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22 ene 2015

El chef Jose Andrés colabora con Deschutes.


Hoy queremos compartir con vosotros la noticia de la cerveza en colaboración entre el conocido chef asturiano José Andrés y la cervecera estadounidense Deschutes, afincada en una de las mecas cerveceras mundiales, el estado de Oregon.

Gary Fish (Deschutes) con José Andrés.
Foto tomada de aquí.

Para quienes no lo conozcáis, José Andrés es, como tantos otros, una de esas personalidades que ha triunfado en el extranjero sin ser excesivamente reconocido por estos lares. En los Estados Unidos es toda una estrella, no en vano en 2012 la revista Time lo incluyó en su lista Time 100 como una de las 100 personalidades más influyentes del mundo. Ahí es ná… Y tanto éste como muchos otros reconocimientos le vienen por la interminable lista de restaurantes exitosos que tiene a su cargo, en cuya carta evidentemente no falta la cocina española en general y las tapas en particular, pero también por llevar la cocina española como bandera allá por donde va.

Foto tomada de aquí.

Más allá de la restauración, Jose Andrés también es toda una celebridad por sus programas de televisión. Quizás recordéis los capítulos que hizo entre 2005 y 2007 para RTVE llamados “Vamos a cocinar con José Andrés” y en los cuales aparecían diferentes personajes famosos. También en la televisión pública española pudimos disfrutar de los capítulos doblados de “Made in Spain”, una serie de 2008 producida por la televisión publica estadounidense en la que este cocinero tan dicharachero y llano iba recorriendo la geografía peninsular de cabo a rabo.


Pero como os comentábamos al principio, hoy queríamos presentar Zarabanda, la colaboración gestada entre Deschutes y José Andrés. Se trata de una Saison con 6,1% de alcohol elaborada con 6 cereales entre los cuales encontramos espelta y copos de avena, el lúpulo noble Saaz, un punto especiado característico de una levadura saison francesa, además de pimienta rosa, hierba luisa, limones desecados y sumac, una especia utilizada en oriente medio. Tal mezcolanza viene porque José Andrés posee varios restaurantes en las que las especias tienen gran protagonismo como la cocina griega, libanesa, peruana o mexicana, entre otras.

Foto tomada de aquí.

Aunque es muy posible que como tantas otras veces esta cerveza no pise este lado del Atlántico, según parece no se trata de una edición limitada más y Deschutes la elabora durante todo el año, con lo cual aquellos que estén realmente interesados en probarla tienen un mínimo rayo de esperanza.

¡Salud… o mejor dicho, ¡buen provecho!


5 ene 2015

Mi particular #NavidadCervecera.

Después de las fiestas hoy retomamos la actividad en el blog con una genial iniciativa de colaboración entre blogs llamada #NavidadCervecera, esta vez de la mano de Iker, del blog Cervecerías de España.


La idea propuesta fue que cada cual compartiéramos nuestras experiencias cerveceras durante las pasadas fiestas, comentando maridajes, brindis cerveceros, los birrotes que bebimos, los experimentos con la familia… En definitiva, cualquier cosa que relacionara las fiestas navideñas con nuestra querida espumosa, y en mi caso he pensado compartir tres momentos que os dejo a continuación.

El momento beerevangelizador.

De entre todas las comidas que solemos hacer con familiares por estas fechas destacaría la del día 1 de enero, en la que ya es un clásico brindar con alguna botella de formato grande. Más concretamente los últimos años solíamos hacerlo con la Big Chouffe de 1,5 litros, pero el botellón de 2014 lo compartimos en otra ocasión así que hubo que improvisar una alternativa.


Como podéis ver en la foto se trata la Lupulus en formato magnum, otra cerveza belga producida en las Ardenas que al igual que la del enano recibió opiniones bastante favorables en la mesa (incluso mejores diría yo…) algo sobre el papel poco esperable ya que la mayoría de los que se juntan en esa mesa o no toman cerveza o si la toman prefieren cervezas muy suaves y sin alma, esas lager insípidas de las grandes corporaciones que todos conocemos. Además, en el apartado de la comida, esta strong ale con carácter, ligeramente dulzona pero al mismo tiempo fácil de beber gracias sobretodo al elegante toque lupulado, maridó a las mil maravillas con los entrantes y la deliciosa crema de marisco cuya receta la suegra guarda bajo llave.

El momento maridaje.

