Para que no perdáis el hilo del viaje con tanta entrada, os recuerdo que el día anterior (viernes, segundo día de viaje) habíamos salido de Bruselas y llegamos a Watou, en el oeste de Flandes Occidental.
Nos levantamos el sábado (tercer día de viaje) sin nada de resaca (no todos pueden decir lo mismo estando en Bélgica… ;P) y con muchas ganas ya que nos esperaba el maravilloso bufé-desayuno de la casa St. Bernardus. Tras suministrar un buen chute de calorías al cuerpo en forma de quesos, embutidos, repostería, mermeladas y un largo etcétera… Jackie nos contó que las visitas a la fábrica St. Bernardus eran los viernes y que por tanto nos íbamos a quedar sin verla. Aún así, accedió a llevarnos a la tienda, y de refilón pudimos ver (y oler… ya que estaban elaborando cerveza) parte de las instalaciones.
Tras unas compras en la tienda y despedirnos de Jackie, nos subimos al coche para dirigirnos hacia Moen, pequeño pueblo situado en el sur de Flandes occidental, casi en el límite entre Flandes y Valonia. En esta pequeña población se encuentra Alvinne Picobrowerij, desde que hace unos meses dejaran las antiguas instalaciones en Ingelmunster.
A través de un camino estrecho entre cultivos llegamos por fin a un edificio austero cuyo cartel no daban pie a confusión:
Para quien no conozca Alvinne, decir que se trata de una de las micros (o para ser más exactos, pico-cervecería) que más nombre está adquiriendo en Bélgica desde unos años hacia acá. Un ejemplo de ello es el Craft Beer Festival que organiza allá por marzo y que congrega algunas de las cerveceras con más prestigio en la actualidad dentro y fuera de Bélgica: Mikkeller, Thornbridge, BFM, Norrebro, Birrificio del Ducato, De Molen, Struise…
Entramos en la fábrica, dónde nos esperaba Glenn, uno de los tres puntales de Alvinne junto con Davy y Marc. Tras un recibimiento de amigos nos empezó a enseñar los interiores de la fábrica. Maquinaria reluciente, prácticamente por estrenar, suelos y paredes impolutas, mucha iluminación… Todo realmente nuevo y dispuesto de forma muy funcional.
Tras dejar la maquinaria atrás nos dirigimos hacia dónde tenían un interesante surtido de barricas de madera: de vino tinto Borgoña, Pomerol (Burdeos), blanco de Monbazillac, entre otros. En concreto, las barricas de Pomerol se las consiguió Gabriel de su tío francés, y seguramente en ellas harán alguna edición especial de Mano Negra. De momento esto último está en el aire.
A continuación fuimos al almacén de botellas y cajas, en cuya esquina encontramos una humilde estantería repleta de cajas. Dentro de éstas había centenares de sobres con todas las etiquetas actuales y muchísimas más antiguas, algunas de ellas auténticas rarezas. Imaginaros por un segundo delante de esta maravilla y que encima Glenn os dijera: “Coge todo lo que quieras, como si estuvieras en tu casa”. Tras el espasmo inicial me entró un subidón de adrenalina viendo los sobres. Así que desde aquí tengo que dar infinitas gracias tanto a Glenn por el detallazo (no envían etiquetas por correo de tantas peticiones como tienen), como a Gabriel por ser quien las pidió por nosotros.
En la foto, Glenn y las cajas con los sobres de etiquetas.
A continuación seguimos visitando las instalaciones, fuimos al almacén de maltas y cuando casi no me había recuperado del sobresalto de las etiquetas, entramos en una pequeña habitación que resultó ser la maravillosa tienda Alvinne. Prácticamente todos los sueños imaginables en botella hechos realidad: Birrificio del Ducato, Toccalmatto y Panil desde Italia; Thornbridge, Marble y BrewDog desde U.K.; las nórdicas Mikkeller y Haandbryggeriet; De Molen, Hitachino, BFM, y un larguísimo etcétera, además de algunas de las mejores belgas, destacando las espontáneas (Hanssens, 3 Fonteinen, Cantillon…). ¡Sin duda una de las mejores tiendas que he visto en mi vida!
Arriba una de las fotos de las estanterías de la tienda (disculpad la calidad, pero entre la poca luz y el poco espacio entre estanterías no pude sacar nada mejor).
El problema, como siempre, tener que viajar en avión. Así que nos tuvimos que conformar con 3 botellas, una Haandbryggeriet Dark Force, una Birrifico del Ducato Verdi Black Jack, ambas imperial stout, y una Haandbryggeriet Bestefar. En voz muy alta y a lo Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó, digo que a Ceres pongo por testigo que jamás volveré a esta tienda sin una buena furgoneta para cargarlo casi todo!
Tras las compras subimos a la parte superior, donde tenían una sala con una barra, unas mesas y un par de sofás.
Allí pedimos dos tablas de degustación con cuatro de sus Alvinne Morpheus: Wild, Extra, Tripel y Dark. Además pudimos degustar Moens Blondje, la primera cerveza de prueba que elaboran en estas instalaciones y que bombean directamente desde la parte de abajo hasta la barra. Para finalizar nos pedimos una Alvinne Vuur & Vlam, una versión de la afamada IPA elaborada por De Molen.
Allí pedimos dos tablas de degustación con cuatro de sus Alvinne Morpheus: Wild, Extra, Tripel y Dark. Además pudimos degustar Moens Blondje, la primera cerveza de prueba que elaboran en estas instalaciones y que bombean directamente desde la parte de abajo hasta la barra. Para finalizar nos pedimos una Alvinne Vuur & Vlam, una versión de la afamada IPA elaborada por De Molen.
