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22 oct 2012

Desenmarañando las variaciones con Struise Black Albert.



Hace unos días nos enterábamos de una notícia estupenda gracias a la cual a partir de ahora podremos disponer de elaboraciones de De Struise Brouwers que hasta hace muy poco no podíamos ver más que en sueños. Así que aprovechando esto y que a finales de semana asistiremos a la fiesta que Zombier celebrará en el Drunk Monk y en la que podremos probar algunas de esas joyas, he pensado en publicar un post aclarador sobre la enorme cantidad de variaciones de su reputada Black Albert.

Aunque seguramente muchos de vosotros ya la conocereis, la Black Albert es la “Belgian Royal Stout” que fue ideada como tributo al Ebenezer’s Pub, un local cervecero situado en la costa nordeste de USA, reputadísimo como pocos en ese país e incluso es considerado por algunos algo así como el famoso Kulminator de Amberes pero a lo yankie. En cuanto a la cerveza se trata de una bomba oscura repleta de torrefactos, café, caramelo, frutas oscuras, muy elegante y verdaderamente compleja. Y lo mejor de todo, por si no fuera suficiente por ella misma, es la infinidad de elaboraciones en las que ha funcionado como base y de las que a continuación os hablamos. La etiqueta es obra de Vincent Hocquet.



Cuvée Delphine. Se trata de la versión de la Black Albert envejecida unos meses en barricas del conocido whiskey bourbon 4 Roses. En cuanto al nombre, aunque en un principio pensaron en llamarla ocurrentemente 4 Black Roses, tras el consejo de los colegas de Kentucky decidieron no hacerlo y terminaron inspirándose en el nombre de la ilustradora, Delphine Boël. En cuanto al lema que podeis ver "Truth can set you free" por lo visto hace referencia a que la citada ilustradora es la hija bastarda del "rey" de Bélgica.



Kabert. En este caso se trata de un blend entre la Black Albert de Struise y Kate the Great, una Russian Imperial Stout de la estadounidense Portsmouth Brewing. 11% alcohol. También poseen una versión de la misma en barrica de Porto.



Las tres anteriores se pueden encontrar en botella pero hay dos elaboraciones que por el momento sólo han salido en barril:
- Black Berry Albert. Tomando como base la misma Black Albert pero fermentada con bayas negras y envejecida en barrica de Porto. 13%.
- Woody Albert. Misma base pero paso por dos barricas distintas, de vino Jerez y del reputadísimo whisky Lagavulin.

Pero la Black Albert también ha servido para la elaboración de otras cervezas fuera de las instalaciones de Struise. Uno de las más tentadoras podría ser la Three Floyds Baller Stout, conmemorativa del XV aniversario de esta craft estadounidense, un blend en el que intervinieron su Dark Lord, Surly Darkness (Surly Brewing), Beer Geek Brunch (Mikkeller) y la citada Black Albert (Struise).



Serie Black Damnation.

Además de todas las anteriores, una de las contribuciones más productivas al tiempo que conocidas que ha dado la Black Albert es la serie Black Damnation, que empezó con una colaboración con la holandesa De Molen y ha ido evolucionando hasta alcanzar verdaderas barbaridades. Todo empezó cuando Urbain, el maestro cervecero de Struise, pensó en elaborar 12 cervezas usando como base su Black Albert. Seis de ellas (la I, II, III, IV, V y XI) han salido embotelladas para el público general, otras cinco (VI, VII, VIII, IX y X) sólo se pudieron disfrutar en algunos festivales, pubs o eventos concretos. Pero además, hay otras dos cervezas elaboradas en exclusiva por De Molen (666 y Molen’s Steam Edition).



La primera de ellas, Black Damnation I, fue una colaboración con De Molen, concretamente un blend 50-50% con la Hel & Verdoemenis, con 13% de alcohol.



BD II Mocha Bomb también mezcla Black Albert con la Hel & Verdoemenis de De Molen pero con algunas particularidades: 50% es Black Albert madurada con granos de café colombiano, 25% Hel & Verdoemenis envejecida 6 meses en barricas de Jack Daniels en las instalaciones de Struise, y el 25% restante es la Struise Cuvée Delphine mencionada más arriba. En total alcanza 12% de alcohol.



La BD III Black Mes se elaboró con Black Albert añejada durante 3 meses en barricas de whisky Caol Ila’s Distillers Version 1995, el favorito de Paul Melia’s, también conocido como Mes y de ahí el nombre de la cerveza. 13% de alcohol.



La cuarta versión es la BD IV Coffee Club y vuelve a usar la Black Albert como base pero en este caso envejecida 6 meses en barricas de ron muy viejo. Alcanza los 13% de alcohol.



La BD V Double Black usa como base la Cuvée Delphine a la cual se le aumentó el contenido alcohólico mediante el método de congelado propio de las Eisbock hasta alcanzar nada más y nada menos que 26% de alcohol.



