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9 jul 2012

MCV2012: El birrano ya llegó.

¿Se puede empezar de mejor forma este post congregante del compañero Birraire que parafraseando al buen amigo Txema con una de sus ocurrentes frases? A mi desde luego no se me ocurre nada. Bueno, quizás decirlo ataviado con unas bermudas con flores estampadas y unas playeras mientras suena de fondo alguno de esos hits de Georgie Dan o de esa especie de “bomba” humana llamado King África. Pero como tampoco se trata de que terminemos todos haciendo la conga humana mejor eso lo dejamos para otro momento…

Para el que no siga las andanzas de este grupo algo friki que somos los bloggers cerveceros y no esté puesto en el tema, el company Joan (Birraire) nos emplazó a esta (otra más) estupenda iniciativa, el MCV2012 (de Mis Cervezas Veraniegas) en la que teníamos que dar nuestras razones para elegir una serie de cervezas que aliviaran los lógicos y por otra parte tan asfixiantes achaques calurosos de ésta época. Nos propuso 3 categorías - LL (La Local), DS (De Súper) y ¿? (Birra Comodín) – dentro de las cuales teníamos que defender la conveniencia de una u otra cerveza. Así que sin más dilación vamos a ello.

LL – La Local.

Creo firmemente que una cerveza tiene que ganarse al consumidor por su contenido y no por llevar la bandera de ser de tal o cual lugar, estrategia de venta que sigue dando de comer a unos cuantos. Pero como bien dice el refranero popular, lo cortés no quita lo valiente y no creo que el pensar lo anterior tenga que estar reñido con creer - y consumir – en el producto local, siempre que este sea sinónimo de calidad. Así que Joan me sirvió en bandeja la excusa perfecta para abrir dos cervezas que conseguí en Mediona y a las cuales les tenía muchas ganas: Ausesken Ed. Mediona 2012 y L’Anjub Blat Raner. Para quienes no los conozcáis, en mi opinión se trata de dos de los mejores productores de aquí a la hora de trabajar las cervezas con y de trigo (junto con Isaac de Reptilian, entre otros).

En cuanto a la Ausesken me sorprendió su bonito color marrón tirando a rojizo, elevada turbidez, con infinidad de burbujas minúsculas que ascienden incesantemente formando una espuma beige de bajada lenta y que persiste en una fina capa. En nariz se muestra muy fresca, destacando lúpulo un punto resinoso así como limón y naranja, y en segundo plano notas a bizcocho y un punto a cereal y paja. En boca entra con una carbonatación media de burbuja pequeña, chispeante y no molesta. Marcado perfil a cereal, ligera acidez y unas sugerentes notas a lúpulo cítrico y resinoso. Seguidamente aparecen notas a frutos secos, ligerísimo tostado y de nuevo biscuit. Se percibe un amargor pronunciado (que no descontrolado) de principio a fin sin que haya una base suficientemente malteada que lo oculte. Final cítrico, a frutos secos y ligeramente astringente bastante duradero que termina por redondear una cerveza agradable, de cuerpo medio, refrescante y que esconde maravillosamente bien sus 7,2% de alcohol.


L’Anjub Blat Raner posee un color anaranjado surcado por una turbidez media sin depósito alguno, burbuja minúscula que asciende hasta formar una preciosa espuma blanca cremosa, de porosidad muy pequeña, persistente y de bajada lenta, que deja un bonito encaje en la pared del vaso. En nariz muestra las típicas notas a cereal, pan, levadura, junto con un punto floral y a limón, leve afrutado con albaricoque y melocotón. Muy sugerente. En boca entra muy suave, un punto sedosa, y vuelven a destacar las notas a cereal, pan fresco y levadura, limón, algo de piel de pomelo, un ligero especiado y un toque a lúpulo terroso. Carbonatación media pero de burbuja pequeña. Final seco y astringente. En definitiva, una cerveza de trigo refrescante, de cuerpo muy liviano (4% alcohol) y que repetiría en más de una ocasión. El único pero es que en la etiqueta dice ser una witbier y para mi gusto para ser “de libro” le falta un especiado más marcado y un mayor sabor a trigo.


