27 sept. 2012

Mejores cervezas del mes: Septiembre ’12.



Los más atentos seguramente advertiríais que el pasado mes no publicamos el podium de las mejores cervezas, y es que los diferentes post de la Bretaña francesa acapararon el protagonismo del blog por completo a finales de agosto. Así que este mes toca trabajo de concreción y en lugar de juntar las de los dos meses en una misma entrada hemos elegido cinco cervezas y finalizamos con una pequeña recapitulación de las mejores cervezas que probamos en Bretaña.


Para empezar, vamos con una estadounidense con el lúpulo como protagonista, algo que es casi una excepción según he podido comprobar repasando los posts de los meses anteriores. Se trata de Hop Master’s, una “belgian doble IPA” (para los amantes de la friki-taxonomia-cervecil), elaborada por una de mis cerveceras yanquies favoritas, Hoppin’ Frog. Se muestra de color dorado anaranjado, con una turbidez media, por la que ascienden infinidad de burbujas minúsculas hasta formar una espuma abierta pero persistente de color blanquecino. En nariz es una explosión de matices, con notas a fruta tropical (papaya, piña, fruta de la pasión…), naranja y limón, y también algo de heno y resina. Muy sugerente. En boca entra sedosa, con carbonatación de intensidad media pero burbuja pequeña, y dominan las mismas notas a fruta tropical y cítrica ya citadas, lúpulo resinoso y floral sobre una base en la que se perciben las lógicas notas a levadura así como un punto a caramelo y biscuit. Final amargo persistente pero no excesivamente intenso. En definitiva se trata de una cerveza sabrosa, de cuerpo contundente, pero que al mismo tiempo se deja beber bien.



La segunda es una cerveza que me consiguió Fernando “elgolforastitas” (desde aquí le doy enormemente las gracias), la Fullers Past Masters Double stout (otra “doble”…). Posee un aspecto realmente seductor, vestida de negro azabache, totalmente opaca, con una espuma beige prieta y persistente. En nariz es espectacular, con notas a torrefactos, algo de café y una pizca de chocolate negro también, y más de forma secundaria ciruelas pasas y algo de regaliz. En boca entra ligeramente sedosa, con carbonatación fina, con una amalgama de sabores de la que nada despunta ni desentona. Entra cítrica para pasar rápidamente a dar torrefactos de forma más suave que en nariz y muy persistentes. Luego entra en juego el chocolate y el café de forma elegante aportando un ligero amargor. Cuerpo medio y final a frutos secos. Una cerveza excelente, redonda, sabrosa y de entrada sorprendentemente fácil pese a sus nada desdeñables 7,4% de alcohol.



La siguiente, la Rauchstar, es una colaboración entre dos de los gypsies cerveceros con más nombre en la actualidad, Mikkeller y Stillwater. Del primero, Mikkeller, me he encontrado tanto gratas sorpresas como auténticos chascos para el precio elevado de casi todas sus elaboraciones. En cambio, las 5 o 6 elaboraciones que he probado de Stillwater me han dado únicamente alegrías. Así que sabía que no me iba a dejar indiferente. Se muestra con un color marrón oscuro surcado por unos pocos reflejos cobrizos, coronada por una espuma beige compacta y con buena retención. En nariz empieza con un golpe a lúpulo tipo americano, resinoso y en menor medida cítrico, y luego ofrece frutos secos, madera, algo de heno, sobre un fondo con mucha fruta oscura destacando la ciruela negra. Se percibe también un punto ahumado más cercano al bacon que al humo propiamente dicho, pero de una intensidad mucho menor a la esperada (el nombre sugestiona, y mucho). Ya hacia el final se percibe también regaliz negro. Muy curiosa. En boca entra acaramelada, pero rápidamente toman el protagonismo los lúpulos resinosos que aportan un amargor que persiste a lo largo de todo el trago. Aparecen de forma más discreta las notas a humo. Final seco y ligeramente áspero. La sensación de calidez es muy elevada, aportando cierto picor alcohólico que invitan a tragos cortos y la degustación pausada. En conclusión, una cerveza ahumada muy alejada de los clásicos, que no deja indiferente pero en mi opinión bastante interesante.



Tras la parrafada anterior, vamos con la Alvinne Land Van Mortagne, una cerveza a la que le tenía mucho respeto (hay que mentalizarse para afrontar 13,9% de alcohol) pero que tras probarla os recomiendo y mucho. En este caso se muestra con un bonito color caoba con turbidez elevada, espuma beige abundante de bajada lenta que deja un lacing discreto. En nariz es una auténtica sinfonía y de las buenas, con notas vinosas, a madera y vainilla, algo de vinagre, fruta oscura tipo grosella y ciruela, pero también a uva tinta, así como un ligero toque alcohólico mucho más integrado de lo esperado. Muy compleja. En boca entra con una carbonatación elevada que ayuda a facilitar el paso por boca. Ofrece notas a fruta negra dulzona, que también recuerdan a melaza y regaliz, un curioso punto ácido, recuerdos a reducción de vinagre balsámico, así como un punto a chocolate negro amargo. Calidez persistente a lo largo de todo el trago y corpulencia elevada, pero pese a ello no me queda la sensación de una cerveza tosca, empalagosa o cansina, en parte gracias al punto justo de amargor y la citada acidez. Una auténtica gozada.