A diferencia de otros años, estas pasadas fiestas no tuve mucho tiempo para preparar alguna receta específica maridada con cerveza y con la que meterme en el bolsillo a los pobres cobayas familiares o la Reina Lúpula, pero con tantas comilonas entre pecho y espalda por supuesto también hubo mucha cerveza acompañando y algunas combinaciones que disfrutamos mucho y que comparto a continuación.

Buenísima esta Saison estadounidense que acompañó
estupendamente unas vieiras a la plancha con cítricos.

En navidad no suelen faltar las clásicas gambas a la plancha y en nuestro
caso las combinamos con una muy buena Straffe Hendrik Tripel con un
marcado toque de Brettanomyces.

Las navidades no serían lo mismo sin esta genialidad de De Dolle
acompañando a los clásicos turrones, polvorones y mazapanes.

¿Quién quiere una copa de algún licor o destilado teniendo esta delicia
envejecida en barrica de whisky para disfrutar de una agradable sobremesa?

En mi casa la navidad es sinónimo de dulces como los pastissets de moniato
(pasteles de boniato), cocotets (bolitas de coco) y mantecados... Y por supuesto
todo ello regado con buena cerveza como esta St. Bernardus Christmas.

El momento “birrote”.

Por último, como en fiestas todos solemos disfrutar de alguna cerveza que guardamos para ocasiones especiales o que compramos expresamente sin mirar tanto el precio, he querido cerrar este particular post con el “birrote excéntrico”.

El día 31 de diciembre hicimos una excursión a la sierra de Albarracín para cerrar el año en un paraje maravilloso que adoro incluso cuando está siendo asolado por una ola de frío como la de entonces. Y allí, en una plaza de un pueblo cualquiera, a media tarde y con un frío que pelaba, brindamos por el año nuevo con la colaboración entre Naparbier y Mikkeller, We Brew Gold, una cerveza que pese a no estar diseñada para guardar, la quisimos conservar hasta ese momento para hacer la clásica moñada de brindar con oro. Saber no sabía nada mal, aunque lo que es sacar matices, con el termómetro del coche luchando tembloroso entre los -4ºC y los -5ºC, sacamos más bien pocos…

¿Quién quiere frigorífico teniendo esta fuente?

Y hasta aquí los tres instantes que quería destacar de mi particular #NavidadCervecera. Muchas gracias a Iker por la iniciativa y ahora a esperar quien es el próximo que salta con otro sarao por el estilo.

Salut i bon any!
¡Salud y feliz año!

13 may 2013

Cata de quesos en Beers&Travels.



Una de las cosas más estimulantes que me ha aportado el hecho de escribir este blog, y reconozco que ni por asomo lo imaginaba cuando hace más de tres años me lancé a esta aventura bloguera, ha sido la posibilidad de encabezar unas cuantas sesiones de degustación, las llamadas popularmente catas. En ellas, con la excusa tomar unas cervezas, aprendemos unas cuantas cosas al tiempo que lo pasamos realmente bien.

En la última, que tuve el placer de comandar el pasado jueves en la tienda Beers & Travels, en pleno corazón del barrio del Carmen y pegada a las torres de Serranos de Valencia, tocamos uno de los temas que más disfruto: el maridaje, y concretamente el maridaje con quesos, un mundo realmente maravilloso y con bastantes más puntos afines con nuestra querida cerveza de lo que mucha gente cree.



Ya sabéis que en en este y otros temas las reglas no dejan de ser orientaciones fácilmente quebrantables porque cada cual tiene sus gustos así que simplemente hicimos cuatro propuestas de maridaje pensando en contrastes y armonías que, aunque suene mal que yo lo diga, terminaron gustando mucho.

 

 Arriba y abajo, dos matrimonios reveladores: el queso de leche cruda de cabra Los Corrales con la Galana Albaricoque; y el rico cheddar Isle of Mull, también de leche cruda y con sus ligeras vetas azules, con la lupuladita Stout de Sierra Nevada.



Tras la cata continuamos la velada en Birra&Blues hasta bien entrada la madrugada, pero esa ya es otra gran historia que quedará en el recuerdo de unos cuantos amigos. Solo me queda dar las gracias a todos los asistentes por hacer que un servidor se sintiera tan lleno a todos los niveles, y cómo no, también a los amigos de Beers&Travels por ofrecerme esta oportunidad, la segunda ya juntos, y por apostar de una forma tan decidida por la cerveza. Parafraseando al gran Bogart diría aquello de “compañeros, presiento que este es el comienzo de una gran amistad…”.


17 nov 2011

Maridando en la Marina.

