo con las teorías conspiranoicas, también me parece singular que de los 12 últimos países del listado haya 6 de fuera de USA, como queriendo compensar un poco el “desbarajuste casero”.

De las numerosas categorías de que consta el Ratebeer Best 2012, quisiera centrarme en otra más, y con esto termino. Me refiero al listado de las 50 mejores cervezas del mundo. En él podemos ver varias cosas:

- En total encontramos 17 de 50 no estadounidenses (algo es algo…): Westvleteren, Cantillon, 3 Fonteinen, Mikkeller, De Molen, Struise…
- De las 5 mejores cervezas hay 3 europeas: la incombustible Westvleteren en la primera posición, la Närke Stormakporter en el número dos y la Rochefort 10 en quinta posición.
- Pero ahora se empieza a enredar la cosa. Si nos fijamos en las cerveceras que elaboran las cervezas no estadounidenses, podemos ver cómo las 17 cervezas en realidad pertenecen a 10 fábricas únicamente, llevándose la palma Cantillon y Mikkeller con 3 representantes cada una, y Struise, Westvleteren y 3 Fonteinen dos para cada una. Pero es más, no sé que opinarán aquellos que no sean muy amantes de las elaboraciones yankies o belgas ya que solamente Narke (Suecia), De Molen (Holanda), Mikkeller (Dinamarca) y Dieu Du Ciel (Canadá), logran colar alguna muestra suya entre las 50.
- Pero sigamos dándole vueltas a la cosa y veamos los estilos. En ese sentido podemos ver que nada más y nada menos que 25 de las 50 cervezas son imperial stout (arrea con el dato…). De las 25 restantes hay 7 imperial IPA (¿como puede ser?...^^), 7 lambic/gueuze/sour ale, 5 quadrupel/belgian strong ale, 2 barleywine, 2 american strong ale y finalmente 2 curiosidades, una old ale de Michigan y, atención, una berliner weisse con fruta de la pasión y pitaya (ésta situada ni más ni menos que en el número 8 de las 50 mejores). Sacad vuestras propias conclusiones…

Y antes de terminar, aunque sea únicamente una curiosidad, destacar que los que vivimos en la península podemos estar orgullosos de que la gente de todo el mundo ha decidido que al lado de 28 bares/cervecerías de USA, 5 de Bélgica, y un sinfín de lugares más hasta sumar 50 (aquí ya aparece R. Checa, Francia…), podemos encontrar el Drunk Monk de Mataró, la cual cosa, aún siendo tomada con pinzas, no deja de ser tremendamente meritorio.

Ya para terminar, a lo que quería llegar con todo esto (que venga a ser dicho de paso me ha costado lo mío sacarlo, no os creáis ;P), es a que conozco mucha gente (algunos de ellos llevan tiendas online o físicas, otros bares, otros son elaboradores, algunos escriben blogs…) que siguen a pies y juntillas lo dicho en esa u otras webs de calificación, algo totalmente respetable, quede esto bien claro. Pero viendo los datos anteriormente expuestos (y otros que he preferido no poner para no hacerlo muy largo), me pregunto si realmente tiene sentido prestar atención a todo esto como creyentes obcecados ante una verdad muy parcial, partidaria e incompleta, como si no hubiera otra palabra sagrada que nos guiara a todo el rebaño de cerveceros, o si por el contrario éstas webs no dejan de ser una herramienta útil en algunos casos pero que deben tomarse con muchas pinzas en la mayoría de los casos. No sé, en mi opinión quizás éstas clasificaciones sean un estudio bastante pormenorizado al respecto de lo que más mueve por el mercado estadounidense, pero fuera de eso tomar un listado que no contempla algunos estilos clásicos verdaderamente interesantes y que ofrece una desmedida homogeneidad estilística como la línea a seguir me aburre sobremanera. Pero bueno, esto es sólo una opinión. ¿Cómo lo veis vosotros?