Y la última, antes del breve resumen bretón, es una de las artesanas que me dejó absolutamente fascinado hace tan solo unos días, la Agullons Edgard, la cual funcionó como maravilloso maridaje para nuestra primera “fiesta carnívora” otoñal. Posee un color anaranjado con algunos reflejos amarillentos, turbidez media y espuma beige de rápida formación y caída lenta. En nariz destaca el lúpulo cítrico, y en menor medida también resinoso. Por detrás aparecen notas a melocotón, confitura de naranja y albaricoque, así como pan y biscuit. En boca entra fluida, con carbonatación media bien integrada, muy afrutada, con notas cítricas y un punto ásperas hacia el final, con limón, ciruela amarilla y níspero. De fondo, un punto resinoso, a levadura y frutos secos. Como si te estuvieras comiendo un bizcocho líquido de frutas frescas y confitadas, espolvoreado por algunos frutos secos. Hasta el momento mi admiración hacia las manos de Carlos se centraban especialmente en su Setembre, pero ahora el gozo lo comparte esta pale ale monovarietal de Cascade que podría tomar hasta el infinito sin cansarme. Sencillamente maravillosa.



Y para finalizar el post, a todo el que vaya a la Bretaña francesa le recomendaría que no se perdiese:
- Las muchas y muy ricas stout que por allí elaboran: Philomenn, Penhors, Dremmwel, Lancelot Telenn Du
- Lancelot Cervoise. Una cerveza de gran nivel elaborada a base de plantas y hierbas (no se sabe cuales ya que la receta es secreta) inspirada en las antiguas cervoise en las cuales no se usaba lúpulo.
- Tri Martolod Rousse: una demostración magistral de cómo juntar lúpulos de última generación con otros más tradicionales y que además la cerveza no sepa únicamente a lúpulo.
- Tomarse las diferentes ales británicas en la micro Les Fous, tiradas en hand-pump. Una gozada. En botella, quizás demasiado carbonatadas.

24 sept. 2012

Mi corta pero intensa evolución cervecera.



En su momento el compañero Max me sorprendió muy gratamente con un post en el que mostraba sin tapujos cual había sido su evolución en este maravilloso mundo de la cerveza. Me pareció una reflexión muy interesante y de la cual se podrían extraer buena cantidad de conclusiones así que pensé en hacer lo mismo sin más pretensiones que compartir una introspección en voz alta. Vamos pues allá.


La verdad es que me hubiera gustado decir que empecé a tomar cerveza desde bien pronto, casi como un sustituto de la leche materna, pero no. Mis primeros contactos con nuestra querida fermentada de cebada fueron tarde, muy tarde, a pesar de estar rodeado de amigos y familiares que la tomaban a diario. Por una razón que sigo sin comprender mi paladar no hacía muy buenas migas con el sabor áspero y amargo de los botellines de Aguila-Amstel, San Miguel o Damm (Mahou, por aquella vieja manía de los valencianos hacia todo lo que viene desde Madrid, no entraba en casa de mis padres). Así que como mucho me atrevía de tanto en tanto con algunas refrescantes claras (cerveza con gaseosa… sí, lo confieso…).

Finalizando la adolescencia, momento en el que muchos decantamos nuestras preferencias por algo líquido (y alcohólico), elegí el vino. Y rápidamente empecé a sumergirme más y más en ese universo: variedades de uva, denominaciones, terroirs, bodegas, coupages… Algo fascinante a pesar del aura snob y en ocasiones algo pedante que rodea a todo este mundo. Pero llegó el boom y con él se multiplicaron los vinos “corrientes” con etiqueta de corte moderno y a precio de oro, el número de catas y con ellas los “entendidos” (ya me entendéis...), las enotecas y vinotecas, los libros, artículos y monográficos en periódicos y revistas, más libros… En fin, que me harté un poco de todo ello y preferí apartarme de esa burbuja, siendo la pasión por un lado y la curiosidad por desgranar el contenido del vaso por otro, lo que trasladé a la cerveza, que ya me gustaba.

Por esa época la cerveza la consideraba poco más que una simple excusa para juntarme con amigos, colegas o familiares, sobretodo como aperitivo, y en ningún momento profundicé más allá de las premium lagers comerciales de aquí. Hasta que de repente un día mis papilas quedaron absolutamente fascinadas con la Voll Damm, cerveza que durante mucho tiempo fue prácticamente la única opción que elegía al salir. Y lógicamente, a raíz de la conocida “doble malta” (por cierto, estrategia de venta muy exitosa, estemos o no de acuerdo con su significado), empecé a buscar más allá: Alhambra Reserva, Mezquita, entre otras cervezas que ofrecían algo más que el resto de clones. Además, como buen coleccionista, me hizo gracia empezar a guardar las botellas de las cervezas que bebía. Y así, con una excusa más, seguí buscando y probando.

 Cuantos buenos momentos me dio ésta cerveza...

Así vinieron las cervezas que encontraba en hípers y súpers (en ese sentido es de destacar la vasta oferta que por aquellos entonces tenían los hípers de la conocida cadena de almacenes del triangulito verde), las weizen alemanas (que rápidamente pasaron a convertirse en mis cervezas favoritas…), alguna que otra belga y muchas lagers. Cuando se me quedó corto tal repertorio empecé a buscar por las tiendas de productos foráneos, y cuando parecía que se terminaban las posibilidades, de repente y como caída del cielo en una de esas búsquedas por la red me topé con un edén muy próximo a mi casa: la Cerveseria Quintana.

