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17 may 2011

Últimos cartuchos por Barcelona y despedida.

Después de tres días de ruta birrera nos levantamos el viernes con la idea de dejar de lado (aunque por poco tiempo…) tanta cerveza y así dedicarnos a otros menesteres como el buen yantar o ese callejear del que por el momento tampoco habíamos abusado.

Como cualquier buen viaje a Barcelona que se precie, no podía faltar una ruta por el modernismo recorriendo l’Eixample y Gràcia, así que a ello dedicamos la mañana del cuarto día. Pero antes de ello teníamos la imprescindible parada en ese templo del buen producto que es el Mercat de la Boquería (aunque cada vez que lo visitamos me da la impresión que se está convirtiendo más en una atracción turística que en el impresionante mercado que debería ser) y, como no, el esencial trago de agua en Canaletes.

Extasiados por los colores y formas de los maestros Gaudí, Puig i Cadafalch, Domènech i Montaner y compañía, llegamos al final de nuestra ruta particular a la altura de la Casa Comalat, cerca de la cual nos encontramos una focaccieria con un amistoso nombre, Buenas Migas, en la que tenían una cerveza supuestamente artesanal y que aún no conocíamos, Sóc La Canya. Al leer la contraetiqueta vimos que en realidad se elaboraba en Alemania (no decía más…).

En la foto de la izquierda, la casa de les Punxes. A la derecha, la cerveza de Buenas Migas.

Tras la inesperada sorpresa nos fuimos en metro a un local recomendados por Txema, el archireconocido Bar Tomás en el barrio de Sarrià. Según cuenta la leyenda, en este sitio se elaboran las mejores patatas bravas de Barcelona. Pedimos las famosas “dobles mixtas”, realmente acojonantes, y tras repetir jugada (con el achicharre de lengua consiguiente) pedimos unos cuantos platos para picoteo, todo regado con unas cuantas cañas de San Miguel de barril (no había otra cosa…). Después nos tomamos la tarde en plan relax antes de quedar a las 18h. con Jordi (Joexx entre los bloggers).


Nos habíamos citado en La Cervecita Nuestra de Cada Día (C/ Llull, 184), una cervecería situada en el barrio de Poblenou. El local, relativamente amplio y grande, tenía unas pocas mesas en la entrada y una estantería que recorría todo el local por la zona izquierda y en la cual había muchas artesanales catalanas para llevar, con alguna pincelada de extranjeras (Rogue, Meantime, Anchor…). Al fondo, bajo una preciosa pintura estaba la pequeña barra con 5 barriles: BrewDog Hardcore IPA y 5 A.M., Kwak, Guineu Montserrat y una tal “Landbier”. Nos decidimos, a pesar de haberla tomado en día antes en La Cerveteca, por Brew Dog 5 A.M. además de la excelente Guineu Montserrat, una elección que nunca nos decepciona.

Exteriores e interiores de La Cervecita Nuestra de Cada Día.

Siguiendo con la charla (más futbolera que birrera) nos pedimos una Fort (elaboración de Rosita para El Vaso de Oro, local de la Barceloneta del que os hablamos en la anterior entrada), que no nos dijo demasiado, y su cerveza, George’s Pale Ale, que nos gustó bastante más.


Tras llenarse el local hasta la bandera y al irse haciendo tarde, hicimos las compras pertinentes y nos despedimos (no sin típicos intercambios oportunos…).

Después nos fuimos a otro de los locales recomendados por Txema (chico, solamente por publicidad me debes un plus… ;P), también en el mismo barrio que el bar Tomàs: l’O.K. Sarrià. Se trataba de una hamburguesería con precios algo elevados pero cuyas elaboraciones merecen ese desembolso sin pensárselo un segundo. El local poseía muchas referencias al fútbol americano, con muchas gorras y banderolas, pero además, con el pin-ball de la entrada y algunas alusiones más a la cultura yanqui en forma de carteles y fotos, daban en conjunto un ambiente peculiar que nos encantó. Tras la larga espera que ya sabíamos de antemano que nos tocaría aguantar (por las colas interminables y el mimo con el que hacen las hamburguesas), por fin nos llegó el disfrute en forma de dos maravillosos óvalos de ternera picada a mano, uno de los cuales será totalmente imposible de olvidar: Chilli Cheese Burguer. Para acompañar pedimos unas cuantas pintas de Damm negra de barril con la cual sinceramente no esperábamos quedar tan gratamente sorprendidos.

En la foto de arriba (aunque no hace justicia al placer) tenéis el maravilloso bocado y la Damm negra.

Algo entusiasmados por la comilona aunque también algo cansados tras tantos días apretando las tuercas decidimos dar por finalizada la jornada ya que el día siguiente nos esperaban unas cuantas horas de carretera.

El sábado, último día en Barcelona, nos levantamos bastante descansados y con la idea de hacer unas últimas compras birreras al tiempo que visitábamos el maravilloso Barri Gòtic y el excepcional modernismo del Palau de la Música Catalana (este último, otra visita imprescindible de Barcelona junto con el Park Güell y La Boqueria, según nuestra opinión).

En la foto, detalle del Palau de la Música Catalana.

