Mostrando entradas con la etiqueta Brasserie 4:20. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Brasserie 4:20. Mostrar todas las entradas

7 jul 2014

Un fin de semana por Roma (IV): Brasserie 4:20 y Smoke Ring.


Unos cuantos meses después por fin doy por cerrado el bloque de entradas sobre el viaje que hicimos a Roma en febrero con una reseña a la Brasserie 4:20, sin duda uno de los mejores locales de la ciudad junto con el Ma Che Siete y el Open Baladin.

Pero antes quería hablaros del Smoke Ring, situado justo al lado de Brasserie 4:20 y que descubrimos por auténtica casualidad al tener que esperar a que abriera éste otro.

El local parecía uno de esos sitios americanos de comida barbacoa, con mucha madera y ladrillo en las paredes y la bóveda del techo, con una pequeñísima barra al fondo y unas cuantas mesas grandes tipo picnic para sentarse. En cuanto a la cerveza disponían de seis grifos, uno con la esquiva Schlenkerla Urbock y los cinco restantes todos ellos de la micro italiana Revelation Cat, lo cual nos hizo sospechar (y posteriormente lo confirmamos) que este local era propiedad de Alex Liberati, cervecero de la citada microcervecera y también de la Brasserie 4:20.



Nos pedimos una Revelation Cat 100 Days on the hops, una “czech IPA” (eso decía) con 5,8% de alcohol, cítrica, afrutada y leñosa pero sin ese carácter esperado del Saaz, que cumplió justita; y por otro lado la R.C. Hopaddendum, otra IPA pero en este caso con muchos recuerdos a fruta tropical y también cítricos, con un amargor marcado y aparentemente más ligera pese a tener 6% y que nos gustó más. Para cerrar la visita elegimos una double IPA (4 de los 6 grifos eran IPA o double IPA) en este caso llamada Mauricius Maleficium bastante contundente, maltosa y corpulenta que aunque gustó nos terminó cansando un poco.


Además de los seis grifos de cerveza, como podéis ver en la foto de la derecha, tenían otros tantos con ron, ginebra, vodka… con los que preparaban cócteles tentadores como el elaborado con un tal Hoppy Bourbon que tenían en barrica, pero los tuvimos que obviar dada la jornada intensa que nos esperaba posteriormente. También tenían una oferta amplia de comida tipo barbacoa como costillas y hamburguesas de ternera.

El único punto que no nos gustó del local a parte del precio excesivo (5 a 6 euros por 40 cl - o menos - de cerveza de barril elaborada por ellos mismos…) fueron los vasos horribles (en la foto anterior se pueden ver), literalmente unos botes de conservas de vidrio con los bordes para las tapaderas y todo. Curiosos, quizás, e incluso algo graciosos, pero también bastante incómodos por no llamarlos horteras, para qué engañarnos…

Tras salir del Smoke Ring entramos en su vecino Brasserie 4:20, el auténtico protagonista de la jornada.


Lo cierto es que sus mayores atractivos no son ni el horario de apertura (19.00h) ni mucho menos su situación, en el flanco oeste del río Tíber y al sur del bohemio Trastevere pero con unos alrededores de barrio periférico bastante tétricos e inseguros a cierta hora de la noche. Pero sin duda una visita cervecera a Roma debe incluir este local, y a continuación entenderéis el porqué.

El bar tenía una estética moderna, con muchas tuberías descubiertas y colores fríos en algunas paredes y las luces, todo ello contrarrestado por la calidez del ladrillo de la bóveda, el lúpulo seco que colgaba del techo y las innumerables pizarras coloridas.

No conseguí hacer una sola foto decente de la barra
así que os dejo esta de 
su propio perfil de Google+.

Zona de mesas justo enfrente de la barra.

Como tantas otras veces, preferimos sentarnos en la larga barra, suficientemente ancha y con cómodos taburetes para cenar cómodamente y también poder charlar con el barman, quien siempre tiene algo que ofrecer.

Pizarra con los barriles.

Neveritas repletas de joyas.