Aún rizaron más el rizo con la BD VI Messy, que alcanza los 39%, aunque según he leído, éste se encuentra muy bien escondido y sigue conservando rasgos propios de una cerveza como es el gas y la espuma a diferencia de otras elaboraciones más cercanas a un destilado propiamente dicho.

Después de tal barbaridad sacaron la BD VII Single Black, también oscura pero con muchísimo menos alcohol, concretamente 2%.

La octava, BD VIII S.H.I.T., es una especie de híbrido entre la Black Albert y la Shark Pants, la doble IPA de 300 IBUs hecha en colaboración con la estadounidense Three Floyds, obteniendo lo que los yankies llamarían una Black IPA. Aunque la traducción del nombre apunta a algo un tanto escatológico, en realidad es un juego de palabras: Super High Intensive Taste. 12% de alcohol.

La novena versión, la BD IX Beggar’s Art, es la Black Damnation primigenia pero envejecida en barricas del whisky escocés Ardbeg. 18.1% de alcohol.

Con la BD X Double Wood se le añadió levadura fresca a la Black Albert y se dejó envejecer en barricas de otro whisky escocés de Islay, concretamente Balvienie. 15% de alcohol.

Y la última de la serie de la que vamos a hablar, la BD XI Special Kay, es una mezcla de la ya mencionada Kate The Great de Portsmouth Brewing con la Black Albert. La cerveza fue congelándose fraccionadamente hasta los -15ºC durante un período de 20 días, para así separar el agua del alcohol y aumentar el porcentaje de éste último. Por tanto se trata otra vez del proceso de las Eisbock pero modificado por Struise. Previo a este proceso, la cerveza tuvo un añejado en barricas de porto Noval durante 10 meses.



Cómo os comentaba al principio de ésta serie, hay dos elaboraciones relacionadas que sacó De Molen:

- Black Damnation 666: es una mezcla de la Black Albert con la Hel & Verdoemenis 666, y ésta última es una versión de la H&V con chips de barrica de cognac de 40 años. 13%.

A la izquierda, Black Damnation 666. A la derecha, Hel & Verdoemenis 666.


- Black Damnation Molen’s Steam Edition: la base en este caso es la Black Damnation I, se deja madurar con chips de whiskey single malt Old Potrero, de la cervecera y destileria californiana Anchor Brewery, conocida por su Steam Beer. 13%.

La etiqueta apenas se diferencia de la primera Black Damnation.


Y con esta última joya damos por finalizado el post. Espero y deseo que a parte de una tremenda resaca por tanto alcohol os haya quedado algo más claro este batiburrillo de nombres, números y barricas.

* Todas las fotografías han sido tomadas de diferentes páginas y por lo tanto tienen sus respectivos derechos de autor.

9 ago 2012

Cantillon: el secreto está en la mezcla...


Hace tiempo ya desde la última vez que publiqué alguno de los numerosos y en ocasiones ingeniosos cómics sobre cerveza que hay por la red. Concretamente hay unos que seguía bien de cerca, Trouble Brewing, y que salían en la web estadounidense The Full Pint (aquí os dejo el enlace a las tiras cómicas http://thefullpint.com/category/trouble-brewing/ ) pero en febrero, el autor, Arne Frantzell, dejó de publicar en esa página así que tristemente nos tenemos que conformar con releerlos una y otra vez…

Aquí abajo os dejo uno en un inglés bastante asequible sobre un jovenzuelo que visita Cantillon y conoce a Jean, el actual propietario y quien encabeza la cuarta generación de elaboradores en dicha cervecera. Como esta entrada la he dejado programada y no se si la imagen se podrá ampliar, por si las moscas más abajo del dibujo os he dejado una traducción para que así los que no controléis mucho de la lengua de Shakespeare también podáis leerlo.



1.
Llega un chicuelo al bar que hay en la entrada de la Brasserie Cantillon…

2.
De repente al chico le entra un bajón de azúcar y se empieza a tambalear…

3.
El chico le comenta a Jean: Tengo el contenido de azúcar en sangre bajo, ¿tienes algún zumo?
Jean – ¡Naturalmente!

4.
Jean - ¡Aquí tienes!
Chico – ¡Gracias!

5.
El chico lo bebe en un típico vaso para gueuze… pero le parece tan repulsivo que no puede beberlo y le pregunta: ¿¿¿Pero esto qué es????

6.
Jean – Es una mezcla de zumos de uno, dos y tres años de antiguedad. Cualquiera puede hacer zumo de naranja. El verdadero arte está en la mezcla.
Chico - ¿Y tienes un poco de agua?

7.
Jean, ofreciéndole otro vaso le dice – ¡Claro que sí!

8.
El chico se acerca el vaso a la boca y le pregunta de nuevo – ¿Es también cuvée?
A lo que Jean le responde – No, está sin mezclar…

9.
El chico levanta el vaso y se dispone a beber cuando Jean termina la frase “...de 1983…”.
Con lo que el jovenzuelo no puede sostener el sorbo dentro de la boca y lo expulsa violentamente…

 FIN
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Espero que os haya divertido tanto como a mí en su momento. Por cierto, Arne Frantzell es el autor de la Struise Motuecha, por si os sonaban de algo los dibujos…


28 oct 2011

Mejores cervezas del mes: Septiembre y Octubre.