Y es que hace no demasiado, encontrarse dos neveras de cuerpo entero no era lo más habitual, y menos aún en un pueblo de poco más de 5000 habitantes situado a más de media hora en coche de la capital del Turia. Que si el aura que rodea a las cervezas trapenses, el curioso sabor de la Rodenbach o la Duchese de Bourgogne, el lúpulo de la Hommelbier, dos grandes teutonas como Schneider Aventinus (ahora TAP6) y Weihenstephaner Vitus, el vaso de la Kwak, las curiosas botellas blancas de Delirium Tremens y Gulden Draak… Aquel vergel de perdición líquida con casi 100 referencias parecía interminable y, no nos olvidemos, estaba repleto de etiquetas en continua rotación… ;-)

  Pasan los años y éstas alemanas siguen entre mis favoritas.


Con el tiempo, lógicamente las neveras fueron quedándose pequeñas y empecé a repetir, pero también a buscar más allá para saciar mi creciente avidez. Fue entonces cuando aparecieron en mi vida las tiendas online. ¡Eso sí que fue una perdición! Una barbaridad de cervezas a unos pocos clicks de casa…

Por esas alturas las cervezas belgas acaparaban mis preferencias. Dulzonas, especiadas, corpulentas y un tanto alcohólicas (en algunos casos demasiado), pero las veneraba. Por el contrario no podía con las cervezas británicas (aunque tampoco había probado tantas como para afirmar algo de forma tan taxativa), especialmente las stout (cuanto daño hace la Guinness y sobretodo quienes la regentan en este sentido…). Pero con eso de ir probando más y más les fui pillando la gracia (muy poco a poco, eso sí) y también a las cervezas con el lúpulo como protagonista (no sabría decir si lo primero llevó a lo segundo o viceversa). Con esta florecilla fue casi como un amor a primera vista. Flechazo rápido y a pesar de algunos encontronazos, extremos en algunos casos, caí perdidamente enamorado de sus virtudes. IPAs, doble IPAs, que si yanquies, británicas, belgas, nórdicas… Un mundo en sí mismo.



Y casi sin pensarlo me embarqué en esto de los blogs cerveceros, muy virgen y sin las ideas muy claras aún, pero con mucha ilusión y con unas ganas enormes de aprender cada día un poquito más.

Pero volviendo a la cerveza, llegó un momento en el que me di cuenta de que las stout, y más aún las imperial stout, se habían cruzado unas cuantas veces de forma satisfactoria en mi camino, así que empecé a profundizar. En este sentido hubo un nombre que me abrió los ojos de la perversión “petrólea”, la Nogne Imp. Stout, una cerveza mayúscula. Luego vinieron todas las demás, que si pasos por barrica, rarezas con ingredientes como café, chocolate o chiles… pero aquella botella ataviada con la etiqueta de la O rayada en color azul nunca se me olvidará.


 
Por esas alturas una de las cuentas pendientes seguían siendo las cervezas espontáneas ya que desgraciadamente por aquellos entonces no existía la disponibilidad actual para elegir, y como mucho nos teníamos que conformar con alguna de las copias adulteradas de las megacerveceras belgas. Hasta que un día cayó en mis manos una Cantillon, concretamente la Gueuze (¿qué mejor manera de desvirgarse, no?), algo que tanto y tanto tiempo había estado esperando, temiendo que lo más probable es que no me gustara como a tantísima gente antes. Pero fue acercarme la copa y ese elixir acre me enamoró casi con solo olerla, más aún que el mundo del lúpulo en su día. Así que fueron desfilando por mi paladar una tras otra, que si gueuzes, lambics de frutas, sour ales y rarezas varias, quedando cada vez más atrapado entre las ácidas fauces de este mundo. Además, y por si no estaba ya bastante seguro de mi amor por las espontáneas, el magnífico viaje a Bélgica de hace aproximadamente un año ahondó más si cabe esa pasión.



Cuántas más cervezas probaba, más quería conocer, y así, buscando incansablemente, llegaron dos maravillosas revelaciones que me marcaron un antes y un después: Schlenkerla Märzen así como Urbock. Mucho había leído al respecto por lo que les tenía verdadero pánico a esas granadas de humo alemanas, pero más que una experiencia negativa fueron la confirmación de que lo mío es ir contracorriente. Al igual que las espontáneas, las rauchbier y las cervezas ahumadas en general fueron un flechazo que dura hasta hoy en día.



Lo siguiente, muy reciente pero aún así no sabría decir el cuando ni exactamente el porqué, fue darme cuenta de que me había vuelto un apasionado por las cervezas británicas, y en menor medida, de las alemanas menos rimbombantes. Quizás fuera consecuencia de hartarme de las cervezas extremas y/o descompensadas, con mucho alcohol, lúpulo o dulzor… O por decirlo de una forma más romántica, algo así cómo quien anda por un camino tortuoso, un tanto perdido y desorientado, y de repente ve la luz con algo aparentemente tan sencillo y que le llena por completo.

 Por qué pocas cosas cambiaría una pinta de una buena ale británica...