Tras esto nos fuimos al Barri del Born, donde teníamos previsto comer en El Xampanyet, un bar intemporal similar a esos otros de los que os hablamos en La Barceloneta. Pero como estaba reventar de gente simplemente cruzamos la calle Montcada para ir a otra de las recomendaciones, el Euskal Etxea, un excelente bar de pintxos que al mismo tiempo funciona como restaurante y asociación que promueve la cultura vasca con exposiciones, música entre muchas otras actividades. Para acompañar la infinidad de deliciosos pintxos que continuamente iban cayendo en nuestras manos os tengo que reconocer que dejamos la cerveza un tanto de lado ya que gustándonos como nos gusta el maravilloso txacolí de Getaria no nos pudimos plantear otra opción.

En la foto, una deliciosa banderilla.

Tras la excelente comida nos fuimos a Gràcia para hacer unas compras express en un par de tiendas de productos de importación (con algunas cervezas curiosas) además de visitar La Maison Belge (C/ del Montseny, 17).


He de reconocer que hace un año o más esta tienda me parecía imprescindible en cualquier ciudad pero dejando claro que la consideramos una buena referencia en el sector por la extensa gama que posee (aunque en la tienda online), la impresión que nos llevamos fue un tanto de chasco ya que esperando una infinidad de curiosidades belgas nos topamos con bastantes menos referencias que en su web y con unos precios algo subidos en comparación con otras tiendas (aunque esto también lo conocíamos). Además, nos quedamos un tanto chafados porque la razón principal de nuestra visita era comprar unos cuantos quesos (otra de nuestras innumerables pasiones), que supuestamente eran algunos de los que tenía el Drunk Monk, pero solamente tenían uno de Val-Dieu. Según el dueño, algo circunstancial…

Algo fastidiados con la “eventualidad” y tras comprar algunas cervezas que teníamos menos vistas, para retomar el buen sabor que la ciudad nos había dejado días atrás decidimos despedirnos de ella en un marco incomparable como es el parc de Joan Miró, coronado con la preciosa escultura “Dama i ocell” del mismo autor, la plaça Espanya y las torres venecianas a un lado y el majestuoso Montjuïc al otro lado. Un espacio único.

El Parc de Joan Miró con la escultura del mismo autor.

Tras esto y con algo de la lógica tristeza que acompaña cualquier despedida nos fuimos hacia el coche dispuestos a zamparnos con mucha filosofía los casi 400 km. que separan Barcelona de nuestro querido Llombai, en Valencia.

Alguno seguro que pensará que se nos quedaron algunos locales cerveceros en el tintero como el brewpub situado en Gràcia (La Cervesera Artesana) o la tienda Rosses i Torrades, entre otros, pero con tal de no terminar hasta los lúpulos de tanta cerveza y de paso con los bolsillos vacíos (tampoco quedaron muy pudientes) pensamos en hacer una buena mezcolanza entre algunos de los más conocidos locales cerveceros y otros locales del buen vivir.

Antes de terminar quisiera acordarme de dos personas sin la ayuda de las cuales el viaje no hubiera sido tan rico y pleno. Por un lado de Jordi (Joexx) gracias al cual pudimos conocer y comprar bastantes curiosidades cerveceras en colmados y tiendas de importación (El colmadito afro-latino, Krakovia, Manjares, De Gusto Portugués, Le Regioni d’italia, y un largo etcétera). Por otro lado, Txema, gran amigo y mejor guía de viajes que tuvo que soportarme mucho antes de partir para así tener bien atado todos los cabos del viaje. Mil gracias a ambos.

Para los que no los hayáis leído, aquí tenéis las demás entradas:

- Drunk Monk y Mataró:
- Llegada a Barcelona y 2d2dspuma:
- La Barceloneta, Born, La Cerveteca, El Flabiol y Freiburg (L’Hospitalet):

13 may 2011

3er día: Barceloneta, Born y… ¡mucha más cerveza!

Tras un par de entradas de por medio, seguimos con nuestras andanzas por la Barcelona más birrera.

Jueves, segundo día en Barcelona y tercero de la escapada, nos levantamos con el ánimo de visitar tantos locales cerveceros como nos fuera posible ya que sin quererlo se nos acumulaba la “faena”. Pero como tampoco era plan de abusar de buena mañana y varias cervecerías no abrían hasta media tarde, nos fuimos a pasar la mañana a ese reducto marinero llamado la Barceloneta.

Más que pisar sus repletas playas de turistas nos apetecía adentrarnos en una Barcelona menos turística y sofisticada, con las calles estrechas repletas de señoras mayores acicaladas con decenas de rulos de colores en el pelo y adelantándose las unas a las otras (carro de la compra incluido) con más pericia que muchos coches por la circunvalación de Valencia. ¡Ah! Y todo bajo una inmensa selva de sábanas colgando de los balcones. Una estampa difícil de olvidar…

Pero además, como casi siempre, teníamos otra razón para visitar este barrio: satisfacer el estómago. Difícilmente hay una zona de Barcelona con tantos y tan buenos locales para tapear, algunos rallando la excelencia y otros, como es lógico, metiendo sablazos al incauto guiri. Por suerte, las recomendaciones del gran amigo Txema nos evitó lo último. Tras unas maravillosas y típicas “bombas” (una especie de bolas de patata rellenas con carne picada y cubiertas con una rica salsa picante) acompañadas por unas más que correctas cañas de Estrella Damm en el Bar La Bombeta, nos fuimos a otra parada obligatoria, La Cova Fumada, local en el que cayeron irremediablemente otra ronda de deliciosas bombas (aunque más pequeñas…) además de un sinfín de platos para picar (inolvidable la “esqueixada de bacallà”, un plato de bacalao desmigao con aceitunas negras y rociado con aceite de oliva), regados todos ellos con más cañas si cabe.