Aquellos que sigáis el blog habitualmente puede que el mes pasado echarais en falta una de las secciones habituales: “Las Mejores Cervezas del Mes”. Con tantas entradas como me terminó dando de si el viaje por Bélgica, el septiembre pasó literalmente volando sin un hueco libre. Así que tras el parón del mes pasado, volvemos de nuevo a la carga.

Como decía (y pudísteis leer en los correspondientes posts), en Bélgica bebimos muchas y muy ricas cervezas, así que para no volver a incidir en todas y cada una de ellas, he pensado hacer un breve listado de las que en mi opinión fueron las mejores. En primer lugar, sin ningún tipo de dudas, Cantillon de barril (Vigneronne, Gueuze o Kriek por ejemplo). Por fin he podido comprobar como cambian radicalmente respecto a su versión en botella, increíblemente equilibradas y con una acidez mucho mejor compensada. También nos dejaron pasmados Struise Tjeeses y su versión Reserva, así como la De Dolle Extra Export Stout y Stille Nacht Reserva, todas ellas, cervezas que tardaré tiempo en olvidar. Además de las Cantillon, una deliciosa 3 Fonteinen Kriek de barril fue otra grata y “espontánea” sorpresa (independientemente que las kriek me chiflen…). Y para finalizar no me quiero olvidar de una cerveza sobre el papel más humilde, sin tanto nombre ni autobombo, pero sorprendentemente fresca y lupulada y con un fondo malteado muy conseguido, la St. Feuillien Saison de barril.

Y con poco más pasó el septiembre, ya que tras el viaje, como comprenderéis, vino una semana sin probar un solo mililitro de cerveza para así dar un merecido respiro a nuestros hígados.

Ya en octubre, llegó el mes de las celebraciones y los cumpleaños, con lo que algunas de las mejores cervezas que hemos ido recogiendo en los últimos meses por fin pudieron ver la luz (aunque esa luz fuera breve porque rápidamente entraron en otra despensa…).

La primera fue una colaboración sorprendentemente equilibrada de la mano de la italiana Birra del Borgo y la yankie DogFish Head: My Antonia. Esperábamos una bomba descontrolada de lúpulo y en cambio nos topamos con una cerveza repleta de sugerentes pero comedidos lúpulos nobles en nariz, con notas herbales y cítricas, sobre un fondo cereal muy interesante. En boca mucha fruta tropical así como melocotón y naranja, pero lo mejor, como decía al principio, su tremendo equilibrio. Ni de lejos aparentaba tener 7,5% de alcohol ya que entraba con suma facilidad.


Otra cerveza que en este caso 100% yankie es la Dogfish Palo Santo, muy provocadora en nariz, con recuerdos a barrica, whisky, vainilla, chocolate, frutos rojos y regaliz, principalmente (si, ya sé que parece que esté hablando de algún postre, pero no…). En boca, una entrada afrutada y ácida, con mucha cereza y en menor grado frambuesa, un alcohol que aparece pero se compensa excelentemente bien, y en segundo plano ciruelas y uvas pasas. Cuerpo elevado pero nada empalagoso pese a su textura ligeramente cremosa. Final ligeramente ácido y un punto amargo. Lo mejor, es que todo lo anteriormente descrito se encuentre en perfecta armonía (estos tipos de Dogfish son la repera…).


Para rebajar tanta corpulencia quería comentar dos cervezas belgas. La primera porque nos reconquistó tras una inesperada primera decepción, Urthel Hop-It. La segunda, Urthel Saisonaire, simplemente porque nos pareció una muy buena cerveza. Como decía, hace unos meses pudimos probar la Hop-It (cuando comentamos en esta misma sección su hermana, la Urthel Samaranth) y por cuestiones que desconozco (¿almacén?, ¿transporte?, ¿una mala tirada?), nos llevamos una gran decepción, pese al excelente crédito de que goza esta microcervecera. Así que hace unas semanas la pudimos probar de nuevo, y por fin pudimos comprender esa merecida fama. Una “belgian IPA” en todo su esplendor, mucha fruta, algo dulzona pero excelentemente bien balanceada, sugerentes y aromáticos lúpulos y un atractivo punto amargo. En cuanto a su hermana, la Saisonnere, más ligera y “tomable” (qué mal suena en español y qué fácil lo tienen los ingleses con su dichoso “drinkability”), pero que cumple su función más que de sobras (no me quiero imaginar una tarde de verano delante de una neverita llena…).