A pesar de no ser oriundo de la Marina Alta ni de la Baixa, he de reconocer que mi pasión por esa región en cuanto a la gastronomía es totalmente desmedida por variedad y calidad de todos sus productos, sobretodo los venidos del mar.

Pero dejando esto de lado al menos de momento, el pasado sábado fuimos a comer a Teulada, más concretamente a un Gambrinus. Sí, se que cualquiera que haya pisado este templo de devoción a la Cruzcampo probablemente no se plantee como un sitio en el que muchas veces lo más importante es si sus cañas están más frescas o si se encuentran justo en los famosos -2ºC “glaciales”, pueda aparecer por aquí. Y la razón es muy sencilla y se percibe a los pocos segundos de pisar los interiores de este local.


En las fotos adyacentes, unas cervezas que tenían expuestas en la barra, algunas de ellas auténticas rarezas como unas curiosas artesanas francesas o el botellón de Regal Christmas.


Toni y Raúl, Raúl y Toni, montaron este negocio en Teulada hará unos 5 años. Contaron con la ayuda de la cervecera sevillana para la decoración, el sistema de barriles y el resto del “paquete completo”, pero con el paso del tiempo se fueron desvinculando de esta marca. De este modo, en la actualidad, lo que empezó como una franquicia (al menos sobre el papel) se ha convertido en un restaurante que opera bajo la filosofía de sus dueños y no bajo ningún camino dictado. De hecho por sobrados merecimientos aparece en dos de las guías gastronómicas más prestigiosas que existen por estas tierras.


En la foto de arriba, unos detalles de la barra, con unos apetecibles caracoles de mar, erizos de mar y algunas exquisiteces más.

Pero dejando los premios y las medallitas a un lado, ya que cuando voy a un restaurante no es para comerme sus galardones, si hoy quiero hablar de este local es precisamente porqué es mi primera vez que estando en la península pude comer con y para la cerveza, y no lo uno o lo otro por separado. No se trataba de ningún evento aislado ni de alguna jornada especial como suele ocurrir tantas veces con esto de los maridajes con cerveza. Según el producto de temporada, Raúl, el cocinero, y el resto del equipo preparan menús de maridaje pensando en cervezas que según su opinión (ya sabéis que en esto de los maridajes cada maestrillo tiene su librillo) combinen, realcen o contrasten los platos, intentando ofrecer en conjunto un magnífico ágape.

Así que un poco curiosos (y algo temerosos también, tengo que reconocerlo) por esta primera vez, nos sentamos en la mesa a verlas venir.

Para empezar nos trajeron un salmorejo cordobés maridado con la cerveza Judas. He de deciros que hacía como mínimo 4 o 5 años que no reprobaba esta cerveza belga y quedé gratamente sorprendido con la combinación del plato y las notas especiadas y florales de la cerveza.


Seguidamente llegó uno de los platos más curiosos (al menos sobre el papel) y que difícilmente se me hubiera ocurrido maridar de ese modo. Se trataba de una base de pan de especias sobre la cual había una crema de café y encima de esto una anchoa (sí, ya se que parece una extravagancia pero para nada) maridado con una Petrus Oud Bruin. La verdad que este maridaje por contraste me dejó realmente boquiabierto. Puedo llegar a entender los quebraderos de cabeza que llevará tras de sí. ¡Chapeau!


A continuación entró en escena un plato a base de morcilla de cebolla (que los valencianos llamamos botifarra, aunque no se parece en nada a la butifarra catalana) envuelta con una hoja de col y por encima una salsa acaramelada. Para maridar optaron por una Cruzcampo Reserva que, al igual que con la Judas anterior, no recuerdo la última vez que la había probado pero de nuevo esta combinación me dejó más que gratamente satisfecho.


Después vino uno de los platos estrellas del restaurante, unos figatells de pulpo verdaderamente sublimes con salsa de soja. Los figatells originales son una especie de albóndigas aplastadas típicas de mi oriunda Safor, normalmente elaboradas con magro de cerdo e hígado y todo envuelto con tripas (se que leído a alguno le puede parecer una guarrada pero está riquísimo), pero estando en una zona donde el pulpo (más concretamente el pulpo seco) es la estrella, pues la idea es más que acertada. En cuanto al maridaje pensaron en la artesana Riu-Rau de Benissa, una Red Ale que Raúl (el cocinero) elabora en Tyris. He de reconocer que pese a gustarme y mucho cada cosa por separado, no llegué a disfrutar tanto del matrimonio de ambos como hubiera deseado, quizás por el punto marcado de lúpulo que posee esta cerveza.