Arriba las bombas de La Bombeta y abajo la “esqueixada” de La Cova Fumada.

Tras éste, vino el turno de otro local, El Vaso de Oro, en el que nos pedimos su “famosa” cerveza de barril (una mezcla al 50% entre la Damm rubia y negra), la cual, aunque bien tirada, nos dejó un tanto indiferentes (por cierto, que este local también tiene una cerveza artesanal propia, Fort, que según nos contaron más tarde la elabora Rosita). Para cerrar la ruta de tapeo, con las persianas casi bajadas, nos tomamos un soberbio vermut casero en el Bar-Bodega L’Electricitat. Para que no se diga que en la vida todo es cerveza…

Después nos dirigimos hacia el barrio del Born para disfrutar de las majestuosas calles empedradas repletas de antiguos palacios y palacetes, todo ello coronado por la totémica obra del gótico catalán, Santa María del Mar.

Pasadas las 16h. llegaba por fin la hora de irnos por algunos de los locales más puramente cerveceros. El primero de la tarde iba a ser La Cerveteca (c/ Gignàs, 25). Situado en un bajo que hacía esquina entre dos calles, nos llamaron mucho la atención sus interiores además de su dinamismo, con gente entrando y saliendo continuamente y con dos paredes exteriores cubiertas con grandes ventanales que impedían cualquier tipo de intimidad.


En una esquina estaba la barra con sus respectivos tiradores, y en otra encontrábamos dos paredes que funcionaban como las estanterías de la tienda (tenían Meantime, Rogue y Schlenkerla, un par de Cantillon, varias Guineu y Agullons, entre otras). En medio de todo esto encontrábamos unas cuantas mesas-barril carentes de sillas, cerca de las cuales había un par de neveras con cervezas frías para tomar en el local o para llevar. Nos gustó bastante el local ya que no queríamos tomarnos más que unas cañas, pero también es cierto que si hubiéramos preferido tomárnoslas con mayor tranquilidad, o incluso sentarnos, el tema se hubiera puesto más complicado…


Tenían 9 barriles, tres de Brew Dog (Punk IPA, 5 A.M. y Trashy Blonde), y unos cuantos más de la alemana Aktien (creo recordar que también uno de Agullons pero no estoy seguro). Nos decidimos por una cañas de 5 A.M. y de Punk IPA, con las que quedamos plenamente satisfechos. A continuación, de la nevera elegimos una Rogue Kells Irish Lager para intentar reconciliarnos con esta conocida cervecera americana, pero esta lager no nos hizo cambiar de idea. Seguidamente compartimos una Meantime Yakima Red charlando con Rubén (Cerveteca) y con Robert (este último casualmente es el mismo americano que nos encontramos en Drunk Monk días atrás…). Se trataba de una red ale, por lo visto de edición limitada, y muy fácil de tomar que nos hubiera gustado poder degustar con mayor sosiego pero entre que iba pasando el tiempo y las piernas pedían algo de asiento no pudo ser así. Tras cargar con dos Cantillon (Kriek y Rosée de Gambrinus) a sabiendas de antemano el meneo que les íbamos a pegar, proseguimos con la ruta.

La siguiente parada iba a ser la cervecería El Flabiol (Rambla del Brasil, 55). De antemano varios conocidos nos habían avisado que este referente con 29 años a las espaldas no merecía la pena ya que había bajado mucho el nivel en los últimos años. Pero como buenos amantes de la exploración birrera no lo pudimos evitar. Bastante alejado del centro se encontraba este minúsculo pero curioso local. Con tanta breweriana por todas partes (jarras, copas, infinidad de botellas monoblock, preciosos posters y carteles…) era difícil que nos disgustara.


Tras echarle un vistazo a las dos neveras (ya que no nos convenció Paulaner, su único barril) nos decidimos por una botella de El Flabiol 25 años (cerveza conmemorativa del local elaborada por Van Steenbergue) y una bière de garde francesa con etiqueta curiosa, La Choulette (cuyo peculiar y largo nombre mejor lo veis en la foto). Ambas correctas.


Independientemente de la variedad existente en el local (centrada en lo belga más común aunque con alguna otra cosa curiosa) la posibilidad de poder tomarse una cerveza rodeado de tanto "cachivache" es una experiencia que sin duda recomendaría a cualquiera que se pase por Barcelona. Además, dos conocidos nos comentaron que por lo visto nada más volver de Bélgica (país que Jordi Chamayou, el dueño, visita todos los años allá por agosto) las neveras toman otro color que ya quisieran otros locales. Será cuestión de comprobarlo…

Tras el Flabiol nos fuimos, recomendados por un buen amigo, a la siguiente parada, relativamente cercana a pie, la Cervecería Freiburg (C/ de l’occident, 12). No del todo fácil de encontrar y tampoco excesivamente grande, este local situado en l’Hospitalet (de Llobregat) nos dejó muy gratamente sorprendidos.


