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25 ago 2010

Asturias (III). ¡Puxa Xixón!

Último día en Asturias y fin del trayecto. Gijón fue la ciudad elegida para la despedida. Llegamos por la mañana y había salido un día genial: mucho sol y buena temperatura (algo no muy habitual por esta tierra de orbayus…). Tras una corta visita por el paseo marítimo nos fuimos (tras indicación previa de Iván y Andrés) directamente a la calle Marqués de Casa Valdés, conocida por alguno (todos los derechos reservados…jejeje) como la Milla de la Espuma.


Tras patear las siete manzanas que conformaban la calle y ver que estaba casi todo cerrado a mediodía, pudimos entrar en un sitio. Como lo nuestro es lo atípico, no se nos ocurre otra cosa que entrar en El Capricho de mi mujer (Marqués de Casa Valdés, 14) (no seáis malpensados, que es un bar lituano… bueno, tampoco suena mucho mejor…). Tomamos Svyturys Ekstra de barril y la Svyturys Baltas en botella, para acompañar algo típico de ese país (salchichón ahumado, pepinillos enormes de no se qué, pan negro, etc.). Vamos, típicamente asturiano… (conste que nos lo habían comentado algunos de la CAAC así que no sería tan malo…).

Pero el tema se iba a complicar. A Rosana le empezó a subir la temperatura y se encontraba fatal… Vamos que o el lituano ese no entraba dentro de sus planes o el cuerpo se rebeló porque si! Así que el plan de Gijón se fue patas para arriba (quizás tanto kiko o tanto cacahuete le provocara un colapso…).

Aún así, paseando con tranquilidad, llegamos a Cimavilla para ver el Elogio del Horizonte de Chillida, la iglesia de San Pedro (a ver si del sobresalto por ver algún cristo se le quitaba algo de malestar…) y poco más. Cuando estuvimos a punto de volvernos al hotel (a pesar que habíamos quedado con juntarnos con unos cuantos de la CAAC), un ibuprofeno salvador hizo el milagro esperado. Al final parecía que las cervecerías no se iban a quedar en el tintero…

La primera parada fue el Sir. Robert's (Marqués de Casa Valdés, 37), un local repleto de carteles, espejos y demás breweriana. En cuanto a las cervezas, unas 50 en botella y 8 de barril (Kwak, Salvator, Affligem Blonde y Dubbel…), además de un tirador de Foster’s en cada mesa. Nos decidimos a probar la cerveza embotellada para el local ya que la etiqueta era sugerente. A que mala hora nos guiamos por la dichosa etiqueta…


Poco después nos fuimos al Lúpulo (C/ Premio Real, 12) (no tiene ninguna relación con Andrés ni con su Lúpulo Feroz de Oviedo). Local con una decoración algo más sobria, pero acogedor por tanta madera. 48 cervezas en botellín y varias de barril (La Trappe, Guiness, Grimbergen, Spaten, entre otras), una de las cuales estaba en un antiguo tirador del Águila Negra. Esta vez nos decidimos por la astur-belga Belenos Tostada (decente sin más).


Iba pasando el tiempo y Rosana mejoraba por momentos, por lo que decidimos quedarnos a la traca final con los de la CAAC. Para coger un poco de fuerzas paramos a comer algo rápido en un sitio escondido de una callejuela. No era plan de lanzarnos a la batalla de mucho beber y poco comer a la que tanto nos habían acostumbrado los “tragalitronas” asturianos.
Nos encontramos con Andrés (Lúpulo), Vanesa (Lúpula), Iván (Fivixx), Tania e Iván (Chimay) en el Valonia (C/La Playa, 26-28), junto con una plantita de lúpulo** “Fonciellaner” cortesía de Fivixx que se iba a marchar conmigo para Valencia. Un local inmenso, con una barra interminable cargada con 21 tiradores que nos dejó boquiabiertos: O’haras stout, Piraat, Chimay blanca, Kapitel Pater La Trappe Triple y Quadruple, Spaten Bock, Belenos Super, Konig Ludwig, Kwak, Bass (y un largo etcétera) a un precio de entre 3 y 5€ la pinta. Además tenían unas 18 botellas (Samuel Smith, Rochefort, Orval, etc.). Muy espacioso, con muchas mesas y un horno con el que hacían pizzas caseras. Una auténtica barbaridad, aunque para mi gusto demasiado grande todo (soy más de sitios de madera con ese ambiente que da una tenue luz).