Tras este inciso belga, vamos con otra americana, pero que al contrario de lo que pueda aparentar, y más sabiendo su fabricante, no se trata de ninguna bomba de lúpulo ni de una cerveza extrema. Me refiero a Stone Smoked Porter, una cerveza que, como decía, solo con pensar en su fabricante ya te lleva a equívoco. Sus más que discretos 5,9% de alcohol demuestran que algunos yankies también saben hacer cervezas sin multiplicarlo todo por 2 o por 3. En cuanto al aspecto, fascina su color marrón oscuro con preciosos reflejos cobrizos, así como una espuma beige muy esponjosa y duradera. En nariz un sugerente y suave ahumado viene acompañado por maltas torrefactas y en menor medida por café y fruta madura. En boca, paso ligero, ahumados y chocolate, algo de regaliz y un punto final a café que aporta algo de acidez a un final amargo comedido. En conclusión, fácil de tomar, un ahumado contenido, menor del esperado y bien compensado, con la carbonatación justa. Sencillamente genial.


La penúltima es otro ejemplo de maravilloso equilibrio que en ocasiones nos brinda la tierra del tio Sam (no todo lo hacen a lo bestia…), la Sierra Nevada XXX Anniversary Gran Cru. Elaborada tras ensamblar tres de sus más afamadas cervezas (Bigfoot Oak aged, Celebration Ale y la estupenda Pale ale), y tras darle un paso por barrica de bourbon a ¾ partes y el resto dejarla sin barrica. No me negaréis que no apunta alto… En cuanto al aspecto, en mi humilde opinión, quizás la mejor de todas las de este mes (pese a que reconozco que en la foto no se ve una p.m.), rojiza, con destellos ambarinos y naranjas, todo coronado por una espuma ligeramente beige. Espectacular. En nariz y posteriormente en boca, mucho lúpulo jugoso, fruta tropical, maracuyá, piña y mango, un punto ácido y una carbonatación media pero bien integrada. Cuerpo medio-alto y un amargor compensado de forma extraordinaria. Magnífica. Sigo sin comprender como una cervecera con una producción tan elevada como Sierra Nevada mantiene el nivel tan alto en casi todas sus cervezas. Sin duda, una de las mejores cervezas ya no del mes, sino probablemente del año.


Y para finalizar, otra de las cervezas (como muchas de las anteriores) que aguardaba su preciso momento desde hace año y medio aproximadamente en la bodega para una celebración muy especial con mi querida Lúpula (el colofón de tantos aniversarios…). Se trata de otra colaboración entre dos cerveceras de sobra conocidas, Struise y De Molen: la Black Damnation I. Sí, la primigenia (si no me equivoco ya van por la versión nº10…). Una combinación al 50% entre la Black Albert de Struise y la Hel & Verdoemenis de De Molen. Al servirla acojona y atrae al mismo tiempo casi tanto como su etiqueta. Densa, negra, opaca, apenas forma espuma hasta que de repente, como salida de la nada, aparece una fina capa beige oscura. En aroma, explosiva. Detrás de los acaparadores chocolate y café, aparece regaliz, ciruela, pasas y recuerdos tostados. Ya en boca entra cremosa, llenando la boca aún con un pequeño sorbo, el café se apodera de todo aunque deja ciertos resquicios por los que se cuelan un punto de chocolate, regaliz y algún recuerdo similar a madera. Amargor realmente pronunciado, cuerpo elevado, una carbonatación muy comedida y excelentemente integrada que potencia la textura tan cremosa. Posgusto muy largo y cálido (que no alcohólico, ya que a pesar de tener 13% se disimula excelentemente bien detrás de la sugerente amalgama de sabores). Cerveza muy sabrosa, para tomar con mucha, mucha calma (mucho más de lo que ya sería habitual en cualquier imperial stout). No apta para los que no estén muy iniciados con este tipo de cervezas. En mi opinión, casi perfecta (aunque ese casi le falta no sabría decir qué es… ;P).


Y así vestidos de un azabache profundo terminamos esta ronda tan intensa de cervezones que corona este octubre, nuestro mes de los aniversarios. Veremos qué nos depara el próximo noviembre.

27 sept 2011

Viaje Bélgica (V). De cerveceras por Flandes occidental.

Para que no perdáis el hilo del viaje con tanta entrada, os recuerdo que el día anterior (viernes, segundo día de viaje) habíamos salido de Bruselas y llegamos a Watou, en el oeste de Flandes Occidental.

Nos levantamos el sábado (tercer día de viaje) sin nada de resaca (no todos pueden decir lo mismo estando en Bélgica… ;P) y con muchas ganas ya que nos esperaba el maravilloso bufé-desayuno de la casa St. Bernardus. Tras suministrar un buen chute de calorías al cuerpo en forma de quesos, embutidos, repostería, mermeladas y un largo etcétera… Jackie nos contó que las visitas a la fábrica St. Bernardus eran los viernes y que por tanto nos íbamos a quedar sin verla. Aún así, accedió a llevarnos a la tienda, y de refilón pudimos ver (y oler… ya que estaban elaborando cerveza) parte de las instalaciones.

Una curiosa escultura de un lúpulo gigante en una de las salidas de Poperinge.