A ojo de buen cubero diría que tenían más de 200 cervezas, muchas americanas (Short’s Brewing, Great Divide, Dark Horse, Anchor, Flying Dog…), rodeadas de una excelente comparsa: Brew Dog, De Molen, Alvinne… y algunas curiosidades (la belga Smisje por ejemplo). Por si fuera poco el local hasta la bandera con lo que muy mal no podía ir la noche.


Como no había más sitio que la barra no nos importó sentarnos en ella y así de paso pudimos admirar todas las botellas expuestas en el “escaparate”. No lo pensamos ni un segundo y fuimos a por unas Smisje Dubbel IPA y Smisje Triple. Para comer nos dejamos recomendar con un par de bocadillos, ambos muy buenos, con lo que se cumplía la profecía que algún otro nos había contado sobre los bocadillos del Freiburg.

Con los ojos analíticos de coleccionista a mil por hora (bueno, algo menos por el alcohol…), y tras revisar una por una todas las botellas, nos decidimos por algo menos “experimental”. Así que pedimos una Great Divide Smoked Baltic Porter y una seasonal de Anchor, la Humming Ale. La primera nos gustó bastante pese a no ser tan ahumada como su nombre apuntaba y la segunda también nos sedujo por el equilibrado punto afrutado ligeramente marcado por los lúpulos.


Para finiquitar la noche nos decidimos por dos americanas más. Se trataba de dos botellas de Dark Horse Perkulator con etiquetas distintas aunque con idéntico contenido, según nuestra percepción. Según rezaba la botella se trataba de unas coffee doppelbock, pero os tengo que ser franco en que lo poco que recordamos de ellas (ya no estábamos para tomar muchos apuntes…) es algo así: “acafenada, cuerpo medio, entrada fácil” (menuda precisión y uso tan fino de tecnicismos, ¿eh? ;P).


Tanta cerveza y sobretodo algo de cansancio por los días anteriores nos llevó a tomar la decisión de dar por finalizada la ronda. Tras despedirnos de los atentos y receptivos camareros (alguno terminó uniéndose a nosotros con las Perkulator) nos fuimos a reposar al albergue.

En la próxima entrada (y será la cuarta) terminaremos la crónica del viaje con un 2x1 (viernes y sábado juntos).

6 may 2011

Segundo día: llegada a Barcelona y 2d2dspuma.

Seguimos con el peregrinaje por tierras catalanas.

Tras la orgía cervecera vivida en el Drunk Monk de Mataró, y el consecuente achuchón físico posterior, la mañana se presentaba, por decirlo sin muchos rodeos, un pelín complicada. La idea de ir a Barcelona tras el riguroso achaque nocturno, por momentos, parecía peligrar. Pero como casi siempre en estos casos, el inalterable estómago “anti-resacas” de Rosana parecía salir a flote.

Así que con la penosa situación física, y tras un no menos sufrido atasco a través de la ultra-saturada y agónica Ronda de Dalt, llegamos a nuestro destino. Pero aquí no acababa la cosa… Como si la parte más cruel de mi consciencia quisiera cebarse aún más con mi persona, el suplicio aún no había terminado ya que ¡faltaba encontrar sitio para aparcar! Una, dos, tres vueltas por las manzanas colindantes… y nada… “¿Rosana, que hacemos?”. Ella, inalterable, “pues… buscar sitio…”. Y casi una hora después, como si Ceres, nuestra querida diosa romano-cervecera, por fin tuviera algo de piedad con nosotros, encontramos un dichoso sitio (aunque a tomar por saco...).

Pero la marcha matutina aún no había terminado. Cerca del albergue teníamos dos locales que Txema nos había recomendado para comer, así que con no pocas dificultades (físicas) llegamos al primero y… ¡sorpresa! ¡miércoles cerrado! “No importa, Pau, vamos al otro”. Otra vez a caminar con resaca y bajo un sol de justicia… Llegamos al segundo local y con toda amabilidad un señor nos sentencia: “No, es que este sitio únicamente abre de noche”… Con el estómago revuelto y empezando a perder la paciencia, volvió a salir esa serenidad personificada llamada Rosana, “tranquilo, ahora vamos y comemos en cualquier sitio”. Y entonces, por fin, algo empezó a ir bien: un local con buen aspecto ofrecía algo de comer y mi estómago no parecía repudiarlo… De primero "butifarra amb mongetes" (butifarra con judías) que me sentó como agua de mayo a pesar de aparentar ser una bomba sobre el papel. Además, algo de pasta y una ensalada calmaron la tormenta estomacal.

Con los lúpulos bien cargados de resina nuevamente, nos fuimos a hacer de típico turista. Los que conozcáis Barcelona, os podéis hacer una idea: plaça catalunya, rambles… Pero como ya conocíamos la ciudad, nos decidimos por algo más tranquilo: el maravilloso y armonioso Park Güell. Allí entre el cantar de los pájaros, el sonido del viento meciendo los árboles, las maravillosas vistas de toda Barcelona y un murmullo de turistas de fondo, casi entramos en trance.


Ya repuestos (para ser justos, repuesto en singular, ya que Rosana seguía con su inquebrantable salud), nos fuimos a lo que habíamos venido: visitar locales de cerveza. Para este miércoles el planning contemplaba uno de los locales más conocidos de la ciudad, el 2d2dspuma.

