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28 feb 2013

Mejores cervezas del mes: Febrero’13.



Hoy damos por cerrado un febrero en el que a nivel personal hemos rebasado, por cantidad y por calidad, con mucho lo que esperaba de un mes habitualmente tranquilito. Por un lado la escapada por Madrid, y por otro dos quedadas, una express con el amigo Txema y otra más dilatada con los amigos de Biirkonnen así como con el ultramaratoniano (también en lo cervecero) Jose María, nos han obligado a hacer grandes esfuerzos para meter tantas cervezas en una sección que suele ostentar cuatro o cinco referencias como mucho. Pero sin duda alguna todas y cada una de las que salen merecen sobradamente un aplauso por la maestría de quienes están detrás.


Dos de las más gratas sorpresas de este febrero sin duda alguna son las últimas creaciones de la navarra Naparbier: SAI y Pumpkin Tzar. La primera, cuyo nombre significa buitre en euskera, es una saison hecha con cáscara de naranja, limón y lima, rematado con un Dry-Hopping de lúpulo Citra. Algo que sobre el papel podría llegar a ser un batiburrillo un tanto atrevido pero que la levadura francesa que han utilizado redondea maravillosamente aportando ese toque terroso y tan característico de las saison a un conjunto en el que lógicamente destacan las notas cítricas a limón, pomelo, naranja, además de pan y una deliciosa textura sedosa. Una cerveza maravillosamente refrescante y bien ejecutada sin un solo pero… bueno, que se acabe ;).



Si la SAI es un maravilloso ejercicio de equilibrio la Pumpkin Tzar lo es aún más, por difícil que parezca. Saber de antemano que estamos ante una imperial stout elaborada con calabaza asada, chiles habaneros y un paso por barrica puede asustar a más de uno. Pero sabiendo que es un homenaje a tres grandes tipos como Manolo (Freiburg), Sven (Drunk Monk) y Robert Merryman (Shelton Bros.) da para pensar que no puede salir cualquier cosa de ahí dentro. De hecho, y cómo decía, lo mejor de esta cerveza es que ni la calabaza empalaga ni cansa como sería de suponer, la madera redondea a todo un conjunto en el que destacan las notas torrefactas, el chocolate y notas ligeramente ahumadas, y el chile da el punto de gracia final sin molestar pero sin el cual no se entendería todo lo demás. En mi opinión se trata de una de esas cervezas que marcan un antes y un después ya no solo en esta cervecería, sino a nivel de todo el panorama microcervecero local. Enhorabuena Napar, os habéis salido.



Tras estas dos joyas la verdad es que es complicado comentar una cerveza que no salga excesivamente maltrecha por las comparaciones. Pero si hay un seguro de vida ese es Bélgica y concretamente ésta elaboración, un detalle de Jota y Aine de Biirkonnen traído directamente desde Amberes y que nos enamoró a todos perdidamente. Hablo de la Duvel Tripel Hop 2012, una cerveza que se elabora siempre con la misma base de lúpulos Saaz, Styrian Golding y Amarillo, y a ésta base se le añade un lúpulo distinto cada año, siendo esta vez Citra. Cómo si a ese auténtico referente dorado que es la Duvel, le añadiésemos un sinfín de notas de lúpulo verdaderamente fresco, herbal y cítrico, y algo resinoso también. De esas copas que te puedes tirar 2 horas oliéndola antes de dar el primer trago. Un 10. Por cierto, absolutamente nada que ver con su hermana pequeña de 33cl.



En la misma velada que la anterior pero tras disfrutar de una carbonade flamenca, detalle también de los cocinillas Biirkonnen, probamos varias candidatas al podio, pero si hay alguna que por curiosa al tiempo que por maestría lo merece, esa es la Toccalmatto Gran Cru. Su etiqueta da bastantes pistas de lo que puede llegar a dar de sí, pero unos servidores la tomaron sin prestarle demasiada atención. Cual fue la sorpresa de toda la mesa cuando tras un primer golpe en el que destacaban las notas provenientes de la levadura (ésteres afrutados, pan, bollería…) nos llegó un toque a fresa, y más concretamente a yogur de fresa, que ya no abandonaría el paladar hasta terminar con la botella… Si la etiqueta no nos engaña, conseguir que una cerveza sin nada de fruta añadida y ningún fermento láctico lo muestre tan claramente, sin duda se merece toda mi admiración.