Tras unas compras en la tienda y despedirnos de Jackie, nos subimos al coche para dirigirnos hacia Moen, pequeño pueblo situado en el sur de Flandes occidental, casi en el límite entre Flandes y Valonia. En esta pequeña población se encuentra Alvinne Picobrowerij, desde que hace unos meses dejaran las antiguas instalaciones en Ingelmunster.

A través de un camino estrecho entre cultivos llegamos por fin a un edificio austero cuyo cartel no daban pie a confusión:



Para quien no conozca Alvinne, decir que se trata de una de las micros (o para ser más exactos, pico-cervecería) que más nombre está adquiriendo en Bélgica desde unos años hacia acá. Un ejemplo de ello es el Craft Beer Festival que organiza allá por marzo y que congrega algunas de las cerveceras con más prestigio en la actualidad dentro y fuera de Bélgica: Mikkeller, Thornbridge, BFM, Norrebro, Birrificio del Ducato, De Molen, Struise

Entramos en la fábrica, dónde nos esperaba Glenn, uno de los tres puntales de Alvinne junto con Davy y Marc. Tras un recibimiento de amigos nos empezó a enseñar los interiores de la fábrica. Maquinaria reluciente, prácticamente por estrenar, suelos y paredes impolutas, mucha iluminación… Todo realmente nuevo y dispuesto de forma muy funcional.


Tras dejar la maquinaria atrás nos dirigimos hacia dónde tenían un interesante surtido de barricas de madera: de vino tinto Borgoña, Pomerol (Burdeos), blanco de Monbazillac, entre otros. En concreto, las barricas de Pomerol se las consiguió Gabriel de su tío francés, y  seguramente en ellas harán alguna edición especial de Mano Negra. De momento esto último está en el aire.

En la foto, Glenn y las barricas.

A continuación fuimos al almacén de botellas y cajas, en cuya esquina encontramos una humilde estantería repleta de cajas. Dentro de éstas había centenares de sobres con todas las etiquetas actuales y muchísimas más antiguas, algunas de ellas auténticas rarezas. Imaginaros por un segundo delante de esta maravilla y que encima Glenn os dijera: “Coge todo lo que quieras, como si estuvieras en tu casa”. Tras el espasmo inicial me entró un subidón de adrenalina viendo los sobres. Así que desde aquí tengo que dar infinitas gracias tanto a Glenn por el detallazo (no envían etiquetas por correo de tantas peticiones como tienen), como a Gabriel por ser quien las pidió por nosotros.

En la foto, Glenn y las cajas con los sobres de etiquetas.

A continuación seguimos visitando las instalaciones, fuimos al almacén de maltas y cuando casi no me había recuperado del sobresalto de las etiquetas, entramos en una pequeña habitación que resultó ser la maravillosa tienda Alvinne. Prácticamente todos los sueños imaginables en botella hechos realidad: Birrificio del Ducato, Toccalmatto y Panil desde Italia; Thornbridge, Marble y BrewDog desde U.K.; las nórdicas Mikkeller y Haandbryggeriet; De Molen, Hitachino, BFM, y un larguísimo etcétera, además de algunas de las mejores belgas, destacando las espontáneas (Hanssens, 3 Fonteinen, Cantillon…). ¡Sin duda una de las mejores tiendas que he visto en mi vida!

Arriba una de las fotos de las estanterías de la tienda (disculpad la calidad, pero entre la poca luz y el poco espacio entre estanterías no pude sacar nada mejor).

El problema, como siempre, tener que viajar en avión. Así que nos tuvimos que conformar con 3 botellas, una Haandbryggeriet Dark Force, una Birrifico del Ducato Verdi Black Jack, ambas imperial stout, y una Haandbryggeriet Bestefar. En voz muy alta y a lo Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó, digo que a Ceres pongo por testigo que jamás volveré a esta tienda sin una buena furgoneta para cargarlo casi todo!


Tras las compras subimos a la parte superior, donde tenían una sala con una barra, unas mesas y un par de sofás.




Allí pedimos dos tablas de degustación con cuatro de sus Alvinne Morpheus: Wild, Extra, Tripel y Dark. Además pudimos degustar Moens Blondje, la primera cerveza de prueba que elaboran en estas instalaciones y que bombean directamente desde la parte de abajo hasta la barra. Para finalizar nos pedimos una Alvinne Vuur & Vlam, una versión de la afamada IPA elaborada por De Molen.


Arriba la tabla con las distintas Morpheus de barril. Abajo la Moens Blondje y la Vuur & Vlam.



Con el reloj un tanto apretado nos tuvimos que despedir tras agradecer el maravilloso trato recibido (en esto Gabriel tuvo bastante que ver) y nos fuimos a visitar las antiguas instalaciones de Alvinne en Ingelmunster, donde por lo visto habían abierto otros cerveceros.

Una vez allí, subimos al altillo de madera que tanto había ansiado visitar previamente y nos encontramos mucha gente mayor tomando las cervezas de la casa, de nombre Eutropius.