Seguramente os habréis percatado de que en todo este recorrido cervecero personal faltan las cervezas artesanas locales. Pues si no me falla la memoria las probé por primera vez más o menos por la misma época en que conocí las tiendas online y tengo que reconocer que me ilusioné irracional y desaforadamente: tanta oferta y de tantos lugares… Pero fue pasando el tiempo, y con éste la cartera fue menguando, y fui quedando más y más decepcionado, con excepciones muy contadas. Una frase que quizás encajaría con la sensación que tenía podría ser: “bueno, no está mal, tampoco es ninguna cosa del otro mundo pero para lo que cuesta…”. Así que llegó un momento en el que no quería ver las artesanas ni en pintura. Seguían saliendo como setas en otoño, casi de forma exponencial, y lo poco que probaba no me decía mucho más que todo lo anterior. Pero hace un año o así empecé a ver la luz al final del túnel y de un mundo en el que parecía primar la homogeneidad y un nivel de aprobado raspado (siendo muy benevolente), pasé a encontrar elaboraciones que se desmarcaban con una creciente calidad. Así que volví a meterme en el ajo, pero cuando aún no había ni tomado aire vinieron las ediciones especiales, las colaboraciones y demás denominaciones que en el fondo (y salvando unas cuantas excepciones, que las hay y muy buenas…) no eran más que elaboraciones algo más especiales a un precio sustancialmente superior. Así que por efecto rebote me volví a alejar, esta vez más ilusionado y confiado por ver cómo se iban haciendo mejor las cosas, pero más exigente si cabe y dejando de lado viejos arrebatos.


Y de este modo llegamos a la actualidad, momento en el que casi sin darme cuenta me he convertido en uno de los veteranos en esto de los blogs cerveceros (aunque en el fondo sigo siendo el mismo pipiolo que empezó con algunos conocimientos más), gozando de un abanico gigantesco de posibilidades, con un panorama verdaderamente ilusionante, con decenas de tiendas físicas, online y bares que ni en los mejores sueños hubiera imaginado, pero buscando la sencillez y las cosas bien hechas en lugar de tanto experimento, que de tanto abusar terminan por cansar hasta el beerhunter más inconformista.

Y para cerrar un post tan personal no podía sino hacerlo brindando y compartiendo alguna de esas cervezas clásicas que en su momento me enamoraron y nunca me canso de repetir: Orval, Rochefort 10, Chimay azul o Schneider TAP6. Y de fondo, sonando una de mis canciones favoritas de Warcry (sí, soy puro corazón metalero).


¡Prost, amigos!

* Todas las fotos tienen sus respectivos derechos de autor.

17 sept. 2012

Oktoberfest sí… en líquido o en etiquetas.



No sé cual es vuestra opinión sobre la Oktoberfest, festividad muniquesa que empieza este próximo sábado día 22 y que genera sensaciones contrapuestas a partes iguales. En mi caso, tras asistir a varias de esas macro-celebraciones por el territorio peninsular, muchas de ellas auténticos clones a la baja, poco fidedignas y atiborradas de gente, este año me he propuesto abstenerme de visitar ninguna de ellas. Tengo varias cervezas alemanas por la despensa, eso sí, ni märzens ni oktoberfestbier cómo mandaría la tradición, tampoco ninguna rareza o extravagancia, pero con ellas pienso hacer un homenaje a una fiesta que de por si me parece muy interesante, pese a que algunos se empeñen únicamente en destacar la cantidad de maß consumidas en tan pocos días, los kilos de carne de cerdo devorada o la estratosférica cifra de basura generada por los millones de visitantes al alza año tras año. Sí, me he quedado bien a gusto… ;).

Seguramente sepáis que las Oktoberfestbier únicamente la pueden elaborar 6 fábricas (Augustiner, Löwenbräu, Hacker Pschorr, Hofbräu, Spaten y Paulaner) que están situadas dentro de los límites de la ciudad de Munich, al menos con ese nombre en la etiqueta, pero son numerosas las cerveceras tanto bávaras como alemanas, e incluso de otros países, que elaboran sus versiones.

 Carteles sacados de aquí.

En cuanto a su contenido, las Oktoberfestbier tienen su origen en las märzen, las cuales como indica su nombre se elaboraban recién empezada la primavera, en el mes de marzo. Y es que antiguamente, cuando los métodos de refrigerado se limitaban a cuevas con hielo o bodegas bajo tierra, el mes de marzo señalaba el fin de la temporada de elaboración de cerveza para evitar que las altas temperaturas y las posibles infecciones mandaran al traste toda la producción. Tras un tiempo de guarda, estas märzens se consumían a finales de verano y los excedentes aguantaban como mucho hasta octubre, momento en el que debían dejar de ocupar los barriles para que fueran llenados con las nuevas elaboraciones producidas a principios de otoño.

Así que casi sin quererlo nacieron las Oktoberfestbier, märzens en origen pero con más tiempo de reposo, con los consiguientes cambios a todos los niveles. Por desgracia, en la actualidad estas cervezas de precioso color ámbar profundo, marcado carácter maltoso en nariz y en boca, y final limpio y nada empalagoso, han ido quedando en prácticamente una anécdota ya que es su prima rubia y más ligera, la Helles, la que acapara la mayor parte del protagonismo en las jarras de la citada fiesta.

Foto de unas apetecibles oktoberfestbier. Tomada de aquí.

A continuación, como adelantaba en el título y así de paso recupero la sección de las etiquetas, os dejo unas muestras especialmente creadas para dichas cervezas. Algunas de ellas son auténticas obras de arte. Eso sí, prepararos para una buena sesión de dirndls y de banderas bávaras ;).