DS – De Súper.

No se si entendí las intenciones de Birraire para con este punto, pero birra de súper o de híper para mí son tanto aquellos ejemplos de marca blanca como las de macrocerveceras de la península que compro para consumir en las comidas, sobretodo a mediodía, con la única intención de aliviar el calor sin prestar mucha atención a sus “grandes” particularidades organolépticas (bueno, eso y para conseguir de tanto en tanto las continuas novedades de breweriana de las diferentes marcas). Todas ellas son premium lagers regidas por un patrón muy similar (dejando a un lado su calidad, si somos rigurosos tampoco es justo decir que absolutamente todas ellas son auténticos clones…). Así que en este sentido confieso que por mi nevera desfila de tanto en tanto lo más granado de la cervezofilia popular: Steinburg, Alhambra Premium, Mahou Clásica… y no me avergüenzo de ello. Ahora bien, casi siempre las consumo en litrona de vidrio, prácticamente nunca en tercios ni qué decir en quintos o muchísimo menos en lata.

¿? - Birra Comodín.

Tras el párrafo anterior que también podría haber titulado como “mis secretos y vergüenzas más inconfesables…”, quizás lo propio sería sacarme algún as de la manga, esa cerveza que os hiciera babear a todos de lo lindo, consiguiendo que olvidarais los “pecados” anteriores, pero lo bien cierto es que los tiros van por otros derroteros. Así que siguiendo con el arrebato populista, tengo que reconocer que si hay una tradición que sigo casi siempre que puedo es la paella dominical hecha a la leña, la cual, aprovechando esta excusa del MCV2012, decidimos compartir en familia este pasado domingo con una estupenda Big Chouffe 2011. Es la edición para coleccionistas en botella mágnum (algo de especial tenía que tener) de una cerveza que satisface tanto a neófitos como “entendidos” por igual. Refrescante, con el alcohol más que bien compensado, el lógico carácter especiado de la levadura belga, notas cítricas y un agradable toque a lúpulo. ¡Pero cómo me gusta esta cerveza! (por cierto, si os gusta la etiqueta serigrafiada, aquí os dejo el post que le dediqué a esta curiosa y atractiva serie para coleccionistas).



Y para terminar, vamos con una cerveza foránea clásica al tiempo que bastante peculiar y que se deja ver poco por estos lares. Se trata de una berliner weisse, concretamente un ejemplo un tanto comercial pero que no estaba tan mal como me imaginaba, la Berliner Kindl Weisse. El aspecto no es del todo atrayente, con un color amarillo pajizo apagado y una leve turbidez, con una espuma blanca etérea que desaparece casi al mismo tiempo que el líquido entra en contacto con la copa. Tanto en nariz como sobretodo en boca se muestra sugerente y refrescante, con un contenido alcohólico muy bajo (3%), un marcado carácter ácido (aunque menos de lo que me esperaba), notas a cereal, limón, manzana y cierto punto de vinagre. Cuerpo muy liviano y se deja tomar verdaderamente bien con este calor. Lo único que no me gustó fue un cierto recuerdo como dulzón y jarabeado (y eso que no añadí los clásicos jarabes de aspérula o frambuesa), y cuyo origen desconozco.



Conclusiones.

Lo reconozco, no he sido demasiado arriesgado al elegir las cervezas y el tópico del trigo para el verano ha dominado el post en diferentes formas. Y es que los clásicos lo son por algo. De todas formas, tanto para el verano como para cualquier época del año creo que se puede terminar una gran velada con una doble IPA, una Imp. stout o incluso una barleywine bien cañera y con barrica. De hecho hace unos días tomé una de estas y la disfruté como un enano. La cosa es encontrar el momento y la compañía perfecta (humana o no...). Y así doy por finiquitado este post dedicado a las cervezas veraniegas. Ahora queda esperar el resumen correspondiente para ver qué dicen los demás. Enhorabuena por la propuesta, Mr. Birraire!