Aunque
oficialmente Bretaña la cerramos en Morbihan, en el sur, el viaje quedaría
inconcluso sin pasar por Nantes, una ciudad actualmente perteneciente a la
región de Pays de la Loire, pero que
durante más de 1000 años perteneció a Bretaña y fue su capital durante varios
siglos. Pero dejando las lecciones de geografía e historia a un lado, a continuación paso a
relataros nuestra experiencia en dicha ciudad.
La
cosa empezó de regular tirando a mal... o qué narices, ¡fatal! De la información
que pudimos encontrar de la ciudad referente a cerveza nos topamos con tres
importantes pedruscos de buenas a primeras, pero que igualmente os los comento
para que quien quiera pueda probar suerte o no, dependiendo del caso.
En
primer lugar fuimos a Le Graslin, la
que sobre el papel pensábamos que podría ser la mejor cervecería de Nantes,
situada en pleno centro, cerca del Teatro con el mismo nombre. Muchas
referencias en botella y barril, decoración clásica… pero fue llegar allí y nos
topamos con que un buen lifting a lo moderno, que no modernista, había
terminado con todo ello. Se había convertido en un bar de copas y vinos en el
que resistían temerosos 10 barriles con alguna referencia destacable como Mc Chouffe, Maredsous Tripel o Lindemans Faro, pero acompañados por Kwak, Guinness, Carlsberg y Warsteiner Premium. En botella, poco más
de 20 referencias a precios alrededor de los 6€. Aún así, y por no irnos sin
tomar nada, pedimos dos referencias que nunca fallan como son Orval y Hopus.
Teniendo poca oferta, no está mal encontrarse
con las dos perlas de arriba.
Con
el cuerpo un tanto desentonado nos fuimos algo cautos hacia la segunda
referencia de la tarde, el Delirium Café,
una franquicia del famosísimo bar bruselense. ¿Cuál fue el varapalo en este
caso? Pues ni más ni menos que nos topamos con las puertas cerradas por
vacaciones, y es que no abrían hasta el día 15 de agosto y nosotros estábamos
allí los días 11 y 12. Mala suerte, sí… Así que tras la foto exterior
pertinente y el rabo entre las piernas nos fuimos a otros menesteres.
Arriba los exteriores. Abajo, hasta el
elefantito rosa parecía estar riéndose de nosotros…
Pero
como si de alguna fatídica conjunción astral cervecera se tratara, y para dar
la razón a aquel refrán que reza aquello de que no hay dos sin tres, nos fuimos
en tranvía hasta La Cervoiserie, una
tienda impresionante según pudimos ver en su web, situada a las afueras, para
topamos otra vez con las puertas cerradas por vacaciones. Os podéis hacer una
ligera idea de cómo se nos quedaron los ánimos tras los tres ganchos de derecha
en toda la cara, a cual más doloroso.
El tercer varapalo…
Pero
ahí terminó de golpe todo el mal fario. Y es que seguidamente visitamos Chez Clem, sin duda alguna una de las mejores
tiendas que nos encontramos a lo largo de todo el viaje. Entre un nutrido
catálogo de cervezas belgas, con De La
Senne, De Ranke, Cantillon, y
otras reputadas elaboradoras a la cabeza, destacaban 8 referencias de De Struise, entre ellas las aún inéditas
por la península Catso y Motuecha. Pero los ojos se quedaron más
abiertos si cabe al ver (¡por fin!) hasta 9 referencias de la suiza Brasserie des Franches-Montagnes (BFM
para los amigos…), reputada dónde las haya. Pero aquí no iba a terminar la
cosa, y es que además de otras interesantes referencias nos encontramos con un
corto pero muy cuidado catálogo de cervezas francesas artesanas interesantes: Anosteké, St. Glinglin y sobretodo 6 referencias de Brasserie du Mont Salève. La cara de la reina Lúpula y la del
monedero, en ese orden, cambiaron radicalmente haciendo que por un segundo dudara
de mi integridad ;).
Arriba el logo y parte de los interiores.
Abajo, algunas de las joyas que compramos.