Ya allí, durante un segundo pensamos que otra vez el gafe se nos volvía a aparecer. Al llegar a la esquina de la calle Manigua con Pinar del Río nos topamos con la persiana cerrada y un graffiti que nos miraba con algo de sorna.


Un tanto atemorizados, seguimos unos metros y tras ver la cervecería abierta en el nº 8 de la c/ Manigua y unos metros más adelante la tienda, volvimos a tomar aire.

Primero entramos a la tienda y tras conocer in vivo a María y a Susana, nos contaron que por lo visto ese local cerrado era la antigua tienda y que no éramos los primeros en pensar que no abrían ese día. Tras una charla escueta pero cordial (ellas mismas se afanan en reconocer que no son de primeras impresiones…) empezamos a observar lo que más nos gusta: la cerveza. Imaginábamos la tienda bastante más pequeña (no se por que casi nadie pone fotos de los locales, así que tampoco vamos a romper la norma…). En cuanto a botellas tenían un surtido muy variado (aunque bien es cierto que ya lo conocíamos por su web ;P) Entre todas, destacaba un amplio repertorio de la danesa Mikkeller (la famosa serie Single Hop, las Beer Geek…) pero también bastantes de la escocesa Brew Dog, la italiana Baladin y la no menos conocida holandesa De Molen. Junto a todo esto también había una buena gama de americanas (Anchor, Flying Dog, Great Divide…) y, como no, mucha cerveza belga y alemana. Además, lógicamente, tenían un amplio muestrario de cerveza local: artesanales catalanas (Bleder, Guineu, Agullons…) pero también del resto de la península (Domus, Loca Juana, Illa, Sènia…). Junto con todo lo anterior poseían una estantería exclusivamente para el material de homebrewing (esto, por el momento, no nos ha picado la curiosidad…).


Tras las compras pertinentes entre las que había una Stillwater Autumn, dos To Øl danesas, y unas cuantas de la ya mencionada Mikkeller, nos fuimos al local vecino, la cervecería.

Allí nos topamos con unos viejos conocidos de Mediona, Raul y Dani, de Bevirra, unos homebrewers de L’Hospitalet. Tras una agradable charla, de repente alguien comentó algo que me devolvió a la Tierra (aún estábamos en el limbo tras el festín del Drunk Monk): el Barça jugaba la semifinal de Champions y un servidor que se jacta en decir que es culé apenas lo recordaba…

Pero dejando el fútbol de lado (tampoco del todo…) nos empezamos a centrar en la cerveza. En primer lugar, de barril tenían Mikkeller Funky E Star, Great Divide Fresh Hop, Mikkeller Cream Ale, Budvar negra sin pasteurizar y Pura Pale de Agullons. Nos decantamos por las dos primeras. Fermentación espontánea la una y ricamente lupulada la segunda, eran demasiada tentación para obviarlas (concretamente la Fresh Hop estaba realmente increíble).

Tras estas dos, vino el esperado momento “bravas”. Si seguís el blog de 2d2d os habréis percatado de que este plato (y sus famosas 6 salsas) gozan de una formidable fama entre sus parroquianos. Aún gustándonos bastante, la verdad es que decir que son “las mejores”, como suele ocurrir en estos casos, es algo difícil de asegurar (y más, si días después pruebas otras bravas que según otros muchos son las mejores de BCN), así que nos quedamos en que nos gustaron.

Para acompañar nos decidimos por dos artesanales. En primer lugar Zulogaarden Norai, una cerveza que probamos al principio de comercializarse y que, al contrario de lo que habíamos leído en numerosas ocasiones, nos dejó patitiesos (por lo negativo) pero después de probarla esta vez llegamos indudablemente a la conclusión de que alguna cosa no deseable pasó en su excursión Barcelona-Valencia. Esta vez si nos gustó y mucho. Sedosa en boca, sabrosa, redonda, con mucho tostado dominándolo todo. Muy rica. La segunda artesanal fue Domus Aurea, una interesante IPA de unos elaboradores afincados en Toledo.


A continuación (con el fútbol de fondo, no lo olvidemos…) pedimos unas hamburguesas de entre la variada gama que disponían. En nuestra opinión, estaban más que ricas, y si además las acompañabas con alguna de las muchas mostazas Pyrène que tenían, aún mejores.

Para hacer frente a la carne, no se nos ocurrió otra cosa que una Mikkeller It’s Alive, que según he leído por la red se trata de un tributo a Orval, pero si queréis que os sea franco, de ella a penas tenemos poco más que un lejano recuerdo tipo Brett.


Para no perder el ritmo de las cervezas nos pedimos una cerveza algo más contundente y a la cual le habíamos puesto el ojo encima nada más entrar: Great Divide Espresso Oak Aged. Como ya sabéis, nos chiflan las imperial stout y concretamente ésta, envejecida, era una delicia “cafeínica”.


Ya para terminar, y de paso también celebrar el favorable resultado futbolístico en casa del eterno rival, nos pedimos una De Molen Tsarina Esra Reserva, una Porter envejecida y bastante subida de tono (¿imperial?) pero con un curioso fondo afrutado y algo marcado de lúpulo que no nos terminó de convencer.