 Para empezar, arriba tenéis las citadas muniquesas. Abajo, una comparativa de las etiquetas de Left Hand, la anterior y la última versión.



 
 
No me negaréis que es bien curioso ver la rana de Hoppin Frog, el ganso de Goose Island, el extraño bichejo de Duck-Rabbit o incluso las pirámides de Pyramid Brewing ataviadas con la simbología de la Oktoberfest.

 



Sobre estas líneas, Stevens Point y Penn Brewery, más clásicas pero también muy bonitas. Abajo, una curiosa versión inglesa, de Ascot Ales.


 
Arriba, no por conocida deja de ser una pasada esta versión de Flying Dog ilustrada por el inconfundible Ralph Steadman. Abajo, desde Magic Hat Brewing nos llega esta Hex, con un aire ciertamente negro.



 Arriba, la versión de la prestigiosa Avery, rompiendo la monotonía colorista. Abajo, hasta los suecos de Oppigards se apuntan al poder blanquiazul…



Para los que os sepa a poco este post y queráis conocer más sobre la fiesta aquí os dejo el enlace del post que el amigo JAB publicó el año pasado más o menos por estas fechas. Como siempre, muy detallado y rebosante de interesantes detalles.

¡Prost!

13 sept. 2012

Laugar Brewery (2). Cervezas.



Hace unos días charlábamos con Eneko para conocer un poco más a la gente de Laugar y cual es su filosofía. Hoy es el turno de sus elaboraciones, las cuales empezaron a sonar con mucha fuerza tras el Birrasana 2011, una de las razones por las que me puse en contacto con Eneko, quien a su vez tuvo el detallazo de pasarnos cuatro de sus elaboraciones en la pasada edición de Mediona.

Cómo nos decía en la citada entrevista, no tienen elaboraciones fijas aunque sí unas cuantas que intentan tener más o menos disponibles como Gorri, Pasote, Ehun IBU, CCVII IBU, Tripa, Ortobeltz y Txorrañejo. Para los que no sigáis sus peripecias feriales, son unos auténticos cachondos con muchas ganas de fiesta. Prueba de ello son algunas de las perlas que usan para definir sus cervezas y que os dejo más abajo junto con nuestras impresiones.


Lau Pasote (Tostada con pasas, 6,4%, 23 IBU). Palabras suyas literales: “Análisis gusto: Ligero recuerdo a Plumcake de pasas, nueces y avellanas. (Nota: la cata la hizo mi perro)”.

Una vez servida posee un aspecto inmejorable, con un color ambarino oscuro, turbidez media y una bonita espuma beige compacta y de buena retención. En nariz es muy sugerente y expresiva ofreciendo notas a frutos secos sobre una base de fruta muy madura que recuerda a ciruelas y pasas, con un toque marcado a alcohol y un punto a regaliz y plátano. En boca se muestra más redonda que en nariz. Entra ligeramente sedosa, con carbonatación abundante pero bien integrada. Destacan otra vez las notas a frutos secos y pasas, junto con algo de ciruela. Calidez elevada durante todo el trago, aportando un leve punto seco que recuerda a madera. Amargor no contundente pero si presente, sobretodo hacia el final. Una cerveza sorprendente y muy bien hecha.


CCVIII IBU (Doble IPA, 7%, 208 IBU). Ellos definen a esta “Hardcore Doble IPA” elaborada con maltas base, caramelizadas y centeno, como “Lúpulo a cañón”.

En aspecto podemos ver que forma una abundante espuma beige, esponjosa y duradera, bajo la cual ofrece un líquido color ambarino de turbidez media alta y copiosa carbonatación de burbuja pequeña. En nariz entra con mucha resina y hierba seca, sobre una base malteada sólida que ofrece notas acarameladas, ligero toffee y chocolate. Con más temperatura muestra cierto recuerdo a albaricoque y melocotón, así como fruta tropical tipo papaya o mango. Muy seductora. En boca entra cremosa, con una buena base de toffee, bizcocho y caramelo, que compensa estupendamente el potente amargor. De medio trago hacia el final vuelven a mostrarse las notas afrutadas de melocotón en un principio y a fruta tropical después. Final amargo, cálido y resinoso. Concluyendo, una cerveza de perfil lupulado potente pero bien compensada.


Tripa (6,9%, 60 IBU). “Perdí el sentido del olfato al verla” y en boca “puede que te tiña de rubio este tornado lupulado y si logras soportarlo, te verás recompensado”.

En aspecto muestra un torrente de carbonatación de burbuja pequeña que asciende hasta formar una espuma de poco espesor, poco porosa y de color beige. Bonito color cobre (que por cierto, no se aprecia nada bien en la foto...) y turbidez media. En nariz muestra resina pero también bastante caramelo, toffee y un punto cítrico, además de fruta fresca como melocotón y golosina de plátano, junto a un punto alcohólico y vainilla. En boca entra cremosa, con una sensación de calidez que perdura todo el trago. Carbonatación media y bien integrada. Las notas vuelven a ser las mismas, con resina y fruta fresca tipo tropical, así como caramelo y vainilla. Final ligeramente cítrico y resinoso, de amargor medio y con un recuerdo a frutos secos. Ligero toque alcohólico también hacia el final, duradero. Una IPA un tanto distinta, quizás un punto empalagosa para mi gusto, pero bien terminada.