Además de las cuatro anteriores, cómo ya os contamos, Madrid dio mucho de sí, y allí pudimos probar algunas cervezas que aunque ya las citamos merecen su butaca de honor aunque sea de una forma más concisa por tratarse de auténticos cervezones.

- La Pirata Black Block - Un petróleo de los buenos, rebosante de chocolate amargo y textura sedosa. De esas cervezas que apetece tomar pausadamente para disfrutar de todos sus matices, razón por la cual no dudé (al igual que la siguiente) en comprar otra botella para tomar en casa. Otro ejemplo, junto con Napar, Dougall’s y algunas más, de que estamos empezando a hacer muy buenas cervezas en el panorama local.


- Dougall’s Haití - Una rica stout, cremosa, torrefacta y un punto dulce, pero equilibrada como todas sus demás elaboraciones.

- LoverBeer Madamin (barril) y Alvinne Undressed Monbazillac. Se trata de dos maravillosas revelaciones ácidas de menos de 6 y 7 grados de alcohol respectivamente. Si no te gustan las sour ales, oud bruins, espontáneas o cómo quieras llamarlas (de todo menos “vinagres”, por favor…), más vale que te vayas haciendo a ellas porqué no sabes todas las joyas que te estás perdiendo.

- The Bruery White Oak – Una barleywine resultado de un blend 50:50 entre cerveza con y sin añejar en barrica de bourbon. Carácter muy marcado por el paso por madera, textura sedosa, calidez importante, acaramelada, confituras… Una de esas cervezas para tomar a sorbos minúsculos y paladearla infinitamente.


- Toccalmatto Italian Strong Ale - Otra barley wine envejecida, en este caso en barrica de roble que en su día contuvo Grappa (un aguardiente de uva). Mucha fruta madura, confituras, pasas, caramelo, calidez… lo esperable en una cerveza del estilo pero redondeado magistralmente.

- Gouden Arend 125 Anniversary – Esta deliciosa triple gana muchos enteros para convertirse en una de mis cervezas belgas del año. Fue la penúltima de una tarde-noche-madrugada intensísima y aún así pudo hacer frente a todo lo anterior llevándonos a extremos de placer casi infinitos.

- Beer Here Kremlin Crude – Ya he mencionado un par de “petróleos” más arriba, pero esta barbaridad torrefacta incorpora magistralmente el ahumado entre sus elementos, consiguiendo un trago casi místico. Lo peor, que no me llevé una botella a casa.


Y esto es todo, que no es poco: 12 cervezas, entre las cuales cuatro artesanas locales (esto es noticia), tres italianas, tres belgas, una estadounidense y una danesa. A falta de algunos países más clásicos, hemos dado un buen repaso a la geografía cervecera. Veremos qué nos depara el marzo, pero seguro que el BBF tendrá mucho que decir.

29 abr 2012

Mejores cervezas del mes: Abril'12


Después de un parón bloguero de una semana, cuyas razones son principalmente la falta de tiempo y cierta apatía por escribir, aquí estamos de nuevo con la entrada de las mejores cervezas del mes.

A primeros de abril nos juntamos Txema y la pareja Lúpuloadicta para una de esas quedadas "cervezo-breweriano-alcahuetísticas", o lo que es lo mismo, sentarnos a charlar de lo humano y lo divino mientras cambiamos “cachivaches” de breweriana diversa y tomamos unas buenas birras. En este sentido cayeron sobretodo dos de las que no me puedo olvidar.

La primera es la Anchorage Bitter Monk, una Belgian Imperial IPA yanquie con nada más y nada menos que 100 IBUs, envejecida en barrica de roble que en su día contuvo Chardonnay y el amigo Brett haciendo de las suyas. Lo mejor de todo es que detrás de tanta parafernalia nos encontramos con una cerveza tremendamente equilibrada, con un lúpulo verdaderamente sugerente (cítrico, floral y levemente resinoso) y para nada molesto, es más, se encuentra integrado maravillosamente en un todo en el que además de encontrarnos con el lógico punto ácido y astringente, tenemos mucha fruta y un toque a levadura. En cuanto a sus 9% de alcohol, aún los estoy buscando por lo bien escondidos que estaban. En conclusión, una cerveza curiosa pero muy, muy tomable** a pesar de su aspecto aterrador.