Tras esto, nos dio por aclarar algunos malentendidos surgidos a raíz de los dichosos blogs y después empezamos una interesante y muuuy larga conversación (que en mi opinión sigue pendiente de terminar…) sobre el manido tema de lo que se puede o no considerar cultura cervecera (antes de seguir con el viaje prometo publicar un post al respecto). Tras esto, con las manillas del reloj bastante avanzadas, nos despedimos quien sabe si para reencontrarnos dentro de poco en Mediona…

Antes de terminar, como alguien nos comentó por mail si podíamos decir lo que consideramos en nuestra opinión lo mejor y lo peor de los locales visitados, aquí va. ¿Lo peor para nosotros? Quizás la situación del local, un tanto alejado del centro, aunque con dos paradas de metro al lado (Congrés y Maragall), esto tampoco es demasiado problema. Sobre lo que algunos comentan del carácter de las chicas, siendo verdad que no son la alegría de la huerta a bote pronto, hacen su trabajo sin florituras ni agasajos pero tampoco se echa nada en falta (aunque también es verdad que si no fuera por el blog, chicas, también tendríais menos broncas ;P). Lo mejor, pues que además de la interesante y extensa carta de cervezas, tenían algo que hemos comentado alguna vez por este blog, y es que creemos firmemente que todas las cervecerías deberían tener carta de comida, más allá de las cansinas bolsas de patatas fritas y cacahuetes, aunque es una humilde opinión que seguro volverá a caer en saco roto. Sin sobradas pretensiones pero más que correctas, en 2d2d tenían muchas hamburguesas, salchichas, bocadillos y no pocas cosas para picar (de caliente)… Ah, y los precios de la comida más que adecuados, muy lejos de lo que encontramos por algunos locales de Valencia con la moda de meterte un sablazo por una salchicha alemana o un codillo “prefabricado”.

P.D. Siento no poder poner ninguna foto de los interiores de la cervecería, pero aunque parezca increíble nos olvidamos entre el "fúrbol" y las birras ^^.

3 may 2011

Primer día: Drunk Monk. Un edén en Mataró.

Tras unos días de sosiego cervecil para así retomar el fuelle perdido con el achuchón etílico vivido en Mataró y Barcelona, vamos con las prometidas reseñas del viaje.

La primera parada, el martes, sería en The Drunk Monk, situado en Mataró. Habíamos escuchado y sobretodo leído mucho sobre esta cervecería, casi siempre sobre la cantidad y calidad de sus referencias.


Salimos por la mañana de Llombai (a unos 20 minutos al suroeste de Valencia) con la idea de llegar cuanto antes a nuestro destino. Había mucho que ver pero sobretodo que degustar, aunque por desgracia únicamente disponíamos de un único día para disfrutar. Tras unos 420 Km. de carretera, que con tantas ganas se nos hicieron muy cortos, llegamos a Mataró. Tras descargar los bártulos en el hotel y hacer una comida rápida nos dirigimos hacia la cervecería, que no abría hasta las 18h.


Medio escondida entre la avenida Europa y un parque colindante, por fin nos topamos con este tan ansiado edén. La primera impresión fue inmejorable. Por dentro, el local no era ni grande ni pequeño (pues menuda descripción, pensaréis…), y estaba decorado con mucha madera. En las paredes, a parte de falsas ventanas que daban un curioso aspecto de abadía, tenían rebosante breweriana: posters y carteles varios, rarezas en botella, algunas de las cuales ya quisiéramos para nuestra colección, alguna bandera belga… en conjunto creando una atmósfera especial que nos hizo sentir como si estuviéramos en un local de Flandes (norte de Bélgica). En la barra, Sven Bosch, el propietario belga afincado en Mataró desde hace años, nos atendió con un singular pero impecable acento catalán. Primero queríamos probar algo de barril, y entre las americanas Anchor Porter y Flying Dog Old Scratch, las belgas Chimay Tripel y Maes, y la cerveza de la casa, Drunk Monk Deu, elaborada por Ca l’Arenys y que conmemoraba el 10º aniversario, nos decidimos por una pinta de Flying Dog y otra de la cerveza del local. La primera, una amber lager, muchos ya la conoceréis, así que nada. En cuanto a la Drunk Monk Deu (diez), se trataba de una IPA con 70 IBU, pero era muy suave y en ella destacaba un punto de lúpulo muy refrescante.


Después nos fuimos a la pertinente “inspección” de las neveras, con la que casi nos caemos de espaldas. Imaginar 5 neveras grandes repletas de joyas y otras 4 pequeñas (creo recordar) por encima, cada una con la temperatura diferente y adecuada para las cervezas que contenían. Por si no fuera poco, lo que nos dejó totalmente pasmados fue encontrar otra nevera a parte en la que únicamente habían cervezas espontáneas: Cantillon, 3 Fonteinen, Hanssens, Girardin y demás perlas “salvajes”. Así que como podréis imaginar, solamente por esto nunca antes habíamos visto un local similar, por cantidad y por la calidad de rarezas y ediciones especiales.

De entre todas, previniendo que íbamos a calentar silla toda la tarde, elegimos para empezar dos triples belgas atraídos más que nada por sus etiquetas: Zonderik Tripel y Bienvenue de Montaigu. La segunda muy correcta pero la primera será difícil de olvidar ya que hacía tiempo que una triple belga no nos sorprendía tan positivamente.