Ortobeltz (Porter, 6,2%, 43 IBU). Más perlas made in Laugar: “Mira a tu alrededor, busca una churrería que el chocolate ya lo ponemos nosotros.”

Luce un color caoba casi opaco (otra vez en la foto parece otra cosa...) en el que únicamente se dejan entrever unos tímidos reflejos cobrizos. Un torrente de burbujas minúsculas ascienden hasta formar la espuma de color beige intenso, de porosidad pequeña y buena retención. En nariz muestra notas a frutos secos y recuerdos a madera recién cortada. En un segundo plano aparecen torrefactos y café, así como un ligero recuerdo a chocolate y toffee. También se perciben notas como a hinojo y pasas. En boca entra sedosa, con una carbonatación muy bien integrada y de burbuja fina. Destacan los torrefactos, el café y la madera, y luego también notas más dulzonas como a ciruelas y uvas pasas, pero con un contrapunto muy curioso tipo cítrico y medicinal, que deja un final seco y fresco que combina sorprendentemente bien con los torrefactos. Muy curiosa.


Otras elaboraciones que no pudimos probar pero que merece la pena recordar (ahora veréis el porqué…) son:

- Gorri (Red ale, 7,8%, 23 IBU). “Estas navidades olvídate la botella del mono, coge tu Gorri y siéntate en tu trono”.
- Ehun IBU (Doble IPA, 8,6%, 107 IBU). “Como un racimo de ostias de lúpulo”.
- Paleto (Pale ale, 8,9%, 32 IBU). “Visual: color marcelino, miel, mostaza y pino” “Olfato: mueble viejo de Luis XV”. “Gusto: mueble viejo de Felipe II (ojo, sin barnizar)”. “Análisis general: cerveza madurada en barrica de Secuolla, si soplás más de 3 se te irá toda la olla”.
- Kanelo (Pils Ale, 6,4%, 19 IBU). “Olfato: ¿Recuerdas a que huele el arroz con leche?”. “Gusto: arranca tu "Delorean" y viaja al pasado para disfruta con esta reinterpretación cervecil de tu postre favorito.”
- Rye EHPA. “Estilo: Euskal Herriko Pale Ale” (6%, 20 IBU). “Visual: Creo que rojo pero como soy daltónico...Verde!!” “Olfato: Pollo británico(Do you know?)” “Gusto: Yogurt de Platúpolo de Canarias.” “Análisis general: Como una ensalada César puesta en la mesa compartida con una mujer con un sola pierna (adivina donde se encuentra la otra).”
- UdaLager “Pils Lager” (6%, 20 IBU). “Visual: Color sueco.”. “Olfato: Notas a fruta mediterráneas.” “Gusto: Melón de piel de sapo, y mucho follón.” “Análisis general: Triglicéridos altos, tensión por las nubes, cirrosis permanente... Laugar aconseja el consumo responsable.”.

No me diréis que algunas de las frasecitas no son para reírse pero bien… ;). Pero dejando los cachondeos a un lado, estos chicos a parte de buen humor demuestran con sus cervezas también un muy buen saber hacer. Todas las cervezas que probamos tienen un nivel medio bueno (recuerdo que no tienen micro propia), y alguna de ellas como por ejemplo Pasote apuntan muy alto. Desde aquí les deseamos que sigan igual de atrevidos y con la misma naturalidad. Eso sí, un consejo/petición ¡por dios, montad un stand con vuestras cervezas para que todos las podamos disfrutar!! ;)

10 sept. 2012

Laugar Brewery (1). Entrevista.



Esta semana vamos a dedicar dos post a la gente de Laugar, una cuadrilla bien maja que seguramente os habréis cruzado en más de una ocasión ya que con sus típicas txapelas han ido recorriendo lo más granado de las ferias cerveceras peninsulares, siempre repartiendo buen rollo y armando mucha fiesta. Para que les conozcáis un poco más hoy hablamos con Eneko.


¿Quiénes estáis detrás del proyecto?

Como responsables directos somos por el momento cinco txalaos, aunque cada día es más grande la familia de "laugarianos" que nos apoya y nos anima.


¿Cuándo y por qué os lanzasteis a la elaboración de cerveza?

Cansado de la prácticamente única alternativa de estilo de cerveza comencé a hacer cerveza en casa. Tras algún festival en la zona de Catalunya, pude visitar la fábrica de Bleder, en la que más tarde me pondría en contacto con Salvador Fortea para trabajar en su fábrica. Creo que es muy importante la mención del Maestro Salvador por la gran oportunidad que me dio y que la tenemos muy presente todos nosotros. Gracias a él los conocimientos se multiplicaron, además pude conocer a mucha gente del mundo con la que más tarde hemos coincidido en festivales y mantenemos una gran amistad.

Finalmente el proyecto se pone en marcha en Octubre del 2011 siendo tres y más tarde se incorporarían las dos últimas joyas de este proyecto para completar el equipo que somos hoy.


¿Cómo fueron los inicios y las máximas dificultades con las que os encontrasteis?

Podemos decir que hasta ahora las cosas han sido bastante sencillas gracias al apoyo recibido. Marina tiene parte de culpa también al meternos en el camino, apostando por nosotros para dar el salto en el festival que organizaron, el "Birrasana 2012", y que para nosotros fue el punto y aparte tras la muy buena aceptación del público.