Después de terminarnos la ronda nos fuimos al Köln (C/ Marqués Casa Valdés, 47), donde se incorporaría Diego (Cotoya). Se trataba de un local muy acogedor, con buen ambiente y en el que la cerveza Kölsch era la protagonista. De kölsch tomamos Gilden, Gaffel, Früh y Sünner Malz, en los dichosos vasos de tubo (que queréis que le haga… No me gustan nada…), además de un par de belgas.


La próxima parada iba a ser Vincer (C/ Marqués Casa Valdés, 70), un local también muy acogedor y con mucha decoración. Carteles y cuadros para parar un barco, muchos grifos decorando colgados por encima de la barra, botellas expuestas a cual más rara (la vena coleccionista por poco no me explota viendo la infinidad de material de Águila Negra y unas cervezas asturianas artesanales que por lo visto nadie conocía: Reconquista, Hispania, Pelayo, Taramundi, etc.). Tomamos Arend Triple (sorprendente) , Samuel Adams (espectacular, incluso tras el experimento que alguno hizo mezclándola con Arend…), varias Bourgogne des Flandres y creo que una Orval.


El tema etílico iba cogiendo fuerza pero aún así decidimos terminar la ruta cervecera en el Montana (C/ Premio Real, 15), un local con mucha madera y buena música, muy acogedor también. Varios tomamos una Snake Bite, una mezcla entre Spaten Bock y sidra de barril, servida de un tirador realmente llamativo de una serpiente, mientras otros tomaron Rochefort, Bitburger y Gordon Gold.

Más de uno salió del local bastante animadito y de vuelta para el coche un par de belgófilas se fueron quedando retrasadas con una buena cogorza. Algunos querían reengancharse de marcha por Oviedo, pero los valencianos no estábamos para tanto trote (mañana nos esperaban más de 800km. de carretera) así que tras la rápida despedida (son lo mejor, dado que nunca son cómodas) nos fuimos detrás de Diego para llevarnos unas Cotoya suyas (Lambic de nisos –especie de ciruelas-, Extra 1080 y Ultramar). Muchísimas gracias por las cervezas (y por la espera a la salida del parking, jejeje).

A la mañana siguiente aún nos dio tiempo de despedirnos de Chela (aún lo recuerdo llegando con una mochila enorme cargado con el pack turista asturiano: sidra, cervezas, licor e incluso un libro y una foto preciosa en blanco y negro de la fábrica del Águila Negra… Un auténtico lujo (¡demasiado bien te portaste!). Tras el pregón de despedida, un tanto cómico a la par que triste (odio las despedidas), nos fuimos hacia el Lúpulo Tapas para despedirnos de Andrés, ya que nos dijo que tenía una sorpresita en forma de etiquetas para nosotros (y menudo montón de sorpresitas… Nos tiramos un hora y media rebuscando entre las cajas…). Finalmente nos subimos al coche y tomamos carretera para Valencia. Así fue la despedida (pero sólo temporalmente) de esta tierra y de tanta buena gente.

Como dice la canción: “Si pruebas su manzana, te enganchara su veneno”… “Cuanto más lejos estoy, más asturiano me siento”.

Un placer conocer a todos y cada uno de los que habéis hecho de nuestro viaje un auténtico placer: Andrés, Vanesa, Iván (Fivixx), Tania, Chela, Bego, Iván (Chimay) y Diego (Cotoya). ¡¡Mil gracias a todos!!