Tras analizar detenidamente la pizarra con los 20 barriles (la mitad de ellos, como era de esperar, de Revelation Cat, pero también Schlenkerla, Boon, Mikkeller… e incluso una Gose auténtica de Leipzig) nos decantamos por seguir explorando lo que ofrecía Revelation Cat, esta vez con su Bombay Cat, una black IPA con una combinación bastante conseguida de notas torrefactas, cacao y lúpulos con recuerdos a fruta tropical y cítricos. Por otro lado, y como no podía ser de otro modo, pedimos la Gose de Bayerischer Bahnhof, menos ácida de lo esperado, cítrica y con bastante presencia del cereal, así como un punto salado y a manzana verde. Cómo me gustan estos estilos clásicos y/o sus revisiones actuales…

Bombay Cat y Gose (ésta última con
el mismo vaso horrible tipo bote de conserva).

Sonando de fondo Sultans of Swing de Dire Straits (muy buena selección musical en todo momento, por cierto) nos animamos con la BlaBla Blend también de R. Cat, una lámbica con mucha presencia de notas a limón, ligeramente astringente y con recuerdos a madera no muy estridentes que nos pareció simplemente correcta. Para seguir con el lado ácido de la vida nos pedimos R. Cat Unicron (en la pizarra aparecía mal escrito), una sour ale por lo visto muy limitada hecha con la mezcla de una Russian Imperial stout con una Belgian Sour Stout y envejeciendo el conjunto 18 meses en barrica de Jerez, con 10% de alcohol. Sencillamente brutal, con la madera y las notas torrefactas como claras protagonistas, aunque dando la sensación de tratarse más de un Bourbon por los recuerdos a turba, caramelo y cacao y algo de vainilla. De verdad, una cerveza realmente peculiar, con un conjunto de matices muy rico y muy bien ensamblados. Sensacional.

BlaBla Blend y Unicron.

A estas alturas las entrañas empezaban a pedir algo de sustento para amortiguar todo lo bebido así que pedimos, dejándonos recomendar, una Hopburger de ternera Chianina con lúpulo en flor entre sus ingredientes (realmente muy buena, jugosa y sabrosa) y un sándwich de pollo y verduras, además de unas patatas fritas con varias salsas.

Si las fotos permitieran oler y saborear...

Inspirados entonces con I’ve just seen a face del cuarteto de Liverpool nos pedimos la Revelation Cat Death Star en botella, una I.stout curiosa, algo más dulzona y cremosa de lo habitual para el estilo, y con muchos recuerdos a cacao y vainilla. Muy rica.

Etiquetaza para una buena cerveza.

La noche avanzaba, cada vez a un ritmo más lento y con las caras también más sonrojadas. Desfilaban por los altavoces Scorpions, más Beatles, Queen… hasta que de repente llegó Stairway to heaven de Led Zeppelin y un arrebato de energía me llevó a pedir la última cerveza de la noche, cuyo nombre tan inspirador, R. Cat Nemesi, sabía que no me iba a decepcionar. Se trataba de una sour ale con 12% de alcohol con marcado protagonismo de frutos rojos tipo grosellas y arándanos, astringente, ligeramente dulce y también un punto ácido pero bien equilibrado, vinosa, como si se tratara de una red flanders pero con bastante más cuerpo.

Copón sensacional para rematar la velada.

Y en auténtico éxtasis nos despedimos de este buen local del que destacaría sin duda el ambientazo que había por la noche, la música y la comida así como la amplia selección de cervezas en barril y también en botella, entre ellas algunas joyas vintage (bastante caras, eso sí). Respecto a lo más flojo, además de lo citado anteriormente del incómodo horario de apertura y su situación geográfica, tengo que mencionar sus precios algo caros y un personal algo distraído, poco rodado y sin saber muy bien lo que vendía (hasta que llegaron más tarde los “refuerzos”…). Sobre los precios, dejando a un lado la comida y las cervezas en botella (si quieres algo especial, algo tiene que costar…) especialmente destacable por lo negativo me pareció que las Revelation Cat, siendo cervezas elaboradas por los mismos propietarios, costaran los 35cl a 5,50€-6,30€. Pero aún con todo eso, y como decía, sin duda la Brasserie 4:20 debería ser un must en cualquier visita cervecera a Roma que se precie.