¿Por qué el nombre de “Laugar”?

Se trata de una contracción de dos palabras en Euskera, "Lau" + "garagardoak" (Cuatro + cervezas). Elegimos este nombre tras una larga crazy braining storm regada con unos sabios brebajes, los cuales ayudaron a lubricar las grandes neuronas que hay tras este gran juego de palabras. También ayudo el hecho de que para hacer cerveza simplemente es necesario 4 ingredientes básicos (agua, malta, lúpulo y levadura).


¿Cuáles son las variedades que elaboráis actualmente?

Todavía no tenemos unas elaboraciones fijas, ya que nos gusta jugar con nuevos retos e investigaciones y no podemos mantener una tirada constante aunque tenemos varias que intentamos continuarlas, como son: Gorri, Pasote, Ehun IBU, CCVII IBU, Tripa, Ortobeltz y Txorrañejo, que intentamos tener sobre todo para ferias.

 Foto sacada del blog de Jordi Expósito, Cerveza Artesanal en Catalunya. Aquí el enlace.


¿Cuáles son grosso modo las maltas y lúpulos que usáis?

Bueno en este momento la maltas que usamos son de Alemania, tenemos en mente utilizar otras maltas cuando nos sea posible. Con relación al lúpulo utilizaríamos muchas más variedades si no fuese tan difícil conseguir ciertos lúpulos. Actualmente trabajamos con americanos, ingleses y estamos en fase de pruebas con otros como los de Nueva Zelanda entre otros.


¿Qué pensáis que os falta por mejorar en vuestras cervezas?

Siempre se puede mejorar todo y en este caso se podría empezar por los medios de elaboración, a partir de aquí es cuestión del gusto de cada maestro cervecero y de la experiencia que cada uno tengo sobre fermentaciones, es en este último punto el que más necesidad de ser mimado y controlado necesita, sin restar importancia a los demás, ya que las fermentaciones son el alma de la cerveza.


¿Dónde elaboráis por el momento?

Elaboramos en un local que tenemos acondicionado para ello, es pequeño pero nos da muchas alegrías.


¿Y cuántos litros elaboráis?

Inicialmente fabricábamos con una braumeister de 50L. En estos momentos fabricamos con una maquina 100L de diseño y fabricación propia (¡casera vamos!), con la que estamos realizando diversas investigaciones.


¿Qué queréis ofrecer al público con vuestros productos?

Lo que en un principio queríamos y cada vez más gente demanda, cervezas de calidad y diferentes a las habituales, intentando sorprender en algunas de ellas, dándoles un toque más gastronómicas.


¿Qué opináis sobre el auge del movimiento artesanal existente en la península ibérica? ¿Qué tipo de futuro le auguráis?

Cada día es mayor la demanda y la cantidad de fábricas. Es un buen momento para la cerveza, el cual hace que la "competencia" entre fábricas haga aumentar la calidad y las ganas de ofertar nuevos productos. Este auge puede tener un gran futuro si lo cuidamos, haciendo las cosas bien y ayudándonos entre todos, ya que siempre habrá alguien que te quiera poner la zancadilla. Si se observa el caso de otros países con mayor recorrido se puede ver que tras muchos años sigue habiendo un gran movimiento.


Dejando los lógicos amiguismos a un lado, nombrad dos cerveceras artesanales de la península que penséis que sean un ejemplo a seguir y por qué.

Es una decisión difícil como para elegir a dos. Naparbier es un buen ejemplo por su trayectoria, han ido de menos a más y siempre manteniendo la calidad y ahora estamos descubriendo cosas nuevas y que pronto darán muchas más sorpresas. Ahora mismo son un punto de referencia y están en un nivel muy alto.


¿Algún consejo para alguien que elabore cerveza en casa y se esté planteando lanzarse al mercado?

Sin tener fábrica propia no podemos dar muchos consejos, solo nuestra experiencia hasta el momento. Humildad y ¡un par! y sobre todo que experimente todo lo que pueda. Si además tiene amistades en este mundillo, son ellos los que mejor pueden resolver sus dudas.

Y ya para terminar, sobre vuestro futuro, ¿algún proyecto o novedad en mente?

Novedades hay muchas pero todavía están bajo desarrollo y esperemos que el año que viene puedan estar preparadas. Paralelamente estamos preparando el proyecto de fabrica de unos 1000L, este es un proyecto lento, pero que se vera recompensado para ambos lados, ya que la demanda actual es demasiado elevada y no podemos tener el stock de producto que quisiéramos.

Muchas gracias por todo es un placer y nos hace mucha ilusión que la gente se moleste.

Un abrazo,
Eneko.

 Foto tomada de su Facebook.


En el próximo post os hablaremos de sus cervezas, algunas de las cuales las pudimos conseguir en la pasada edición de Mediona y que fueron la razón principal que desencadenó esta entrevista.

6 sept. 2012

Una tarde-noche estupenda por Iruña.


Aunque el serial del viaje por la Bretaña francesa lo cerramos en el anterior post, aún nos quedaba una bala en la recámara. Y es que aprovechando la vuelta a Valencia desde Nantes, decidimos parar en Pamplona, ciudad que como muchos de vosotros sabréis tiene dos buques insignia en lo que respecta a cerveza: el Manneken Beer y la micro Naparbier.