Para ir cargando la panza y así contrarestar el alcohol, pedimos una tabla (enorme sea dicho de paso) con cuatro quesos belgas de entre los doce que tenían para elegir (en este enlace los podéis ver, aunque los van variando). Nos decantamos por los más suaves en un principio: Passendale classic, Maredsous tradition, Brugge classic y Val-Dieu Casse-crôute.

Una vez las copas se empezaron a quedar un poco tristes, Sven se acercó junto con un amigo americano, Robert, que también hablaba un inmaculado catalán, y con ellos compartimos una botella de 75cl de Alvinne Alvino en barrica de borgoña (una espontánea con uvas añadidas y añejada en barrica de vino). ¡Qué barbaridad de cerveza! Me pongo a llorar solo de pensar en ella.

A continuación nos dejamos aconsejar para elegir alguna espontánea (Sven nos recomendó alguna de la afamada casa Hanssens, pero no nos pudimos resistir a tomar alguna Cantillon). La elegida fue Cantillon Mamouche, elaborada con flores de saúco. Al igual que con la anterior, no puedo ser imparcial al hablar de este tipo de cervezas, ya que las espontáneas son nuestra perdición. Entre el toque de madera y la sequedad en boca predominaba un deje muy floral. Solamente os digo que Rosana, con lo dura que suele ser siempre para dar notas a las cervezas, pensó en hacer una visita a Cantillon expresamente para probarla in situ. No digo más…


A continuación Sven, con total confianza, sacó una Budels Zware Dobber (que no nos dijo demasiado) y una Emelisse Barley wine (algo mejor pero un tanto decepcionante con la fama que atesoran otras elaboraciones de esta fábrica artesanal holandesa). Sven aún no las había probado y tuvo el detalle de invitarnos a estas dos (y como veríamos después en la factura, a algunas otras más).

Las últimas que íbamos a compartir con ellos dos, fueron una Struise Mikkeller (que ya no se elabora), que Sven la tenía añejando en bodega un par de años y la versión actual de la misma (con 163 IBUs en lugar de los anteriores 130), Struise Elliot Brew. La actual nos gustó bastante pero es que la versión añejada me dio un escalofrío que aún me recorre el cuerpo. Una doble IPA escandalosamente sabrosa y muy redonda, sin ninguna nota disonante pese a la cantidad de lúpulo, pero es que estaba domado impresionantemente bien por un fondo malteado exquisito. Una de las mejores IPAs que he probado nunca (y sabéis de nuestra afición a las florecillas verdes…).


Después de despedirnos de Sven y Robert, que se tenían que marchar, nos dimos cuenta que “aún” eran las 9 de la noche. Con el cuerpo ya entonado, pero con la consciencia del coleccionista aún despierta, pedimos otras dos cervezas y otra tabla de quesos, esta vez más especiales: Hervé Grand Maître, Chimay à la bière, Remoudou y Hervé Picant, de un nivel sublime los cuatro. La primera cerveza fue una Chimay Capsule Dorée añejada desde 2008, que no habíamos visto nunca y pese a ser un fanático de Chimay (concretamente de la versión azul) nos dejó un tanto despagados (dichosa y excesiva sugestión…). También pedimos una Millevertus Saxy Chilli, especiada, un punto ahumada pero nada extrema pese a los chiles. Esta si nos gustó y mucho.

La Chimay Capsule Dorée (arriba) y los quesos de la segunda tabla (abajo)

Después de esta ronda el cuerpo ya no estaba para muchos trotes y sintiéndolo mucho por la cantidad de joyas que se nos iban a quedar en el tintero (rarezas de De Molen como la versión 666 de su Hel & Verdoemenis, Ignis & Flamma de Struise, Nogne Dark Horizon, una larguísima lista de vintages…), decidimos terminar con dos cervezas que ignorantes de nosotros pensábamos que ya no se podían conseguir (os hablamos de ello en este mismo blog, en la entrada de Smisje y Salty Dog). Pedimos Smisje Catherine, una rica imperial stout, y Smisje Speciaal, de la que por puro desconocimiento no esperábamos mucho y terminó siendo una sorpresa mayúscula (mucha fruta, dulzona y muy especiada).


Tras pedir para llevar la cerveza del local en botella de 75cl, como no, llegó la hora de pagar. Pero aquí antes quisiera hacer un inciso. Algunos conocidos nos habían hablado de que si los precios en este local eran un poco elevados pero siendo francos (y que no suene pretencioso ni soberbio), esto tampoco nos importaba mucho. Y me explico. Si hay gente a la que no le importa pagar 60€ por un concierto o pagar 90€ por una entrada de un partido de Champions, o yo que se, por escaparse unos días a un hotelito con spa en medio de la montaña, ¿como se puede considerar caro pagar incluso menos que esto por estar desde las 6 de la tarde hasta las 11 de la noche bebiendo rarezas, compartiendo un momento irrepetible con Sven y disfrutando como auténticos niños? Está claro que para gustos colores y cada uno se gasta la pasta como le viene en gana, pero desde luego si viviéramos al lado nosotros no nos lo pensaríamos un segundo en ir tantas veces como pudiéramos.