** A día de hoy la planta de lúpulo está más bien chamuscada… El clima valenciano no es lo suyo…

P.D.1. Nos dejamos infinidad de cervecerías sin visitar por Gijón (Baviera, Abadía, Alt Strasse, etc.), cosa que dice mucho de esta ciudad, pero igual nos pasó con muchos otros sitios de Asturias (Avilés, Luanco, etc.). Gente, no sabéis la suerte que tenéis!

P.D.2. Queda pendiente para la próxima visita comer bien todos los días. Igual así a Rosana no le da otro achaque de esos…

23 ago 2010

Asturias (II). Calma que precede la tormenta.

Después de tantos días de ajetreo cervecero (ya llevábamos cinco días de parranda desde la llegada a Burgos) decidimos tomarnos un pequeño descanso. No era plan de llegar a Gijón el último día sin poderlo disfrutar, así que un par de días sin tanta cerveza iban a venirnos bien.

Como ya habíamos estado en Asturias otras veces, pero siempre por el interior, decidimos que esta era la ocasión perfecta para disfrutar de la costa, de los impresionantes acantilados y de sus playas. Por expresa recomendación de Andrés Lúpuloferoz (“organizador oficial” de casi todo lo que hicimos…) fuimos a Lastres, un precioso pueblo marinero levantado sobre una ladera pegada al mar.

Tras dar una vuelta, hacer las fotos correspondientes y disfrutar de las espectaculares vistas, nos fuimos de comida marinera a un tal Bar El Descanso. Paté de tiñosu (cabracho) delicioso, almejas a la marinera (nada que ver con las minucias que encontramos casi siempre por Valencia), mejillones y unos chipirones a la plancha, todo regado con varias botellas de sidra, evidentemente. ¡Que gozada...!

Tras un buen reposo, nos fuimos a la playa de La Griega a palpar las frías (pero de verdad…) aguas cantábricas. Más tarde fuimos al Faro de Luces (aunque algunos lo llaman Faro de Lastres) para disfrutar de una de las panorámicas más espectaculares que he conocido por toda la península. Ahí si que hubiera agradecido degustar un buen cervezón, admirando ese entorno incomparable...


Pero no nos detuvimos demasiado tiempo ya que habíamos quedado con Chela para ir a visitar Cudillero, otro pueblo marinero. Como si no lo cuento reviento, ahí va una anécdota, y es que estando parados en un semáforo de repente se baja él del otro coche, vociferando como un zumbado y se nos encara como si nos fuera a dar una paliza. Teníais que haber visto la cara de la gente mirándonos… (y la que pusimos nosotros…). Aún me río con la dichosa historieta.

Por si no teníamos ya bastante, saliendo de Avilés en dirección a Cudillero, a la altura de la Cruz de Illas, vemos que vuelve a parar Chela. Nos bajamos del coche y nos vamos corriendo casi 1 km. por una carretera estrecha (corriendo por los matorrales del arcén...) para hacerle una foto a un viejo cartel del Águila Negra colgado de un bar... Todo sea por preservar la "memoria histórica"...


Ya en Cudillero, nos encontramos con un pueblo realmente encantador. Imaginaros una ensenada natural con las casas forrando una ladera de elevada pendiente y el mar en la parte baja. Precioso.


Tras la consabida visita, y medio pixuetos, nos fuimos hacia la Ría de Pravia (parte final del río Nalón) para visitar San Esteban de Pravia, tomar unas cañas de Estrella Galicia 1906 de barril (realmente buenas) en El Viejo Molinillo y disfrutar de un estupendo picnic en un merendero con preciosas vistas de la ribera del río Nalón. Vamos, que ni en las películas… La cena a fue cargo del cocinillas de Chela y merece la pena destacar una deliciosa tortilla y un arroz con leche asturiano espectacular (para que Rosana se tomara ese postre ya podía estar bueno, ya que lo odia… así que cocinero: ¡no seamos tan exigente!). La cena estuvo regada con una joyita alemana de trigo presentada en una espectacular botella de cerámica de color negro. Se llamaba Dobbecke Spezial, de una pequeña cervecera de Hannover. Un plan perfecto para cerrar otro día memorable por Asturias.


