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23 ago 2010

Asturias (II). Calma que precede la tormenta.

Después de tantos días de ajetreo cervecero (ya llevábamos cinco días de parranda desde la llegada a Burgos) decidimos tomarnos un pequeño descanso. No era plan de llegar a Gijón el último día sin poderlo disfrutar, así que un par de días sin tanta cerveza iban a venirnos bien.

Como ya habíamos estado en Asturias otras veces, pero siempre por el interior, decidimos que esta era la ocasión perfecta para disfrutar de la costa, de los impresionantes acantilados y de sus playas. Por expresa recomendación de Andrés Lúpuloferoz (“organizador oficial” de casi todo lo que hicimos…) fuimos a Lastres, un precioso pueblo marinero levantado sobre una ladera pegada al mar.

Tras dar una vuelta, hacer las fotos correspondientes y disfrutar de las espectaculares vistas, nos fuimos de comida marinera a un tal Bar El Descanso. Paté de tiñosu (cabracho) delicioso, almejas a la marinera (nada que ver con las minucias que encontramos casi siempre por Valencia), mejillones y unos chipirones a la plancha, todo regado con varias botellas de sidra, evidentemente. ¡Que gozada...!

Tras un buen reposo, nos fuimos a la playa de La Griega a palpar las frías (pero de verdad…) aguas cantábricas. Más tarde fuimos al Faro de Luces (aunque algunos lo llaman Faro de Lastres) para disfrutar de una de las panorámicas más espectaculares que he conocido por toda la península. Ahí si que hubiera agradecido degustar un buen cervezón, admirando ese entorno incomparable...


Pero no nos detuvimos demasiado tiempo ya que habíamos quedado con Chela para ir a visitar Cudillero, otro pueblo marinero. Como si no lo cuento reviento, ahí va una anécdota, y es que estando parados en un semáforo de repente se baja él del otro coche, vociferando como un zumbado y se nos encara como si nos fuera a dar una paliza. Teníais que haber visto la cara de la gente mirándonos… (y la que pusimos nosotros…). Aún me río con la dichosa historieta.

Por si no teníamos ya bastante, saliendo de Avilés en dirección a Cudillero, a la altura de la Cruz de Illas, vemos que vuelve a parar Chela. Nos bajamos del coche y nos vamos corriendo casi 1 km. por una carretera estrecha (corriendo por los matorrales del arcén...) para hacerle una foto a un viejo cartel del Águila Negra colgado de un bar... Todo sea por preservar la "memoria histórica"...


Ya en Cudillero, nos encontramos con un pueblo realmente encantador. Imaginaros una ensenada natural con las casas forrando una ladera de elevada pendiente y el mar en la parte baja. Precioso.


Tras la consabida visita, y medio pixuetos, nos fuimos hacia la Ría de Pravia (parte final del río Nalón) para visitar San Esteban de Pravia, tomar unas cañas de Estrella Galicia 1906 de barril (realmente buenas) en El Viejo Molinillo y disfrutar de un estupendo picnic en un merendero con preciosas vistas de la ribera del río Nalón. Vamos, que ni en las películas… La cena a fue cargo del cocinillas de Chela y merece la pena destacar una deliciosa tortilla y un arroz con leche asturiano espectacular (para que Rosana se tomara ese postre ya podía estar bueno, ya que lo odia… así que cocinero: ¡no seamos tan exigente!). La cena estuvo regada con una joyita alemana de trigo presentada en una espectacular botella de cerámica de color negro. Se llamaba Dobbecke Spezial, de una pequeña cervecera de Hannover. Un plan perfecto para cerrar otro día memorable por Asturias.


¡Muchísimas gracias por todo, Bego y Chela! Gracias por esa estupenda cena, por vuestra agradable compañía y por hacernos olvidar los omnipresentes cacahuetes y panchitos de todas las cervecerías… (estaba empezando a asumir que eran platos más característicos de vuestra gastronomía que la propia fabada…).

El día siguiente nos lo tomamos a nuestro aire (era plan de dejar respirar a los pobres de la CAAC algún día…). Visitamos la zona minera del Entrego y su MUMI (2º museo asturiano en cuanto a número de visitas), pateamos varios municipios (Nava, Arriondas y Ribadesella), disfrutamos de las estupendas panorámicas (aunque un poco cubiertas por nubes…) del mirador del Fito y cerramos el día en el MUJA. Como este no fue un día específicamente cervecero (a excepción de la sorpresa de una botella de Águila Negra en un restaurante perdido entre montañas y la fugaz visita por los exteriores de la antigua fábrica en Colloto) mejor lo dejo estar aquí y en una próxima entrada terminaré el viaje con Gijón y su “cortísima” oferta cervecera.

A continuación tenéis unas pocas fotos de los restos de la fábrica de Águila Negra en Colloto.