Concretamente elaboraban dos cervezas, First Angel, una blonde de 8%, suavemente afrutada y de carbonatación muy ajustada, y una cremosa y ligera bruin de 5,5% (más bien una stout, por los prominentes torrefactos) sin nombre aún.



Tras probarlas y tomar un pequeño tentempié para salvar el ingente alcohol ingerido durante toda la mañana nos fuimos de nuevo para el coche, esta vez en dirección a Oostvleteren.

Ya allí, nos dirigimos a las instalaciones de Struise Brouwers, que se alojaban dentro de una vieja y modesta escuela. Tras admirar el patio con sus correspondientes porterías y canastas, entramos a ver las antiguas aulas con sus respectivas mesitas, sillas y pizarras.

Arriba, la fachada del edificio de la escuela, donde se alojaba Struise Brouwers.

Entramos en una de las aulas, repleta de gente. Al frente había una gran pizarra con un croquis de cómo elabora su cerveza Struise. Al fondo, donde habitualmente se sientan los alumnos más parlanchines, embusteros y demás incomprendidos de la clase, encontramos dos neveras repletas de cerveza.

Arriba, una de las mesas repletas de gente, con la pizarra al fondo.

Tras saludar y conocer a Carlo y Urbain, dos de los cuatro genios de Struise, nos sentamos en la parte final (será que de pequeños nos iba dar caña en clase…) y Carlo nos sacó unas Tjeeses, la cerveza de navidad, y Tjeeses Reserva, versión de la misma pero con 6 meses en barrica de vino Porto.

Arriba, Tjeeses y Tjeeses Reserva.

La Tjeeses normal estaba repleta de fruta (albaricoque, melocotón, ciruela…) acompañadas elegantemente por toffee y en menor grado de café. Muy sabrosa. La Tjeeses Reserva estaba mucho más redonda, con más caramelo y pasas, y al contrario que su hermana, con menos toffee y café. Final menos seco, dulzón y más duradero. Ambas riquísimas y entre las mejores de todo el viaje sin duda.

Disfrutando de los cervezones en este entrañable entorno, quedamos maravillados con la colección de antiguas botellas belgas serigrafiadas que tenían en una de las paredes.


 Arriba y abajo de estas líneas, la colección de botellas serigrafiadas.



Otra de las anécdotas fue ver la “clase” repleta de gente de todas las edades, incluso niños, como ya habéis visto en la foto de la pizarra, más arriba. En este sentido, recuerdo a Carlo sentado en una de las mesas explicándole la Struise Westoek X y la Pannepot a un chico de unos 13 o 14 años. Quien tuviera esa edad y sobretodo un maestro así… Cosas como éstas no hacen sino darte cuenta de la grandeza de este país y el respeto que le profesan a la cerveza.

Seguidamente llegó de nuevo Carlo y nos dio a probar una Pannepot Reserva 2005, que es una Pannepot envejecida 14 meses en barrica de roble francés (la Grand Reserva está 24 meses en barrica). Si hacéis unos pocos números, rápidamente os percataréis que lleva unos 4-5 años madurando en botella, por lo que si de normal ya está espectacular, esta botella lo estaba aún más. Textura muy sedosa, repleta de notas de fruta negra y madura, pasas por doquier, especias, un punto de caramelo… ¡Maravillosa!


Y ahora, si me disculpáis, quiero hacer un pequeño inciso. No me puedo olvidar de decir a todos aquellos que opinan que Struise (entre otras fábricas), es una cervecera para snobs con la cartera llena, que en la estantería de la entrada de la escuela que funciona como tienda estaba ésta y muchas otras joyas más por unos irrisorios 2,5€. Así se entiende la cantidad de gente de a pie que entraba continuamente a comprarse su cajita como quien va al supermercado y no precisamente frikis ricachones venidos de USA. Así que siento ponerme así pero lo de cervecera snob si no os importa lo dejamos de lado y en todo caso ponemos esas etiquetas a aquellos que quieran forrarse aprovechando el tirón y la fama de Struise.

Arriba parte de la estantería con las cervezas que tenían disponibles para comprar.

Una vez hecho el inciso que no quería dejar pasar volvamos con la entrada. Tras ésta cerveza, Gabriel volvió a interceder por un servidor y muy amablemente Carlo nos regaló un buen puñado de etiquetas, algunas de ellas verdaderamente raras. Así que al igual que con Alvinne, quiero dar las gracias desde aquí a Carlo, ya que están verdaderamente hartos de recibir peticiones de etiquetas por mail de gente que ni tan solo ha probado sus cervezas así que es justo reconocer que tuvieron un gran detalle con nosotros.

Arriba, Carlo y la "despensa del placer".

Y así, cargados de nuevo nos despedimos y nos fuimos para el coche con otra meta de fábula en mente: la maravillosa ciudad de Brujas. Pero esto, mejor lo dejo para el siguiente post… ;P

3 may 2011

Primer día: Drunk Monk. Un edén en Mataró.