La segunda y última que voy a comentar del piscolabis cervecil (los más avispados quizás descubráis algunas botellas desenfocadas en las fotos) es una de esas cervezas que tenía guardada para momentos especiales y que se convirtió en una de las mejores cervezas en barrica que he podido tomar hasta la fecha (y mira que me cuesta dejar aseveraciones con tal rotundidad): la Lost Abbey Angel’s Share en barrica de bourbon. Aún me entran escalofríos al pensar en ella… Servida pone a temblar al más pintado, con un color marrón oscuro y sin a penas espuma. Tras ello empezó el goce, primero en nariz y luego en boca. Complejísima y tremendamente seductora a cada sorbo, con vainilla, pasas, chocolate, caramelo, notas a vino porto, un lógico punto alcohólico pero nada cansino… En fin, un portento de copa para cerrar una estupenda velada en mejor compañía.


Tras el festín anterior con el que estrenábamos la semana santa, el mes continuó con una muy sorprendente De Molen Lentehop. He de reconocer que tenía mucha curiosidad por ésta cerveza, no tanto por ver qué tal funcionaba la combinación de lúpulos (Saaz, Premiant, Columbus y Cascade), ya que el gran Menno Olivier utiliza de tanto en tanto las dos variedades de raíz checa, sino por el hecho de que hubiera sido elaborada con levadura de baja fermentación. El resultado es una perfecta cerveza de sesión, muy sugerente pero cuya maestría va más allá del bombo y platillo que las florecillas verdes puedan aportar. Sugerente pomelo, melocotón y naranja, punto ligero especiado, terroso y cítrico, sobre una base malteada sabrosa y con un contrapunto amargo. Desconozco si se trata de un híbrido o verdaderamente de una lager, pero en cualquier caso se trata de una cerveza refrescante, ligera al tiempo que sabrosa, dejando en muy buen lugar a esas denostadas levaduras.


La penúltima del post es la De Dolle Boskeun, una cerveza que me dejó satisfecho hará más o menos un año pero que en esta segunda tentativa sobrepasó mis mejores recuerdos. En cuanto al aspecto, se nos muestra con un precioso color marrón anaranjado, abundante espuma blanca abierta y de buena retención, carbonatación copiosa de burbuja pequeña y turbidez media. En nariz ofrece mucha fruta, melocotón, mango, ciruela amarilla, algo de limón y toques cítricos, un curioso recuerdo a coco y un sugerente fondo especiado. En boca entra sedosa, con carbonatación media pero bien integrada, con las notas cítricas, afrutadas así como algo dulzonas y de bizcocho, y va haciéndose más amarga a medida que avanza el trago, dejando un final herbal, especiado y ligeramente seco. Cerveza sabrosa, que no esconde sus raíces belgas pero para nada es cansina ni empalagosa como otras de sus paisanas. Muy bien ejecutada.


Y para terminar este festín mensual vamos con una artesana que me dejó boquiabierto, la Dougall’s 942. Estamos ante otra cerveza que podríamos catalogar como de sesión, ligera y que no pararías de tomar una tras otra. Con un claro predominio del lúpulo yanquie (sin estridencias, eso sí), tanto en nariz como en boca, aportando una combinación de notas que recuerdan a fruta tropical y especiadas (mango, fruta de la pasión, lichi…) así como algo resinosas, con una base malteada sutil pero necesaria. Una cerveza redonda, sugerente y muy pero que muy bien hecha, con unos 4,2% de alcohol que permiten tomarse alguna licencia de más… Sin duda una de las mejores cervezas de la península que he probado.


Y así, entre lúpulos muy bien ensamblados por un inglés afincado en Cantabria, damos por concluido el mes. A ver que nos depara el próximo mayo...


** ¿Para cuando un vocablo sinónimo de drinkability que suene así de bien en la lengua de Cervantes?