¡Muchísimas gracias por todo, Bego y Chela! Gracias por esa estupenda cena, por vuestra agradable compañía y por hacernos olvidar los omnipresentes cacahuetes y panchitos de todas las cervecerías… (estaba empezando a asumir que eran platos más característicos de vuestra gastronomía que la propia fabada…).

El día siguiente nos lo tomamos a nuestro aire (era plan de dejar respirar a los pobres de la CAAC algún día…). Visitamos la zona minera del Entrego y su MUMI (2º museo asturiano en cuanto a número de visitas), pateamos varios municipios (Nava, Arriondas y Ribadesella), disfrutamos de las estupendas panorámicas (aunque un poco cubiertas por nubes…) del mirador del Fito y cerramos el día en el MUJA. Como este no fue un día específicamente cervecero (a excepción de la sorpresa de una botella de Águila Negra en un restaurante perdido entre montañas y la fugaz visita por los exteriores de la antigua fábrica en Colloto) mejor lo dejo estar aquí y en una próxima entrada terminaré el viaje con Gijón y su “cortísima” oferta cervecera.

A continuación tenéis unas pocas fotos de los restos de la fábrica de Águila Negra en Colloto.


18 ago 2010

Asturias (I). ¡Viva el orbayu!

Después de dejar León y su cercano (y lupulado) Carrizo de la Ribera nos fuimos hacia tierras astúres. Ivan (Fivixx) nos había dejado sobre aviso: “Cuando crucéis el Negrón os vais a sorprender… Niebla, lluvia y temperaturas más bajas”. Con el buen día soleado que había salido por León nada hacía presagiar que esto se cumpliría, pero como si de algún extraño conjuro asturiano-leonés se tratara, fue cruzar el dichoso túnel y PLAS! Lloviendo, niebla densa y espesa… ¡Manda narices!

Cruzando la cuenca minera central llegamos a Oviedo. Como no había un plan demasiado elaborado, dando una pequeña vuelta por el centro degustamos su archiconocida (y adictiva) Sidra asturiana, probamos un raro pero suculento embutido llamado chosco de Tineo (tela el nombrecito...), unas cuantas muestras de los deliciosos quesos asturianos (Casín, Gamoneu... ¡insuperables!) y cuando ya estábamos hartos (y empapados) por el ligero pero incesante orbayu, visitamos por fin la tan ansiada cervecería de El Lúpulo Feroz (C/ Ildefonso Sánchez del Río nº8).


Allí nos encontramos con tres neveras algo menos repletas lo normal, ya que Andrés, también conocido como Lúpulo, estaba preparando la Feria de Avilés y lo tenía un poco revuelto. A pesar de esto, la cervecería estaba muy bien engalanada con carteles, cuadros de chapas, botellas, etc. (el sueño de muchos coleccionistas) y tenía un ambiente ideal (destacar la buena música, rock, por supuesto). Allí nos reencontramos con Ivan y Tania (gracias por el mapa de Gijón, nos fue de mucha ayuda, chicos!) así como con el propio Andrés (este después del primer encuentro en Mediona) y nos tomamos unas cuantas cervezas. Que recuerde, además de unas belgas (Brunehaut, Braven Apostel, etc.), probamos la deseada botella (por su etiqueta) de Belenos Navidá de 75cl (que la verdad no estuvo nada mal) y reprobamos después de un tiempo (y tras la fuerte impresión) la Hercules Double IPA, y la verdad que me gustó bastante más que en la anterior ocasión.