Tras unos días de sosiego cervecil para así retomar el fuelle perdido con el achuchón etílico vivido en Mataró y Barcelona, vamos con las prometidas reseñas del viaje.

La primera parada, el martes, sería en The Drunk Monk, situado en Mataró. Habíamos escuchado y sobretodo leído mucho sobre esta cervecería, casi siempre sobre la cantidad y calidad de sus referencias.


Salimos por la mañana de Llombai (a unos 20 minutos al suroeste de Valencia) con la idea de llegar cuanto antes a nuestro destino. Había mucho que ver pero sobretodo que degustar, aunque por desgracia únicamente disponíamos de un único día para disfrutar. Tras unos 420 Km. de carretera, que con tantas ganas se nos hicieron muy cortos, llegamos a Mataró. Tras descargar los bártulos en el hotel y hacer una comida rápida nos dirigimos hacia la cervecería, que no abría hasta las 18h.


Medio escondida entre la avenida Europa y un parque colindante, por fin nos topamos con este tan ansiado edén. La primera impresión fue inmejorable. Por dentro, el local no era ni grande ni pequeño (pues menuda descripción, pensaréis…), y estaba decorado con mucha madera. En las paredes, a parte de falsas ventanas que daban un curioso aspecto de abadía, tenían rebosante breweriana: posters y carteles varios, rarezas en botella, algunas de las cuales ya quisiéramos para nuestra colección, alguna bandera belga… en conjunto creando una atmósfera especial que nos hizo sentir como si estuviéramos en un local de Flandes (norte de Bélgica). En la barra, Sven Bosch, el propietario belga afincado en Mataró desde hace años, nos atendió con un singular pero impecable acento catalán. Primero queríamos probar algo de barril, y entre las americanas Anchor Porter y Flying Dog Old Scratch, las belgas Chimay Tripel y Maes, y la cerveza de la casa, Drunk Monk Deu, elaborada por Ca l’Arenys y que conmemoraba el 10º aniversario, nos decidimos por una pinta de Flying Dog y otra de la cerveza del local. La primera, una amber lager, muchos ya la conoceréis, así que nada. En cuanto a la Drunk Monk Deu (diez), se trataba de una IPA con 70 IBU, pero era muy suave y en ella destacaba un punto de lúpulo muy refrescante.


Después nos fuimos a la pertinente “inspección” de las neveras, con la que casi nos caemos de espaldas. Imaginar 5 neveras grandes repletas de joyas y otras 4 pequeñas (creo recordar) por encima, cada una con la temperatura diferente y adecuada para las cervezas que contenían. Por si no fuera poco, lo que nos dejó totalmente pasmados fue encontrar otra nevera a parte en la que únicamente habían cervezas espontáneas: Cantillon, 3 Fonteinen, Hanssens, Girardin y demás perlas “salvajes”. Así que como podréis imaginar, solamente por esto nunca antes habíamos visto un local similar, por cantidad y por la calidad de rarezas y ediciones especiales.

De entre todas, previniendo que íbamos a calentar silla toda la tarde, elegimos para empezar dos triples belgas atraídos más que nada por sus etiquetas: Zonderik Tripel y Bienvenue de Montaigu. La segunda muy correcta pero la primera será difícil de olvidar ya que hacía tiempo que una triple belga no nos sorprendía tan positivamente.


Para ir cargando la panza y así contrarestar el alcohol, pedimos una tabla (enorme sea dicho de paso) con cuatro quesos belgas de entre los doce que tenían para elegir (en este enlace los podéis ver, aunque los van variando). Nos decantamos por los más suaves en un principio: Passendale classic, Maredsous tradition, Brugge classic y Val-Dieu Casse-crôute.

Una vez las copas se empezaron a quedar un poco tristes, Sven se acercó junto con un amigo americano, Robert, que también hablaba un inmaculado catalán, y con ellos compartimos una botella de 75cl de Alvinne Alvino en barrica de borgoña (una espontánea con uvas añadidas y añejada en barrica de vino). ¡Qué barbaridad de cerveza! Me pongo a llorar solo de pensar en ella.

A continuación nos dejamos aconsejar para elegir alguna espontánea (Sven nos recomendó alguna de la afamada casa Hanssens, pero no nos pudimos resistir a tomar alguna Cantillon). La elegida fue Cantillon Mamouche, elaborada con flores de saúco. Al igual que con la anterior, no puedo ser imparcial al hablar de este tipo de cervezas, ya que las espontáneas son nuestra perdición. Entre el toque de madera y la sequedad en boca predominaba un deje muy floral. Solamente os digo que Rosana, con lo dura que suele ser siempre para dar notas a las cervezas, pensó en hacer una visita a Cantillon expresamente para probarla in situ. No digo más…


A continuación Sven, con total confianza, sacó una Budels Zware Dobber (que no nos dijo demasiado) y una Emelisse Barley wine (algo mejor pero un tanto decepcionante con la fama que atesoran otras elaboraciones de esta fábrica artesanal holandesa). Sven aún no las había probado y tuvo el detalle de invitarnos a estas dos (y como veríamos después en la factura, a algunas otras más).

