Cruzando la cuenca minera central llegamos a Oviedo. Como no había un plan demasiado elaborado, dando una pequeña vuelta por el centro degustamos su archiconocida (y adictiva) Sidra asturiana, probamos un raro pero suculento embutido llamado chosco de Tineo (tela el nombrecito...), unas cuantas muestras de los deliciosos quesos asturianos (Casín, Gamoneu... ¡insuperables!) y cuando ya estábamos hartos (y empapados) por el ligero pero incesante orbayu, visitamos por fin la tan ansiada cervecería de El Lúpulo Feroz (C/ Ildefonso Sánchez del Río nº8).
Allí nos encontramos con tres neveras algo menos repletas lo normal, ya que Andrés, también conocido como Lúpulo, estaba preparando la Feria de Avilés y lo tenía un poco revuelto. A pesar de esto, la cervecería estaba muy bien engalanada con carteles, cuadros de chapas, botellas, etc. (el sueño de muchos coleccionistas) y tenía un ambiente ideal (destacar la buena música, rock, por supuesto). Allí nos reencontramos con Ivan y Tania (gracias por el mapa de Gijón, nos fue de mucha ayuda, chicos!) así como con el propio Andrés (este después del primer encuentro en Mediona) y nos tomamos unas cuantas cervezas. Que recuerde, además de unas belgas (Brunehaut, Braven Apostel, etc.), probamos la deseada botella (por su etiqueta) de Belenos Navidá de 75cl (que la verdad no estuvo nada mal) y reprobamos después de un tiempo (y tras la fuerte impresión) la Hercules Double IPA, y la verdad que me gustó bastante más que en la anterior ocasión.
Tras la primera noche en tierras asturianas, nos levantamos otra vez con el famoso orbayu surcando el aire y nos fuimos hacia el Lúpulo Tapas (C/ Ildefonso Sánchez del Río nº10), un local más específicamente dedicado al comer que su vecino y hermano Lúpulo Feroz, aunque también con una amplia carta de botellines.
Allí habíamos quedado con Andrés (Lúpulo) y después de tomarnos unas sorprendentemente suaves y apetecibles Voll-Damm de barril, nos fuimos a visitar el prerrománico situado en la periferia de la ciudad. Tras la estupenda comilona, vistas espectaculares de Oviedo y buena sobremesa incluidas, nos encaramamos arriba del monte Naranco, desde el cual se apreciaba una maravillosa panorámica de la ciudad así como de los concejos colindantes y del mismísimo Mar Cantábrico.
Ya de vuelta por Oviedo, y después de soltar al pobre Andrés (lo tuvimos retenido hasta las tantas…), nos fuimos para el centro, donde íbamos a encontrarnos por primera vez (y con bastante curiosidad, sea dicho también) con Chela. Tras el encuentro (no fue difícil reconocerlo por una inconfundible camiseta del Águila Negra) nos fuimos a dar una vuelta un tanto “peculiar” (aunque muy amena y divertida) por los sitios más característicos de Oviedo. Tras muchas "semeyes" (fotos), y con el cuerpo empezando a pedir algo de sustento (sobretodo líquido), hicimos una rápida parada en un bar por lo visto bastante típico, el Casa Montoto (C/ San Bernabé nº9), donde tomamos unos bollinos preñaos regados con unos manchaos (mezcla de vino blanco y vermú), para poco después irnos a otra de las cervecerías imprescindibles de la ciudad (además del Lúpulo Feroz): el Paco’s Beer (C/ Fray Ceferino nº13).
La cantidad de botellas en carta (mejor dicho, en la estantería) era inmensa, tal que había una pared entera repleta con lo que podías elegir (cuando llegué a 325 dejé de contar, no digo más…). Cosas apetecibles había unas cuantas pero nos decantamos por unas bretonas de Brasserie Lancelot, a saber: Duchesse Anne, Lancelot, Morgane, Blanche Hermine, Nedeleg Laouen. Todas muy curiosas e interesantes. Además de estas probamos la Celis White americana (que buena…) mientras Chela se tomaba unas sugerentes pintas de St. Peter's Bitter de barril (gracias por recordármelo Chela). Quien lo tuviera en su casa… al barril, digo, a Chela no… ;)
Tras este sinvivir de mucho hablar y beber pero poco de comer (llegué a la conclusión de que se trataba de algo así como una "tradición" asturiana, tras varios días en ese plan…) decidimos ir de nuevo al Lúpulo Feroz. Allí, tomamos algunas de las Flying Dog que Andrés iba a llevar a Avilés (la Old Scratch y la In-Heat Wheat), acompañadas por un buen número de pintas de Bass y Bishops Finger de tirador. ¡Como entraban las condenadas! Después de toparnos con una valenciano-madrileña afincada en Oviedo y añorar paellas, fideuás y demás, como estábamos llenos de etanol pero vacíos de un sustento que lo amortiguara, nos fuimos a un Kebab medio a punto de cerrar y cenamos a las tantas en el hotel para así cerrar un más que estupendo día. ¡Gracias a todos de verdad por tantos y tan buenos momentos!
P.D. Por favor, hosteleros asturianos, os pido encarecidamente que pongáis comida en las cervecerías. ¡Que un par de valencianos no estamos hechos a beber tantos litros y litros sin comer!
P.D.2. Conste en acta que quisiera haber publicado ciertas fotos bastante mejores que las que he colgado, sobretodo de los interiores de El Lúpulo Feroz, pero hay gente de por medio que no quieren salir. Así que si alguien tiene fotos mejores y quiere que las ponga será un placer. Dicho queda.