Después de la maravillosa “picaeta” anterior pasamos al plato principal: un excepcional (con todas las letras) arròs a banda, otro plato típico de la zona, maridado con otra cerveza artesanal, Tyris, la weissbier elaborada en Valencia. En este caso el maridaje fue absolutamente excelente, con las notas cítricas de la cerveza acompasando cada bocado. Aquí tengo que confesar una cosa y es que en casa hemos utilizado esta cerveza en numerosas ocasiones para acompañar las paellas del domingo. Así que si dos personas coincidimos en el maridaje por algo será…


Volviendo con el ágape, con la curva de la felicidad más pronunciada de lo normal y sin saber como iba a cabernos nada más, llegaron los postres.

Primero, un helado de vainilla con vinagre de mango que optaron por maridar con Floris Mango, una combinación evidente pero realmente bien compensada, ya que el curioso vinagre funcionaba espectacularmente bien con las notas ácidas y afrutadas de la cerveza.


Y para finalizar nos sacaron una copa a base de café, chocolate y avellanas maridada con otra cerveza artesana, la valenciana Mons Stout, una cerveza que en mi humilde opinión está realmente bien conseguida. En cuanto a la combinación, como en el anterior caso, no por evidente dejaba de estar muy proporcionada y lograda.


Y sin terminárnoslo nos pusimos a charlar con Raúl, un tipo que nos cayó muy bien por sus muchas ganas de trabajar, por querer ir un paso más allá y apostar decididamente por la cerveza en un restaurante de por aquí, y sobretodo porqué nos dejó muy sorprendidos que pese a todo lo anterior fuera un tipo realmente humilde, accesible y con los pies bien firmes en el suelo. Desde aquí sin duda queremos felicitarles tanto a él como a Toni por el estupendo trato. También desearles que les vaya como mínimo igual de bien que hasta ahora. Sin duda volveremos muy pronto.

 En la foto de arriba podéis ver la puerta del local con las luces encendidas y es que se nos pasó media tarde sin darnos cuenta (señal de que uno estuvo bien a gusto…).

Aquí abajo os dejo la dirección:

GAMBRINUS TEULADA.
Av. Mediterráneo, 80 (aquí el enlace a Google maps).
Teulada.
Tlf: 965 741 112.

1 nov 2011

Pumpkin ale: maridando la historia con buñuelos.

Aunque este otoño ha tardado en arrancar, uno de sus mejores productos, la calabaza, ya lleva en nuestros mercados desde principios de octubre. Y es que las calabazas de invierno se encuentran en plena temporada desde octubre hasta finales de noviembre. Así que aprovechando esta eventualidad he pensado en conjuntar de dos de mis pasiones, la cocina y la cerveza, en un mismo post.

En cuanto a cerveza, ésta también es la estación en que aparecen a patadas, al menos en USA, las Pumpkin Ale (pumpkin = calabaza).

 Foto sacada de aquí.

En la actualidad, éstas cervezas, tal y como las conocemos, parecen tener su origen allá por los años 80’, coincidiendo con la aparición y auge de las nuevas microcerveceras norteamericanas. Antes de esa “revolución” el uso de la calabaza en la cerveza respondía a una razón más bien simple. La calabaza es un producto oriundo de América (a Europa no llegó antes del s.XV-XVI) por lo que los nativos de allí solían disponer de ella sin problemas. Así que en un contexto en el que la malta de cereal era un bien escaso y caro, la calabaza, del mismo modo que la chirivía, la melaza, el maíz o un largo etcétera de productos, era usada como fuente de azúcar fermentable para las levaduras. Con el tiempo, y tan pronto como se empezó a disponer de malta de calidad en las colonias norteamericanas allá por el s. XIX, la calabaza y otros adjuntos rápidamente empezaron a caer en desuso.

Como decía, las nuevas pumpkin ale empezaron a retomar fuerza con la ola de micros y de hecho se puede ver una tendencia paralela entre el aumento y consumo de las pumpkin ale y el crecimiento en número de micros en territorio norteamericano. En la actualidad, cuando por esta época salen al mercado más de 300 pumpkin ales, es rara la microcervecera que no elabore su propia versión con la llegada del otoño.


Arriba, la Buffalo Bill Pumpkin Ale, una cerveza que según sus elaboradores se inspiró en una receta de George Washington, y según muchos es considerado uno de los mejores ejemplos del estilo.