Y conste que he de reconocer que la impresión final fue bastante distinta a la que teníamos antes de visitarlo. Pensábamos que era muy extraño que con esos supuestos precios altos tuviera tanto nombre y que lo visitara gente venida de todos los puntos de la península y por lo visto también desde Bélgica, Holanda e incluso USA. O la gente estaba forrada o las neuronas no les funcionaban muy bien. Pero después de conocer a Sven, un tipo con los pies bien puestos en el suelo y que todo esto no se le ha subido lo más mínimo a la cabeza (cosa que por otro lado no sería nada raro), que te habla con total naturalidad y te da palmadas en la espalda mientras se ríe contigo como si te conociera de toda la vida mientras compartís cervezas… Y que decir de las dos camareras, que controlan más de cerveza que mucha gente que va de entendida, o del ambiente inmejorable, a reventar de gente un martes entre semana, sonando buena música de fondo (guns & roses, scorpions, entre otros…). Sinceramente con todo esto y mucho más, ahora entiendo toda esa fama y la comparto al 100%.

Y os preguntareis, ¿no tiene nada de malo? Pues claro que si, faltaría más. Se me ocurren dos cosas así a bote pronto. La primera es que una vez que empiezas no puedes parar (el nombre del local, Drunk Monk = monje borracho, ya te anticipa como vas a terminar). Y lo segundo y quizás más importante, que es una pena no tener un Drunk Monk debajo de casa.

Sven, un placer compartir mesa, charla y cervezas contigo. Esperamos volverte a ver muy pronto.

1 may 2011

¡Ya estamos de vuelta!

Tras unos días de desconexión total y sobretodo tras dar mucha, mucha, pero que mucha caña a nuestros pobres hígados, ya estamos de vuelta de tierras catalanas.

Teníamos muchas ganas de hacer este viaje para poder conocer de primera mano todos los locales cerveceros que otros tantos ya habían visitado de Barcelona y Mataró. Pero como cualquier buen viaje que se precie, no ha sido un monólogo de nuestro querido líquido espumoso, aunque si el auténtico protagonista durante todos los días. Bajo las directrices anticipadas tan acertadas del buen amigo y maestro Txema disfrutamos de algunos locales no tan cerveceros sobre el papel, pero con mucho encanto y con productos inconmensurables a precios de antaño, bares de esos que ya no quedan o que no se encuentran tan fácilmente.

Pero también, como no podía ser de otro modo, también hicimos el papel del típico turista con mapa y libreta en mano, pateando de monumento en monumento, pillando transbordos de metro por aquí y por allá y con la cámara de fotos a mil por hora.

Escribo esto cuando no hace ni 2 horas que hemos vuelto a casa pero es que igual más de uno se pensaba que nos habían secuestrado en alguna cervecería al estar tanto tiempo sin dar señal…

Como el cansancio sobra y la hora no es la más adecuada, obviamente no me voy a poner a detallaros punto por punto todo lo vivido, así que durante los próximos días ya iremos relatando anécdotas, locales y sobretodo las cervezas que hemos probado.

¡Ah!, y por si a alguien se le había ocurrido, aunque hoy terminaba abril y por lo tanto correspondía la sección de las mejores cervezas del mes de este período, como es obvio, tendrá que esperar a mañana... si es que nos levantamos ;P

24 abr 2011

Un dia pascua y… ¡a Barcelona!

Mañana es lunes, un día festivo que al menos en los pueblos valencianos la gente lo suele celebrar de una forma muy especial. Independientemente del fondo religioso, muchos nos vamos de excursión al campo con la familia o con los amigos, bien cargados con una buena retaíla de cachivaches y sobretodo con mucha comida para disfrutar de una típica a la par que divertida merienda festiva. No puede faltar en la cesta de mimbre, o en el “cabasset d’espart”, la arquetípica “mona de pasqua” (un dulce con forma semiesférica elaborado en muchos sitios de la geografía valenciana y catalana, pero con gran renombre en la valenciana población de Alberic, en la Ribera Alta), su correspondiente huevo cocido (ou dur) pintado, unas longanizas secas de pascua, unas hojas de lechuga (enciam), un poco de pan y una pizca de sal. Este es el “menú” básico al completo.


Cuando uno se dispone al ágape debe de seguir el siguiente rito. Toma el huevo con una mano y recitando la curiosa rima que tenéis a continuación, se lo frota primero por una mejilla, después por la otra, se lo pasa por delante de la boca y finalmente se lo termina rompiendo en el medio de la frente:

“Ací em pica, ací em cou, ací em menge la mona i ací em trenque l’ou”.
(Aquí me pica, aquí me escuece, aquí me como la mona, y aquí me rompo el huevo).

Y como este es un blog de cerveza, pues nada mejor para acompañar la merendola que una cerveza de Pascua belga, dulzona y bien rica, la De Dolle Boskeun.


Y para rizar el rizo más aún, si se tiene un “catxirulo” (cometa), y se consigue hacerlo volar (cosa, no siempre fácil), entonces el pack festivo estará al completo…

¡Salut!

¡Ah!, casi se me olvida… este martes nos vamos a Barcelona (previo paso por Mataró) por lo que lógicamente dejaremos el blog unos días un tanto descuidado. A la vuelta ya os contaremos que tal ha ido la experiencia cervecera, con todos los locales y cervezas que nos crucemos (y bebamos…).