Las últimas que íbamos a compartir con ellos dos, fueron una Struise Mikkeller (que ya no se elabora), que Sven la tenía añejando en bodega un par de años y la versión actual de la misma (con 163 IBUs en lugar de los anteriores 130), Struise Elliot Brew. La actual nos gustó bastante pero es que la versión añejada me dio un escalofrío que aún me recorre el cuerpo. Una doble IPA escandalosamente sabrosa y muy redonda, sin ninguna nota disonante pese a la cantidad de lúpulo, pero es que estaba domado impresionantemente bien por un fondo malteado exquisito. Una de las mejores IPAs que he probado nunca (y sabéis de nuestra afición a las florecillas verdes…).


Después de despedirnos de Sven y Robert, que se tenían que marchar, nos dimos cuenta que “aún” eran las 9 de la noche. Con el cuerpo ya entonado, pero con la consciencia del coleccionista aún despierta, pedimos otras dos cervezas y otra tabla de quesos, esta vez más especiales: Hervé Grand Maître, Chimay à la bière, Remoudou y Hervé Picant, de un nivel sublime los cuatro. La primera cerveza fue una Chimay Capsule Dorée añejada desde 2008, que no habíamos visto nunca y pese a ser un fanático de Chimay (concretamente de la versión azul) nos dejó un tanto despagados (dichosa y excesiva sugestión…). También pedimos una Millevertus Saxy Chilli, especiada, un punto ahumada pero nada extrema pese a los chiles. Esta si nos gustó y mucho.

La Chimay Capsule Dorée (arriba) y los quesos de la segunda tabla (abajo)

Después de esta ronda el cuerpo ya no estaba para muchos trotes y sintiéndolo mucho por la cantidad de joyas que se nos iban a quedar en el tintero (rarezas de De Molen como la versión 666 de su Hel & Verdoemenis, Ignis & Flamma de Struise, Nogne Dark Horizon, una larguísima lista de vintages…), decidimos terminar con dos cervezas que ignorantes de nosotros pensábamos que ya no se podían conseguir (os hablamos de ello en este mismo blog, en la entrada de Smisje y Salty Dog). Pedimos Smisje Catherine, una rica imperial stout, y Smisje Speciaal, de la que por puro desconocimiento no esperábamos mucho y terminó siendo una sorpresa mayúscula (mucha fruta, dulzona y muy especiada).


Tras pedir para llevar la cerveza del local en botella de 75cl, como no, llegó la hora de pagar. Pero aquí antes quisiera hacer un inciso. Algunos conocidos nos habían hablado de que si los precios en este local eran un poco elevados pero siendo francos (y que no suene pretencioso ni soberbio), esto tampoco nos importaba mucho. Y me explico. Si hay gente a la que no le importa pagar 60€ por un concierto o pagar 90€ por una entrada de un partido de Champions, o yo que se, por escaparse unos días a un hotelito con spa en medio de la montaña, ¿como se puede considerar caro pagar incluso menos que esto por estar desde las 6 de la tarde hasta las 11 de la noche bebiendo rarezas, compartiendo un momento irrepetible con Sven y disfrutando como auténticos niños? Está claro que para gustos colores y cada uno se gasta la pasta como le viene en gana, pero desde luego si viviéramos al lado nosotros no nos lo pensaríamos un segundo en ir tantas veces como pudiéramos.


Y conste que he de reconocer que la impresión final fue bastante distinta a la que teníamos antes de visitarlo. Pensábamos que era muy extraño que con esos supuestos precios altos tuviera tanto nombre y que lo visitara gente venida de todos los puntos de la península y por lo visto también desde Bélgica, Holanda e incluso USA. O la gente estaba forrada o las neuronas no les funcionaban muy bien. Pero después de conocer a Sven, un tipo con los pies bien puestos en el suelo y que todo esto no se le ha subido lo más mínimo a la cabeza (cosa que por otro lado no sería nada raro), que te habla con total naturalidad y te da palmadas en la espalda mientras se ríe contigo como si te conociera de toda la vida mientras compartís cervezas… Y que decir de las dos camareras, que controlan más de cerveza que mucha gente que va de entendida, o del ambiente inmejorable, a reventar de gente un martes entre semana, sonando buena música de fondo (guns & roses, scorpions, entre otros…). Sinceramente con todo esto y mucho más, ahora entiendo toda esa fama y la comparto al 100%.

Y os preguntareis, ¿no tiene nada de malo? Pues claro que si, faltaría más. Se me ocurren dos cosas así a bote pronto. La primera es que una vez que empiezas no puedes parar (el nombre del local, Drunk Monk = monje borracho, ya te anticipa como vas a terminar). Y lo segundo y quizás más importante, que es una pena no tener un Drunk Monk debajo de casa.

Sven, un placer compartir mesa, charla y cervezas contigo. Esperamos volverte a ver muy pronto.