Más
contentos que unas pascuas y aún sin creernos del todo lo que nos habíamos
cruzado, nos fuimos hacia Le Sur Mesure,
el cual iba a ser también uno de los mejores pubs del viaje. Otra vez un
nutrido catálogo de belgas como estandarte, tanto en botella (alrededor de unas
150 referencias) como de barril (6 tiradores con Chouffe Houblon, Gouden
Carolus Classic, Barbar Bok…).
Pero hubo un detalle que nos sorprendió, y es que encontrar escrito “Pannepot Reserva” en una pizarra no por
conocido deja de ser una gratísima sorpresa. Así que preguntamos si había más
referencias fuera de carta y entonces se abrió la caja de Pandora haciéndonos
temblar de miedo y de placer al mismo tiempo: BrewDog,
Tracquair, BFM, Struise…
Arriba, los exteriores y las pizarras. Fijaros en el detallazo de las tipografías
de las marcas escritas en la pizarra… clavadas! Abajo, dos gratísimas sorpresas,
una auténtica bomba francesa, Salève
Sorachi Ace Bitter, con poco alcohol e hiperlupulada pero con una base sabrosa
más que suficiente haciendo mucho más grandes sus 2,5% de alcohol; y desde Escocia, una Orkney,
con un curioso carácter lupulado cítrico y seco muy marcado. ¡Riquísimas!
Otro
local que nos sorprendió mucho fue el Dana,
un pub con la gran mayoría de cervezas bretonas, rarezas, tiradas estacionales
y productos de pequeñas micros incluidos. Una gozada. Además, si os gusta el
rock, el heavy, el folk, el metal y todas las combinaciones posibles que se os
ocurran entre ellos, se convierte en imprescindible.
Y
para cerrar este post no podía hacerlo sino con un local, el Cav’ale, situado en un polígono, algo
que quienes hayáis seguido los diferentes posts habréis comprobado que está
bastante extendido por esta zona de Francia. Por una parte, la tienda, pequeña
pero muy nutrida, con las cervezas belgas y alemanas como protagonistas y
algunas pinceladas más o menos curiosas, además de un surtido extenso de vino
que conforman en conjunto una bodega con más de 400 referencias.
Arriba el cartel anunciante y los interiores
de la tienda, rebosantes de cervezas organizadas, todo hay que decirlo, de una
forma algo caótica y sin un centímetro libre. Abajo, algunas rarezas de interés
principalmente para el coleccionista.
Por
otro lado, el bar, sencillo y sin excesivos adornos, incluso diría que un tanto
impersonal, con una zona de mesas a un lado y una terraza-jardín colindante a
la barra. En cuanto a las 6 neveras, mayoría de referencias belgas y alemanas,
pero una de ellas centrada principalmente en cervezas francesas de Bretaña y de Pays de la Loire. En barriles, nada más
3 referencias, Coq Hardy, una lager
francesa, Eichbaum Hefeweizen y Gouden Carolus Ambrio. Sin ser el mejor
bar que visitamos, ya me gustaría tener alguno así cerca de casa.
Arriba la zona de la barra y sus neveras.
Abajo, de las varias rondas monopolizadas con cervezas francesas, dos de las que más nos convencieron.
Cómo habéis podido comprobar en este monográfico sobre Nantes, existe
una gran variedad de bares y tiendas cerveceras que sin duda merecen la pena una
visita si se está por la zona.
Con éste post damos por cerrada la serie bretona, que espero pueda seros útil a cualquiera que viajéis por esa preciosa zona. Si alguien quiere más información, tanto en lo referente a direcciones de los locales, por ejemplo, como también en temas no estrictamente relacionados con la cerveza no dudéis en preguntar a través del correo, por Facebook o la clásica opción de los comentarios.
Con éste post damos por cerrada la serie bretona, que espero pueda seros útil a cualquiera que viajéis por esa preciosa zona. Si alguien quiere más información, tanto en lo referente a direcciones de los locales, por ejemplo, como también en temas no estrictamente relacionados con la cerveza no dudéis en preguntar a través del correo, por Facebook o la clásica opción de los comentarios.



