El Manneken es una cervecería a la que le teníamos muchas ganas desde hacía tiempo. Nuestros repetidos viajes veraniegos por el norte peninsular, sobretodo por la zona de Pirineos, eran una de las razones principales. Pero por una u otra razón siempre nos salía algún imprevisto y la visita se iba al traste… hasta este año.


Este local, que dentro de pocos días cumplirá 2 años desde su apertura, nos sorprendió por su rebosante luminosidad, con un aspecto moderno y de colores neutros pero sin que se echara de menos la calidez de las buenas tabernas vasco-navarras. Tras una larga barra había 4 neveras de cuerpo entero repletas de joyas que harían temblar al beerhunter más avezado.


Arriba los interiores con dos infiltrados muy interesados en una final (¡partidazo!) de baloncesto. Abajo, un mérito enorme poder mantener semejantes neveras, y más aún en Pamplona…



Un nutrido surtido de belgas que nos retrotraen al anterior negocio en la misma ciudad (Maison Belge) de sus dos capitanes, Iker y Eneko, pero con una amplia gama de cervezas de “nueva ola”… De Molen, Mikkeller, BrewDog, To Øl, Evil Twin, B. del Ducato… y, cómo no, estadounidenses (Southern Tier, Lost Abbey, Founders, Anderson Valley…) y artesanas de la península (Naparbier, Marina, Zulogaarden...) conformando un cartel superior a las 130 cervezas en botella... ¡tela marinera! En barril la oferta no es tan amplia, pero tener la posibilidad de degustar los auténticos joyones que van apareciendo continuamente en su grifo rotativo es una gozada.

Menuda pasarela de perlas…

En esta estupenda garagardotegia nos habíamos citado con Juan, de Naparbier, y también con Hugo, que seguramente os suene más por su nick, Embracing Darkness, uno de los autores del veterano blog Hipos Urinatum.

Con este cartel la tarde se presentaba muuuy interesante (imaginadme a lo Mr. Burns frotándome las manos con los dedos arqueados…). Empezamos de un modo inmejorable, con una Weihenstephaner Pale ale de barril, una gozada de American Pale ale elaborada por una cervecera que me encanta pero que a ojos cerrados no hubiera acertado en 10 años. Perfil de lúpulo lógicamente muy marcado, cítrica y muy afrutada, floral y un punto ligerísimamente especiado, sabrosa y de entrada imparable. Una gratísima sorpresa.

La foto del delito (el primero de ellos…). No perdáis detalle del Manneken bruselense-euskaldun :P


Charlando tan a gusto fueron desfilando y cambiando de manos varias joyas por la barra: To Øl Black Ball (una de las porter más acojonantes que he probado en mucho tiempo…) y Final Frontier (riquísima IPA), Southern Tier 2xIPA (otra gozada lupulada), Cantillon Lambic (¿algo que añadir?), BrewDog Zeitgeist (la recordaba mejor...), Zulogaarden Viernes 13 (también se me quedó algo corta)…

Pero entonces Juan nos propuso hacer una visita express a las instalaciones de Naparbier (más bien a lo poco que quedaban de ellas). Y es que están en fase de traslado a un local mayor, dada la enorme demanda que tienen sus cervezas, cosa que no creo que extrañe a nadie hoy en día.

Allí, entre cubas y fermentadores, probando un par de joyas que pronto verán la luz y que mejor no desvelamos para manteneros bien al tanto, pasamos un excelente rato.


La perla sacada directamente del fermentador (fotos de arriba y abajo) apuntaba a escándalo… ¡Ufff! Verde, sí, y nunca mejor dicho...


Ya de vuelta al Manneken, con los cascos vacíos esperándonos en una bolsa, decidimos sentarnos a comer… y ya se sabe que de esto la gente del norte sabe un poco… Unas bravas de escándalo y unas salchichas que no se quedaban atrás, fueron el preludio de unas hamburguesas realmente ricas (de tanto disfrute olvidé fotografiarlas… :P), regado todo ello, como no, con otra ronda de la magnífica Weihenstephaner Pale ale.

¡Picoteo del bueno!

Y para cerrar esta jornada de excelentes cervezas y mejores compañías, Iker nos tenía guardada una sorpresilla como colofón, unos chupitos de la BrewDog Tactical Nuclear Penguin, la cual aún no había tenido el placer de probar por razones económicas que no creo que sean ajenas a nadie. He de reconocer que tenía mucho respeto a sus imponentes cifras (32% de alcohol…) pero os puedo asegurar que aún siendo una cerveza para no tomarte la botella entera, me pareció realmente bien compensada, con ciruelas y pasas que recordaban muy mucho a un Porto corpulento y mascable, con un contrapunto ahumado muy ligero… en fin, que para no aburriros con notas (que tampoco estábamos para ello…), ¡una auténtica gozada!

Ahora que recuerdo, la Tactical (en el fondo) no fue el único “espirituoso” de la noche… ;)


Y así, tras algunos intercambios de presentes (en algunos casos un tanto desmadrados, ¿eh, Iker y Hugo?, nos despedimos hasta la próxima, que esperemos sea muy pronto. Bueno, miento, a la mañana siguiente volvimos a darles la lata a los chicos de Naparbier, pero eso ya es otra historia… Mil gracias Iker y Eneko, Hugo y panda de Napar, ¡sois todos muy grandes!