-----

Y con esta entrada doy por cerrado el bloque sobre el viaje a Roma de febrero. Muchas cosas se han quedado en el tintero pero creo que con todo lo que ha desfilado en estas cuatro partes os podréis hacer una idea bastante aproximada de la interesantísima y viva realidad cervecera que bulle a día de hoy en la città eterna. A quienes no conozcáis Roma desde luego os insto a que la visitéis lo antes que podáis porque seguro que querréis volver. A quienes ya lo hayáis hecho no creo que haga falta daros razones para ello. Sin duda en lo personal Roma me ha enamorado mucho más de lo que lo ha conseguido hasta el momento cualquier otra gran capital europea.


30 jun 2010

Resolviendo el enigma italo-danés…

Hace poco os comentaba que en Mediona estuvo la gente de Brasserie 4:20. En su paradita traían carteles de Revelation Cat y varias cervezas de barril (DeMolen, Mikkeller, etc). Tal era mi ignorancia hasta ese momento, que para mi eran empresas independientes, pero tras varias horas rebuscando por internet (la información al respecto es más bien escasa…), por fin creo que he entendido cual es su situación. Brasserie 4:20 es una cervecería de Roma (que, sea dicho de paso, algún día me gustaría visitar por las buenas referencias sobre su envidiable carta de cervezas de barril, vintages, etc.). Por lo visto, además, su dueño elabora cerveza, y aquí es donde aparece el nombre de Revelation Cat. Se trata de una micro italiana que ha hecho diferentes colaboraciones con cerveceros de prestigio, entre otras con los daneses de Mikkeller, los holandeses de DeMolen, etc. Y así queda resuelto este embrollo de cervezas y fabricantes.

En Mediona, los de Brasserie 4:20 trajeron cervezas realmente espectaculares y la única que no llegué a tomar (uno no da abasto para todo…) fue la Mikkeller Cream Ale. Pero por suerte, poco tiempo antes había conseguido una muestra, que es la que hoy os voy a comentar. La etiqueta es muy original. Si se presta un poco de atención (no se aprecia bien en la foto al ser la etiqueta tan larga), de un fusil sale una muestra de cereal mientras que del otro salen unos lúpulos, y además se encuentran los logos de cada fabricante en los extremos. En cuanto a la cerveza propiamente dicha, posee un color amarillo-anaranjado, mediana turbidez y una espuma blanca y esponjosa. En nariz se muestra muy sugerente, lupulada, con notas florales y cítricas, además de un leve recuerdo a hierba seca (heno?). Ya en boca, entra fluida y suavemente amarga, pero esta sensación rápidamente se intensifica… Más lupulada, picante y cítrica, con un final áspero (como de cáscara tipo pomelo). En conclusión, una cerveza de cuerpo suave (tan solo 5% ABV…) y muy refrescante. Realmente apetecible.

Hasta el momento, todas las Revelation Cat que he probado me han dejado un muy buen sabor de boca. Que pena que no sean más fáciles de encontrar por aquí…

17 jun 2010

Una noche de San Juan… (II).

Seguimos con la Feria de Mediona

Antes de comer, aprovechamos para hablar con la gente de Zulogaarden y de Bevirra. En el caso de Zulo, hablamos con Ángel (si no recuerdo mal), y nos explicó muy amablemente las diferentes variedades que elaboran así como su filosofía. Además, conseguimos un montón de sus etiquetas (diseño de Carol, de cuyo trabajo soy un auténtico fan ya que no deja nunca de sorprenderme con los nombres y los dibujos…). La imagen que nos llevamos de ellos fue más que positiva por su proximidad, humildad y naturalidad, muy alejados de lo que un producto con tanto éxito como Sang de Gossa podría haberles generado. Enhorabuena chicos! De la gente de Bevirra en realidad no conocía nada previamente, pero tanto el divertido diseño de sus etiquetas (obra de Dani, copiloto del proyecto junto con Raul Benages) como sus variedad de cervezas (entre otras, la bl’hack ginger, una cerveza de jengibre, me gustó muchísimo) nos deslumbraron.