Tras la primera noche en tierras asturianas, nos levantamos otra vez con el famoso orbayu surcando el aire y nos fuimos hacia el Lúpulo Tapas (C/ Ildefonso Sánchez del Río nº10), un local más específicamente dedicado al comer que su vecino y hermano Lúpulo Feroz, aunque también con una amplia carta de botellines.

Allí habíamos quedado con Andrés (Lúpulo) y después de tomarnos unas sorprendentemente suaves y apetecibles Voll-Damm de barril, nos fuimos a visitar el prerrománico situado en la periferia de la ciudad. Tras la estupenda comilona, vistas espectaculares de Oviedo y buena sobremesa incluidas, nos encaramamos arriba del monte Naranco, desde el cual se apreciaba una maravillosa panorámica de la ciudad así como de los concejos colindantes y del mismísimo Mar Cantábrico.

Ya de vuelta por Oviedo, y después de soltar al pobre Andrés (lo tuvimos retenido hasta las tantas…), nos fuimos para el centro, donde íbamos a encontrarnos por primera vez (y con bastante curiosidad, sea dicho también) con Chela. Tras el encuentro (no fue difícil reconocerlo por una inconfundible camiseta del Águila Negra) nos fuimos a dar una vuelta un tanto “peculiar” (aunque muy amena y divertida) por los sitios más característicos de Oviedo. Tras muchas "semeyes" (fotos), y con el cuerpo empezando a pedir algo de sustento (sobretodo líquido), hicimos una rápida parada en un bar por lo visto bastante típico, el Casa Montoto (C/ San Bernabé nº9), donde tomamos unos bollinos preñaos regados con unos manchaos (mezcla de vino blanco y vermú), para poco después irnos a otra de las cervecerías imprescindibles de la ciudad (además del Lúpulo Feroz): el Paco’s Beer (C/ Fray Ceferino nº13).

La cantidad de botellas en carta (mejor dicho, en la estantería) era inmensa, tal que había una pared entera repleta con lo que podías elegir (cuando llegué a 325 dejé de contar, no digo más…). Cosas apetecibles había unas cuantas pero nos decantamos por unas bretonas de Brasserie Lancelot, a saber: Duchesse Anne, Lancelot, Morgane, Blanche Hermine, Nedeleg Laouen. Todas muy curiosas e interesantes. Además de estas probamos la Celis White americana (que buena…) mientras Chela se tomaba unas sugerentes pintas de St. Peter's Bitter de barril (gracias por recordármelo Chela). Quien lo tuviera en su casa… al barril, digo, a Chela no… ;)

Tras este sinvivir de mucho hablar y beber pero poco de comer (llegué a la conclusión de que se trataba de algo así como una "tradición" asturiana, tras varios días en ese plan…) decidimos ir de nuevo al Lúpulo Feroz. Allí, tomamos algunas de las Flying Dog que Andrés iba a llevar a Avilés (la Old Scratch y la In-Heat Wheat), acompañadas por un buen número de pintas de Bass y Bishops Finger de tirador. ¡Como entraban las condenadas! Después de toparnos con una valenciano-madrileña afincada en Oviedo y añorar paellas, fideuás y demás, como estábamos llenos de etanol pero vacíos de un sustento que lo amortiguara, nos fuimos a un Kebab medio a punto de cerrar y cenamos a las tantas en el hotel para así cerrar un más que estupendo día. ¡Gracias a todos de verdad por tantos y tan buenos momentos!

P.D. Por favor, hosteleros asturianos, os pido encarecidamente que pongáis comida en las cervecerías. ¡Que un par de valencianos no estamos hechos a beber tantos litros y litros sin comer!

P.D.2. Conste en acta que quisiera haber publicado ciertas fotos bastante mejores que las que he colgado, sobretodo de los interiores de El Lúpulo Feroz, pero hay gente de por medio que no quieren salir. Así que si alguien tiene fotos mejores y quiere que las ponga será un placer. Dicho queda.