Éste estilo de cervezas (si es que se puede categorizar como tal) es verdaderamente muy heterogéneo. Podemos encontrar ejemplares que van desde los 4% de alcohol hasta algunos que superan los 10% (Avery Rumpkin, concretamente, alcanza los 13,8%). Algunas se elaboran sin añadir calabaza, y únicamente poseen las especias típicas del pastel de calabaza, como son la nuez moscada, la canela, el clavo o incluso la pimienta. Pero otras cerveceras si añaden calabaza, como son por ejemplo Brooklyn o Dogfish Head. Tanto las unas como las otras comparten el sabor tan característico y especiado, unas más ligeras y otras rebosantes de notas a calabaza asada, llegando en algunos casos a ser bastante empalagosas. Finalmente existen algunas más especiales a las que se les da un paso por barrica que en anterioridad contuvo algún destilado, como por ejemplo ron.

Y para finalizar, como decía al principio, en este post también iba a tocar el tema de la comida y así de paso retomo la sección de El Lúpulo Cocinero que últimamente está algo descuidada. Habíamos pensado en una evidente aunque interesante opción de maridaje. Al menos por Valencia, cuando llega ésta época, un clásico son los buñuelos de calabaza, una receta clásica que por desgracia, y no me preguntéis el porqué, cada vez más está cayendo en desuso a favor de los insulsos buñuelos de viento. Así que desde aquí aprovecho para romper una lanza a favor de este delicioso postre. Abajo os dejo esta sencilla receta (made in la abuela de Rosana) y espero que alguien se anime a hacerla.

Ingredientes.
- 500 g. de harina.
- Media calabaza cocida o asada (en nuestro caso optamos por esta segunda opción por aquello del sabor más intenso).
- 50 g. de levadura de panadero (en nuestro caso, comprada directamente del horno).
- Agua tibia.
- 1,5 L o más de aceite (dependiendo de dónde vayamos a freír).

Elaboración.
- En primer lugar horneamos la calabaza (45’-1h). Después, y una vez fría, sacamos la pulpa y la trituramos haciendo una especie de pasta fina (retirando la parte filosa que encontremos). Dejamos a parte hasta dentro de un buen rato.
- Por otra parte, con las manos, deshacemos bien  la levadura junto con la harina. Lo mezclamos intentando que no se formen grumos.
- Añadimos un poco de agua tibia a la mezcla de harina y levadura. Vamos añadiendo más según nos pida la masa, hasta formar una pasta blanda, cremosa, consistente eso sí, pero no seca.
- Espolvoreamos con un poco de harina por encima (para que no se nos pegue más tarde a las manos) y cubrimos con un paño. Dejamos reposar durante una hora más o menos.
- Una vez la masa ya ha subido (más o menos al doble del tamaño) añadimos la calabaza y lo mezclamos muy bien hasta obtener una pasta homogénea.
- Dejamos reposar unos 10 minutos y mientras ponemos a calentar el aceite.
- Y ahora viene la parte más complicada, que es formar los buñuelos con el agujero en el medio. El truco consiste en tomar un puñado de masa con una mano y hacer salir (apretando el puño) una bolita de masa entre el dedo pulgar y el indice. Con la otra mano recogemos rápido la bolita y, haciendo un agujero, dejamos caer en el aceite caliente. Esto es cuestión de práctica ya que lo más fácil es que al principio os salgan más bien unas boñigas más que unos buñuelos propiamente dichos, pero con paciencia todo llega… Ah, y entre buñuelo y buñuelo conviene mojarse la mano con agua tibia porque sino la masa se pega a las manos y es más difícil formarlos.
- En la sartén, dejamos freír hasta que se doren (cuando tomen un color dorado-marrón), les damos la vuelta y los sacamos sobre un plato con papel absorbente.
- Finalmente espolvoreamos con azúcar y… ¡Bon profit!


En cuanto al maridaje, acompañamos los buñuelos con una Southern Tier Pumking que conseguimos hace ya unos meses. Pensábamos que la fritura podría estropear la cerveza o que el sabor de ésta sería demasiado fuerte, dulce o especiada para los buñuelos, pero he de reconocer que precisamente las notas especiadas y afrutadas de la cerveza combinaban espectacularmente bien con los buñuelos. La cerveza entraba muy fácil, el alcohol estaba perfectamente disimulado (pese a tener 9%), y al contrario de lo que imaginábamos, no era nada empalagosa.


Y esto es todo. Espero que alguien se anime con la receta y, en cuanto a las cervezas, a ver si para el año que viene podemos conseguir por nuestras tiendas una mayor variedad de éstas curiosas e interesantes pumpkin ale.