Hoy quiero compartir con vosotros las impresiones de las
últimas muestras de la distribuidora barcelonesa Crusat, empresa que una vez
más vuelve a confiar en este blog para daros a conocer algunas de sus últimas
incorporaciones. Sin más, os dejo con las notas de la Harviestoun Orach Slie, la Fyne
Ales Sanda Black IPA y la Brooklyn
Sorachi Ace (en formato 33cl, ya la había en 75cl).
La primera de ellas es la escocesa Harviestoun Orach Slie, una lager perteneciente a su serie de
envejecidas en barricas, concretamente en este caso en barricas de la
destilería Glenfarclas, de Speyside.
Proseguimos con otra escocesa, en este caso la Fyne Ales Sanda Black IPA.
Servida en copa snifter nos ofrece un
color negro impenetrable, coronado por una espuma beige consistente y de buena
retención, con una burbuja muy pequeña. En nariz se aleja de los estándares esperables
en una clásica black IPA de corte estadounidense, el lúpulo es menos
protagonista de lo esperado y aparece en forma de un punto cítrico, a bayas
como grosella y también muy sutilmente fruta de hueso, así como también
recuerdos leñosos y vegetales de carácter británico. Todo ello se entremezcla
con una base menos torrefacta de lo que su aspecto vende, con algo de bizcocho,
sutil caramelo quemado y algo también de grano de café, un punto torrefacto
también y regaliz, pero todo ello con una intensidad baja. Ya en boca posee un trago
aparentemente muy fácil y bebible, con una carbonatación viva pero de burbuja
muy pequeña y nada molesta, pero rápidamente aparece ese amargor y esos
torrefactos que anteriormente se esperaban, y destacan hacia el final junto con
las notas leñosas y a bayas citadas anteriormente muy persistentes. Vuelven a hacer
presencia las notas a bizcocho ya citadas y destacan sobre todo hacia el final
algunas notas a frutos secos aún verdes, como almendras y nueces tiernas y
también algunos recuerdos vegetales, que acentúan la sensación de sequedad
final. No tiene una base maltosa destacable que compense tanto torrefacto y
amargor, el cuerpo es muy bajo y ofrece un trago ligeramente desequilibrado.
Así que resumiendo, en mi opinión se trata de una cerveza fácil de beber, con
un marcado punto amargo y vegetal, ligeramente falta de fondo así como un tanto
desequilibrada.
Por último vamos con Brooklyn
Sorachi Ace, según palabras de la cervecera neoyorquina se trata de una Farmhouse
ale con dry-hopping del lúpulo
japonés Sorachi Ace, que da nombre a la cerveza y que es un cruce entre el
Brewer's Gold inglés, el japonés Beikei no.2, y el checo Saaz.
Servida en copa
ofrece un color amarillento apagado, con una turbidez baja sin posos,
carbonatación media de burbuja minúscula que asciende formando una espuma
blanca persistente que no tarda en quedar en una fina capa. En nariz es muy golosa,
ofrece mucha fruta, por un lado cítrica como limón y hierbas aromáticas (terminamos
concluyendo algo así como el eneldo) así como un punto ligeramente floral, sobre
una base de fruta más madura como melocotón y naranja, además de algo de
levadura y pan. También ofrece un punto alcohólico. En boca posee un trago muy fácil
y elegante con la carbonatación muy fina, ligerísimamente sedosa en paladar. Nuevamente
aparecen las citadas notas cítricas acompañadas en este caso por vagos
recuerdos a fruta tropical como mango y maracuyá, sobre una base maltosa con caramelo
como protagonista pero muy bien equilibrada e integrada en el conjunto que deja
ser protagonista al lúpulo cítrico y herbal, con un trago fresco y muy bebible.
Pese a tener 7,2%, del alcohol ni rastro más allá del cuerpo medio. El amargor
está presente pero de una forma muy elegante, marca de la casa. Como
conclusión, estamos ante una cerveza muy redonda a la que quizás se le empieza
a intuir un punto de oxidación al lúpulo (personalmente lo detecto en este tipo
de cervezas por ese punto a naranja amarga y sobremadura), muy agradable y
elegante pero que no termina de entusiasmar.
Y hasta aquí las notas de estas tres cervezas de corte
actual, todas ellas interesantes pero especialmente me gustaría destacar el
trabajo con la Harviestoun, que pone las lager en el lugar que merecen con un
lavado de cara actual pero sin aspavientos. Por último agradecer nuevamente a Crusat el detalle de mandarme las cervezas.