Con el reloj un tanto apretado nos tuvimos que despedir tras agradecer el maravilloso trato recibido (en esto Gabriel tuvo bastante que ver) y nos fuimos a visitar las antiguas instalaciones de Alvinne en Ingelmunster, donde por lo visto habían abierto otros cerveceros.
Una vez allí, subimos al altillo de madera que tanto había ansiado visitar previamente y nos encontramos mucha gente mayor tomando las cervezas de la casa, de nombre Eutropius.
Concretamente elaboraban dos cervezas, First Angel, una blonde de 8%, suavemente afrutada y de carbonatación muy ajustada, y una cremosa y ligera bruin de 5,5% (más bien una stout, por los prominentes torrefactos) sin nombre aún.
Tras probarlas y tomar un pequeño tentempié para salvar el ingente alcohol ingerido durante toda la mañana nos fuimos de nuevo para el coche, esta vez en dirección a Oostvleteren.
Concretamente elaboraban dos cervezas, First Angel, una blonde de 8%, suavemente afrutada y de carbonatación muy ajustada, y una cremosa y ligera bruin de 5,5% (más bien una stout, por los prominentes torrefactos) sin nombre aún.
Tras probarlas y tomar un pequeño tentempié para salvar el ingente alcohol ingerido durante toda la mañana nos fuimos de nuevo para el coche, esta vez en dirección a Oostvleteren.
Ya allí, nos dirigimos a las instalaciones de Struise Brouwers, que se alojaban dentro de una vieja y modesta escuela. Tras admirar el patio con sus correspondientes porterías y canastas, entramos a ver las antiguas aulas con sus respectivas mesitas, sillas y pizarras.
Entramos en una de las aulas, repleta de gente. Al frente había una gran pizarra con un croquis de cómo elabora su cerveza Struise. Al fondo, donde habitualmente se sientan los alumnos más parlanchines, embusteros y demás incomprendidos de la clase, encontramos dos neveras repletas de cerveza.
Tras saludar y conocer a Carlo y Urbain, dos de los cuatro genios de Struise, nos sentamos en la parte final (será que de pequeños nos iba dar caña en clase…) y Carlo nos sacó unas Tjeeses, la cerveza de navidad, y Tjeeses Reserva, versión de la misma pero con 6 meses en barrica de vino Porto.
Arriba, una de las mesas repletas de gente, con la pizarra al fondo.
Tras saludar y conocer a Carlo y Urbain, dos de los cuatro genios de Struise, nos sentamos en la parte final (será que de pequeños nos iba dar caña en clase…) y Carlo nos sacó unas Tjeeses, la cerveza de navidad, y Tjeeses Reserva, versión de la misma pero con 6 meses en barrica de vino Porto.
La Tjeeses normal estaba repleta de fruta (albaricoque, melocotón, ciruela…) acompañadas elegantemente por toffee y en menor grado de café. Muy sabrosa. La Tjeeses Reserva estaba mucho más redonda, con más caramelo y pasas, y al contrario que su hermana, con menos toffee y café. Final menos seco, dulzón y más duradero. Ambas riquísimas y entre las mejores de todo el viaje sin duda.
Disfrutando de los cervezones en este entrañable entorno, quedamos maravillados con la colección de antiguas botellas belgas serigrafiadas que tenían en una de las paredes.
Otra de las anécdotas fue ver la “clase” repleta de gente de todas las edades, incluso niños, como ya habéis visto en la foto de la pizarra, más arriba. En este sentido, recuerdo a Carlo sentado en una de las mesas explicándole la Struise Westoek X y la Pannepot a un chico de unos 13 o 14 años. Quien tuviera esa edad y sobretodo un maestro así… Cosas como éstas no hacen sino darte cuenta de la grandeza de este país y el respeto que le profesan a la cerveza.
Seguidamente llegó de nuevo Carlo y nos dio a probar una Pannepot Reserva 2005, que es una Pannepot envejecida 14 meses en barrica de roble francés (la Grand Reserva está 24 meses en barrica). Si hacéis unos pocos números, rápidamente os percataréis que lleva unos 4-5 años madurando en botella, por lo que si de normal ya está espectacular, esta botella lo estaba aún más. Textura muy sedosa, repleta de notas de fruta negra y madura, pasas por doquier, especias, un punto de caramelo… ¡Maravillosa!
Y ahora, si me disculpáis, quiero hacer un pequeño inciso. No me puedo olvidar de decir a todos aquellos que opinan que Struise (entre otras fábricas), es una cervecera para snobs con la cartera llena, que en la estantería de la entrada de la escuela que funciona como tienda estaba ésta y muchas otras joyas más por unos irrisorios 2,5€. Así se entiende la cantidad de gente de a pie que entraba continuamente a comprarse su cajita como quien va al supermercado y no precisamente frikis ricachones venidos de USA. Así que siento ponerme así pero lo de cervecera snob si no os importa lo dejamos de lado y en todo caso ponemos esas etiquetas a aquellos que quieran forrarse aprovechando el tirón y la fama de Struise.
Una vez hecho el inciso que no quería dejar pasar volvamos con la entrada. Tras ésta cerveza, Gabriel volvió a interceder por un servidor y muy amablemente Carlo nos regaló un buen puñado de etiquetas, algunas de ellas verdaderamente raras. Así que al igual que con Alvinne, quiero dar las gracias desde aquí a Carlo, ya que están verdaderamente hartos de recibir peticiones de etiquetas por mail de gente que ni tan solo ha probado sus cervezas así que es justo reconocer que tuvieron un gran detalle con nosotros.
Y así, cargados de nuevo nos despedimos y nos fuimos para el coche con otra meta de fábula en mente: la maravillosa ciudad de Brujas. Pero esto, mejor lo dejo para el siguiente post… ;P





