Por si la mañana no había sido ya suficientemente movidita, aún nos faltaba por conocer la paradita de Brasserie 4:20, una cervecería de Roma (nada más ni nada menos) que se trajeron unos cervezones de barril muuuy difíciles de olvidar. Una lambic de locura que no duró ni media tarde (me disculpareis pero no apunté el nombre), la Mikeller Cream Ale, la Mikeller Nelson IPA (impresionante), la De Molen Amarillo y la Allora Laurel Ale (seca y amarga, muy marcada a laurel. Sorprendentemente buena…). Como para tener esta cervecería y sus cervezas cerca de casa…

Después nos fuimos a comer. Aún recuerdo los bocadillos de Montse: carne a la brasa, pinchos morunos, “butifarra catalana”… Más tarde, el plan previsto era descansar un poco de tanto ajetreo, pero al final fue todo lo contrario ya que sin tiempo de reposo (a pleno sol y con unas gotas de sudor espantosas…) aprovechamos para cargar las primeras cajas de cervezas en el coche. Como el pueblo era muy pequeño, tuvimos que aparcar a las afueras y el viajecito fue poco menos que insufrible. Casi sin saber ni como, volvimos a la feria y recuperamos fuerzas con unas cuantas cervezas más (maravillosa coincidencia que en ese momento los chicos de Cotoya estaban pinchando la segunda cerveza de barril).

Entonces la feria empezó a llenarse de gente. Lo que por la mañana parecía una carpa con suficientes sillas, se convirtió en un hormiguero hirviendo (por momentos parecía que aquello se iba a colapsar…). Empezaron a poner música en directo, de un grupo de rumba-flamenco llamado Berrea que no sonaba nada mal. Tras unas visita por CCM, Bleder, Maquis, Les Clandestines (y su novedad de espelta) y Holzbrau, así como 2 homebrewers (Edbeer y Ester&Marc) nos fuimos a por el segundo cargamento de la tarde, pero cual fue nuestra sorpresa cuando nos encontramos que había cervezas que habían “volado” (adiós a algunas Zulogaarden, Bevirra, la Maquis Imperial Stout, y algunas más…). Palabra de coleccionista cervecero que otro año cargo el coche a mediodía… (Suerte que en alguna paradita habíamos reservado algún ejemplar…).

Otra vez en faena, acudimos a Reptilian, en la que nos encontramos con Isaac, un tipo muy cercano (y manitas… ya que las palabras grabadas sobre madera del mostrador estaban curradas por él). Bastante tiempo estuvimos con él hasta que la luz del sol empezó a huir… Como el hambre volvía a apretar (tanto lúpulo generaba más y más hambre…), nos fuimos otra vez para la parada de la barbacoa, pero por ese entonces la cola era casi quilométrica. Después de esta espera, la cena merecía hacerle el honor con las cervezas del organizador: las Ales Agullons (¿que puedo decir sobre ellas que no se haya dicho ya, con la cantidad de reconocimientos que se han llevado?).

Ya cenados, tomamos unas cuantas cervezas más (por fin los de Cotoya pincharon su Porter, que algunos ya llevábamos rato esperándola) y cuando se empezó a vaciar todo aquello (no recuerdo bien si sobre la 1 o las 2 de la madrugada) nos despedimos de la gente con la que habíamos disfrutado esta velada tan espectacular.

Gracias a todos: elaboradores, organizadores, bloggers y demás gente, por esta feria y por aguantar hasta las tantas a pesar de llevar todo el día al pie del cañón. No podía olvidarme de los chicos de Cotoya y sus “culines” de sidra. Nos vemos el año que viene! Hasta entonces, mucha y buena cerveza para todos!
Aquí os dejo alguna foto más... (ni de Zulogaarden ni de Bevirra saqué unas buenas fotos...).

Las birras de Holzbräu...

Las Edbeer...

Y finalmente, y como no podía ser de otro modo, mis queridas y amadas florecitas...